OPINIÓN

Ser más adaptativo sin dejar de ser tradicional

Diego López Abellán, managing director de Servicios Financieros de Accenture en España, Portugal e Israel

Este es un buen momento para ser usuario de servicios financieros. Las entidades financieras y grandes empresas tecnológicas se esfuerzan por ofrecer incentivos y nuevos servicios innovadores. Por ello los bancos tienen grandes retos en un escenario de nuevos participantes, viejos competidores revitalizados y reguladores muy activos. Las fortalezas y los años de experiencia de las entidades financieras, la estructura de sus balances, productos, redes de sucursales, gestores y talento, deben ser revisados en sus planes estratégicos.

Hay corrientes de opinión a favor de que los grandes bancos deberían sobreponerse a los obstáculos que para ellos supone la digitalización. Deben aceptar que el pastel de ingresos bancarios que provienen del negocio tradicional está cuestionado, y que para proteger o incrementar los rendimientos de los accionistas necesitan recorrer un largo camino hasta que consigan ser lo suficientemente flexibles como para impulsar el cambio y contemplar la posibilidad de asociarse con empresas y en general jugadores digitales que podrían ser sus competidores.

Transformarse implica un viaje desde el mundo de la banca tradicional hasta la tierra prometida de lo digital. Pero el concepto de adaptación a un nuevo entorno se basa en el objetivo de los bancos de comprender y reaccionar al entorno cambiante en el que operan. Ser adaptativo significa ser lo suficientemente flexible como para probar diferentes modelos de negocio- respaldados por un riguroso proceso de asignación de capital y gastos-, evaluar el potencial de valor a largo plazo y priorizar recursos.

Por ejemplo, un banco puede optar por asociarse con posibles competidores para ofrecer a sus clientes nuevos servicios, ya que es más prudente renunciar a la propiedad del producto para retener al cliente. También existe la posibilidad de crear sinergias con fintech o neobancos, ya que su cuota de mercado crecerá. Un tercer banco podría crear un nuevo producto, como una tarjeta de crédito, pero asociarse con una gran empresa tecnológica para acceder a los clientes de esa plataforma y generar el tipo de crecimiento de los ingresos que pocos bancos tradicionales han sido capaces de conseguir en la última década.

La realidad es que los ingresos de los bancos comerciales tradicionales no han crecido durante las últimas cinco décadas. Algunos equipos directivos aseguran que su mandato terminará mucho antes de que el modelo bancario tradicional alcance un punto de inflexión, pero aquellos con un enfoque a más largo plazo necesitan una mentalidad estratégica que les permita competir con nativos puros digitales. Estos nativos digitales, cuyo negocio en España ha crecido más de un 60% los dos últimos años y ya son un 29% del mercado de la banca digital, son realmente adaptativos porque están dispuestos a trabajar con un amplio abanico de socios para ampliar sus ofertas y entrar en nuevos mercados. En España, hasta ahora, el principal negocio era complementario al de la banca tradicional y se centraba en los medios de pago pero poco a poco han ido ampliando el abanico de sus productos y han comenzado a ofrecer cuentas nóminas, y en breve comenzarán a generalizar ofertas de crédito según sus planes estratégicos.

Las valoraciones que hacen los clientes a aquellos que emulan a los digitales ensombrecen las ventajas competitivas de los bancos tradicionales, pero están quedándose atrás con las valoraciones que ahora tienen los jugadores adaptativos, sobre todo entre los segmentos más jóvenes que ahora tienen un menor poder adquisitivo, pero son los futuros clientes de la banca tradicional. Nuestro estudio refleja que las fintechs adaptativas se valoran 19 veces por encima de sus ingresos, frente a las 13 veces de las fintechs con modelos de negocio tradicionales integrados verticalmente.

El modelo adaptativo permite a los bancos experimentar con sus activos en nuevos mercados sin perjudicar necesariamente a sus negocios principales, ya que no consiste en abandonar a sus clientes o productos principales, sino en tantear el terreno para ver cómo pueden participar en la digitalización de nuestras vidas financieras, que antes se basaban en servicios y ahora se centran en nuestras actividades cotidianas. Se trata de tener un sentido estratégico e identificar asociaciones potenciales, en las que la geografía y la posición en el mercado desempeñan un papel importante.

El banco tradicional debe seguir utilizando su experiencia y fortalezas para adaptarse y seguir siendo relevante en un futuro con competidores distintos y con más innovación en sus productos y servicios. Para ello, es clave seguir transformando una tecnología que les de flexibilidad como para colaborar con los nuevos jugadores del sector y otros socios que antes podrían haber ignorado.

 

Normas