En nuestraRevista Retina

Búscala en el quiosco
Erik Häggblom
Erik Häggblom
Talento

Plantamos árboles a cambio de tus datos

Tribaldata genera perfiles publicitarios de los internautas que luego vende. Su gancho: dedica parte de los ingresos a la reforestación.

Erik Häggblom (Panamá, 1974) y Jon Adolfsson (Suecia, 1977) plantan árboles con datos que recogen de Internet. No es ninguna broma. Lo hacen a través de su aplicación: Tribaldata. Puesta en marcha en junio, la app pide el consentimiento del cliente para instalar una cookie en el navegador. Posteriormente, solicita sus datos personales, gustos e información relativa al dispositivo móvil. Con ello, se genera un carnet o perfil anónimo.

Tribaldata aglutina la información, crea pequeñas tribus (personas con los mismos intereses) y las ofrece a los anunciantes a través de sistemas de compras programáticas (una forma de adquirir espacio para la publicidad online de forma automatizada). El objetivo es que las empresas puedan enviarle al consumidor la publicidad más acorde a sus intereses. ¿Y los árboles? A través de la aplicación, mientras se mantenga el carnet vigente, se generan puntos que servirán para reforestar una aldea en Madagascar.

Todo empezó en 2018, cuando Häggblom era consejero delegado de Carat España (una de las principales agencias de medios). En ese momento vio una oportunidad de negocio entre los datos que dejamos en la web y la necesidad empresarial de perfiles cada vez más nítidos. Cuando alguien quiere acceder a cierto contenido da su consentimiento para el manejo de su información. Después, una compañía vende esos datos a otra que quiere anunciarse. “El usuario no forma parte de la cadena de valor y no es consciente de hasta dónde se ha estirado su consentimiento. ¿Pero qué pasaría si cambiamos la naturaleza de ese pacto y diéramos al consumidor algo a cambio?”, destaca Häggblom, ahora CEO de Tribaldata.

El negocio

Tribaldata tiene más de 4.200 usuarios registrados. Cerró a finales de 2019 su primera ronda de financiación, en la que recaudó 500.000 euros que llegaron de varios business angels. A dicha suma se une un préstamo participativo de Enisa por 125.000 euros.

La firma dedica el 40% de los ingresos obtenidos por la venta de los datos que recolecta a Eden Reforestation Projects, una ONG que trabaja en países en desarrollo para reconstruir paisajes naturales. “Nosotros nos quedamos solo con el 5% y lo demás se distribuye en la cadena de las ventas programáticas”, dice el CEO. “Desde el principio acordamos que el proyecto debería de tener un fin medioambiental”, afirma Adolfsson, cofundador de la compañía que pretende llegar a 150.000 usuarios a mediados del próximo año.

Los usuarios de Tribaldata han contribuido a plantar más de 7.000 árboles. “Nuestro objetivo es que en cinco años se hayan plantado 400 millones, el equivalente a la huella de carbono de 25 millones de personas en España”, resalta Häggblom. “Con Tribaldata queremos que el usuario sea consciente del valor que tienen sus datos y que estos pueden tener un impacto”, agrega Adolfsson. Con la pandemia  y un panorama económico que trastoca todos los sectores, incluido el del marketing y la publicidad, los creadores de la aplicación no se amilanan. “Hay compañías que están siendo muy afectadas por la crisis sanitaria, pero hay otras que empujan hacia adelante su canal de venta online”, indica Häggblom. En 2021 buscarán llevar la app más allá de las fronteras españolas. “Europa es nuestro mercado natural de expansión”, concluye Häggblom.

Retina

25/11/2020
02

Peugeot VLV: el abuelo de los coches eléctricos

El Peugeot VLV se lanzó en 1941 ante la escasez de combustible. Con 80 kilómetros de autonomía y recargable en cualquier enchufe, mostró hace 80 años el camino que sigue hoy la industria.

Peugeot VLV: el abuelo de los coches eléctricos
‘Digisexuales’, cuando tu pareja es un robot
09

‘Digisexuales’, cuando tu pareja es un robot

La vida erótica de la sociedad digital pasa por llevarse a la cama todo tipo de ‘gadgets’, desde las muñecas sexuales hiperrealistas a los ‘sextoys’ de última generación. Algunos van más allá y prescinden del encuentro con humanos confiando a un robot toda su vida íntima. Autónomos o no, la civilización post-Satisfyer no concibe el sexo sin máquinas.

Normas