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El ganador se lo lleva todo (más todavía)

El ganador se lo lleva todo (más todavía)

Los centros comerciales cierran para convertirse en almacenes de Amazon. La pandemia es devastadora para muchas industrias, pero afianza el oligopolio de los gigantes digitales. Su poder empieza a ser cuestionado

La lista de las empresas más gigantescas de la historia está ocupada, a menudo, por monopolios. Como el que controlaba el comercio con las colonias holandesas, la Dutch East India Company, que en 1637 llegó a valer lo que hoy serían casi ocho billones con b de dólares. A principios del siglo XX, la Standard Oil movía el 90% del petróleo de EE UU y valía un billón de dólares de hoy, hasta que fue despedazada para salvar la competencia. Ahora otra petrolera y monopolio estatal, Saudi Aramco, es la única empresa del mundo que puede competir en capitalización con las cinco triunfadoras del siglo XXI: Apple, Microsoft, Amazon, Google (Alphabet) y Facebook, las GAFAM. Un grupo que sigue su escalada con pandemia y todo: el valor en Bolsa de Apple acaba de superar la cifra estratosférica de los dos billones de dólares, tanto como todo el PIB de Italia.

¿Son las GAFAM monopolios como lo fueron la Dutch East India Company o la Standard Oil? Al menos un oligopolio: las cinco compiten entre sí en ciertos segmentos (servicios en la nube o sistemas operativos móviles), pero cada una de ellas tiene un dominio abrumador en alguna actividad: venta online, buscadores, móviles y todas sus apps, redes sociales...

Es el efecto que denominan, como la vieja canción de Abba, “el ganador se lo lleva todo”. Los datos que atesoran de los consumidores las vuelven imbatibles. Nadan en liquidez y pueden comprar cualquier startup que amague con hacerles sombra o directamente absorben a su competidor, como hizo Facebook con Instagram.

Multitud de sectores pueden ser devastados por la pandemia: la hostelería, las tiendas grandes y pequeñas, el ocio nocturno, el turismo, el cine y el teatro, los parques de atracciones... Pero ahí seguirán los colosos de Internet, tan panchos en la peor crisis en casi un siglo porque el coronavirus ha dado más valor a lo digital. Es representativo que algunos centros comerciales de EE UU estén cerrando... para convertirse en almacenes de Amazon.

Europa ya se había movido para limitar el poder de las GAFAM: multas, reglamento sobre privacidad, la tasa Google. Ahora el Congreso de EE UU examina a los jefes de las GAFA (sin la M de Microsoft) para analizar si abusan de su dominio. Ante los parlamentarios, a final de julio, Bezos, Cook, Pichai y Zuckerberg presentaron sus imperios como el cumplimiento del sueño americano, y jugaron la carta patriótica: si nos debilitan ganarán las empresas chinas. El veredicto vendrá en otoño; se abre paso la idea de poner coto a los que llaman “emperadores digitales”.

Según el documental The Men Who Built America, ante el Tribunal Supremo de EE UU que juzgaba la intervención de la Standard Oil en 1911, John D. Rockefeller se mostró desafiante: “Yo construí una industria. El petróleo es lo que mueve a este país. Usted lo llama monopolio; yo lo llamo empresa. Ahora dígame qué hago yo aquí”. Suena actual, ¿verdad?

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