Retina REBOOT

Es necesario reiniciar el mundo

La pandemia del coronavirus paralizó el mundo, pero, además, nos hizo más conscientes de nuestras vulnerabilidades y más temerosos del futuro. Ahora toca volverlo a poner en marcha, pero más que un remake, donde todo suceda más o menos igual, en el que regresemos a un pasado que no era satisfactorio, muchas voces coinciden en que necesitamos un reboot, un reinicio que aproveche la oportunidad histórica para enfrentar los grandes retos planetarios que se nos plantean como país y como especie. Este era el punto de partida de Retina Reboot,el espacio de debate de El País con Santander y Telefónica como impulsores y Accenture y ServiceNow como socios anuales

Son momentos de ponerse objetivos, de trazar rutas, de planificar, de mirar al futuro antes de que se nos eche encima. Ya antes de la aparición de la Covid-19 se habían definido caminos como los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas o el Pacto Verde de la Unión Europea. En España hemos visto otros como la Agenda 2030 aplicada al país o España Digital 2025. Muy recientemente el gobierno de Pedro Sánchez ha presentado el informe España 2050, una prospectiva que trata de ser omnicomprensiva y pensar el país que queremos ser dentro de 30 años. Son iniciativas prácticas para preparar un futuro mejor, mientras nos inquietan las distopías muy verosímiles (desigualdad, crisis migratoria y climática, tecnología fuera de control, totalitarismos) que nos presentan los productos audiovisuales.

Es evidente que en el ambiente flota la sensación de que estamos en tiempos de bisagra histórica, donde lo que se haga ahora tendrá fuertes implicaciones en los tiempos por venir. Los expertos en prospectiva y estrategia celebran que en un país como España, poco dado a este tipo de estudios, a la imaginación futurista, se empiecen a tener en cuenta estas formas de pensamiento a largo plazo. No es adivinación, ni ciencia ficción, es necesario: pensar antes de hacer. El cortoplacismo político, fomentado por los ciclos electorales, la creciente virulencia de las redes sociales o la polarización partidista, es una tragedia para la correcta evolución de las sociedades.

La tecnología tiene un papel central en la actual coyuntura. “La recuperación tiene que ser en clave digital”, dice Carme Artigas, secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, “tenemos la oportunidad de diseñar un nuevo modelo productivo más resiliente, sostenible, inclusivo, verde y digital”. Si la parte digital de la economía supone hoy en 19%, es preciso que llegue a un 40% en solo cinco años, según señala Artigas.

Son muchos los retos transversales que se plantean a nivel doméstico. Por ejemplo, combatir todo tipo de desigualdades que el sistema económico está produciendo, o la vertebración territorial. “No puede ser que hubiera jóvenes que no pudieran estudiar a distancia durante el confinamiento por no tener conexión a Internet”, dice la secretaria de Estado. La brecha digital puede redundar en las otras brechas socioeconómicas previamente existentes. Las oportunidades de la digitalización, de la transición ecológica, de la I+D, deben aprovecharse para terminar de una vez con la proverbial baja productividad española: España genera menos riqueza que los países de su entorno, tiene salarios más bajos y jornadas laborales más largas, empresas menos competitivas y, en última instancia, mayor desigualdad y pobreza.

“Estamos ante un escenario inédito”, dice María Jesús Almazor, CEO de la división de Cloud y Ciberseguridad de Telefónica Tech, “la pandemia plantea cambios de paradigma muy importantes para los que no estábamos preparados: ahora que volvemos a cierta normalidad hay que hacer cosas nuevas: rediseñar modelos de negocio, procesos, modelos de relaciones (nuestros clientes ya no son los mismos), y todo esto va a pasar en un breve periodo de tiempo”. Los fondos europeos para la recuperación asignados a España (140.000 millones de euros, 72.000 de ellos en inyección directa y el resto en préstamos) están condicionados por unos plazos rígidos para su ejecución, cuando la administración española se caracteriza por su lentitud para este tipo de gestiones. Es preciso agilizar las burocracias anquilosadas. Además, para todo ello es muy importante que las empresas (sobre todo las pymes, que conforman la mayor parte del tejido empresarial español) busquen asesoramiento y que se fomente la formación continua en las nuevas competencias digitales.

La sostenibilidad es otro pilar fundamental. Justo antes de la pandemia la sociedad parecía estar en un pico de preocupación por los problemas medioambientales. Fueron los meses en los que la joven activista Greta Thunberg y el movimiento juvenil que lideraba protestaban por la justicia climática y cobraron gran notoriedad planetaria. “Muchos temimos que aquellas preocupaciones de la sociedad pudieran caer en el olvido, pero no ha sido así, creo que, en este sentido, hemos salido reforzados”, explica Lara de Mesa, directora de Banca Responsable del Banco Santander.

Durante los confinamientos pandémicos, cuando el mundo estaba quieto, las emisiones de gases de efecto invernadero bajaron a nivel global un 8%, lo que sería necesario conseguir anualmente para llegar a los objetivos del Acuerdo de París, que buscan paliar el Cambio Climático. Una panacea: como el mundo no va a estar paralizado de la forma que hemos conocido, tenemos que buscar otras maneras de atacar el problema. “No se trata tanto de hacer pequeños cambios, sino de aprender a hacer las cosas de otra manera”, explica De Mesa. En el Santander tratan de incidir en estos aspectos en los criterios que se tienen en cuenta para dar los créditos, tratando de primar los proyectos sostenibles, por ejemplo, dentro de sectores como el renting de coches o las viviendas sostenibles. El banco, además, tiene el objetivo de llegar a las cero emisiones en 2050. El futuro de la banca (y de las empresas en general), muy presionada en estos tiempos por la opinión pública, pasa por introducir criterios socioambientales en todas las decisiones de negocio.

“No es un momento propicio para los consensos, se han dislocado los espacios de racionalidad política, la percepción de las desigualdades y las incertidumbres”, explica José María Lassalle, profesor de Icade y director del Foro de Humanismo Tecnológico en Esade, “los retos del Antropoceno tensionan las sociedades y la capacidad para racionalizar la emociones desciende”. Vivimos una política cada vez más vehiculada en torno a esas emociones y más propensa a la polarización. Pero el futuro que venga dependerá de los consensos, que son inevitables para manejar retos globales.

El plan España 2050 se ha criticado por haber sido elaborado unilateralmente por una nueva oficina de prospectiva y estrategia gubernamental (con la competencia de 100 expertos en diferentes áreas y toneladas de documentación), pero el propio informe se plantea como una base sobre la que trabajar con otros actores políticos, empresariales o sociales en los años venideros, todavía no se sabe bien de qué manera. “Estamos en un ciclo altamente polarizado en el que está más de moda la competición que la cooperación”, explica Eduardo Madina, ex diputado socialista además de socio y consultor estratégico de Harmon, “un país es todo lo que tiene dentro: sus partidos, sus sindicatos, sus empresas, su ciudadanía. Para avanzar debemos encontrar un mínimo común divisor, un proyecto de país”.

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