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Búscala en el quiosco
La nueva plegable eléctrica de Peugeot es manejable y ligera. La batería es extraíble, pesa poco y se carga en dos horas y media. Foto de Jacobo Medrano. Vídeo: probando la bicicleta.
La prueba

A pedales y con chispa

Los motores eléctricos llegan a las bicicletas plegables, esa variante de velocípedo pensada específicamente para los entornos urbanos. Tiene ruedas pequeñas, pero la ayuda artificial lo compensa

Moverse por la calles y avenidas de nuestras urbes —habitualmente abarrotadas, aunque vacías estas semanas por la crisis del coronavirus— es uno de los grandes retos a los que se enfrentan las ciudades del siglo XXI. Si el siglo pasado el coche privado fue instaurado como icono absoluto de la movilidad y el progreso, ahora ha cedido el testigo a vehículos eléctricos como los de carsharing, los patinetes, las motos y, por supuesto, las bicicletas. Pero los velocípedos ya no son solo un par de ruedas, una cadena, un cuadro, unos cambios y unos frenos, sino que se han smartizado. Una variante de esa evolución incluye también motores eléctricos (cada vez más eficientes y ligeros); sistemas de luz inteligentes o depurados mandos. En el Peugeot Design Lab tomaron todos esos ele- mentos como base, le añadieron diseño y en 2016 crearon su primera bicicleta eléctrica plegable y minimalista. Un modelo que la marca acaba de actua- lizar con la Peugeot EF02 (que venden desde 1.499 euros).

La prueba se realizó antes de que la pandemia obligara a los ciudadanos a permanecer en sus casas. Durante una semana laboral —y en sustitución de un modelo clásico en todos los sentidos: cuadro antiguo, piñón fijo, luces de quita y pon—, la EF02 ha estado entre mis piernas para recorrer en torno a 22 kilómetros diarios; la ida y la vuelta del recorrido de casa al trabajo. De los 15,8 millones de viajes diarios que se hacían antes del confinamiento en días laborables en la Comunidad de Madrid, durante esa semana, al menos dos recorridos se hicieron en una pequeña bici eléctrica y plegable, con una autonomía de 60 kilómetros a pleno rendimiento y menos de 20 kilos de peso.

“Cuando se coge práctica, en menos de cinco segundos se ha plegado”, explican desde Peugeot.

Si al pedalear el aire en la cara impregna el trayecto de cierta euforia y sensación de libertad, esa misma experiencia se convierte, a los mandos de una eléctrica, en un viaje distinto. A máxima velocidad (casi unos 30 kilómetros por hora), la bici aguanta electrificada hasta 60 kilómetros. Ese motor que impulsa el pedaleo —pero que nunca lo sustituye, por lo que siempre hay que mover las piernas— se revela de gran ayuda en momentos como el arranque en los semáforos. También en las cuestas. Se trata de un chute de energía que queda reflejado en el ahorro de tiempo: en lugar de invertir unos 60 minutos en el trayecto, con la eléctrica se redujeron al entorno de los 40 (siem- pre ida y vuelta).

Como marcaban las especificaciones técnicas, la tercera jornada, y a medio camino de casa, la batería se acabó. De repente, y tras un par de avisos, el pedalear recuperó su ritmo pausado. Al perder esa chispa energética, asalta un ruego: “Que vuelva a encenderse... No quiero pedalear a pelo con ruedas pequeñas”. El apoyo en las pedaladas y la velocidad que genera enganchan. Aunque se puede circular sin asistencia, es algo que durante la prueba solo ocurrió cuando se acabó la batería, que es extraíble y que se recarga en unas 2,5 horas en un enchufe corriente.

Al encender el display de la maneta izquierda, que controla el sistema eléctrico, se conectan automáticamente las luces LED delanteras y traseras. En la pantalla se muestran a simple vista las velocidades (del 0 al 4) o el nivel de batería. En el lado derecho aparecen los cambios: ocho piñones que se adaptan bien al ritmo de la ciudad y que, junto con el refuerzo eléctrico, suplen el pequeño tamaño de las ruedas (es una plegable) que obliga a pedalear más.

Más práctica que bella

“Se trata de la segunda generación de un modelo icónico que evoluciona todas las características de su antecesora”, explican desde Peugeot. Es cierto que la EF02 no tiene ese acabado artie que tenía la anterior. Ha cedido en estética en favor de la practicidad: “Su aspecto exterior es más robusto, con un sillín más cómodo, y se puede plegar en cinco segundos”, matizan desde la firma. A pesar de esa apuesta por la comodidad, sigue emanando cierta sofisticación con su chasis de aluminio y unos acabados de fibra de carbono. Al recorrer la ciudad, lo evidenciaban las miradas de peatones, las preguntas de otros usuarios de bicicletas y la curiosidad de algún conductor. Hay ciclistas que a las eléctricas no quieren ni mirarlas. Tienen cierta razón en sus temores: una vez las pruebas, ya no quieres perder la chispa.

Cómo funciona

Plegamiento. Aunque sus ruedas son más grandes que las de su antecesora, no deja de ser una plegable: hay que pedalear más que en una de rueda grande. “Cuando se coge práctica, en menos de cinco segundos se ha plegado”, explican desde Peugeot. Yo no bajé de los 15 o 20 segundos. Pesa 20 kilos.

Mandos. El sistema tiene cuatro niveles de asistencia (el cero es para circular con luces, pero sin apoyo al pedaleo), que se gradúan en la maneta izquierda. En la otra parte del manillar, están el control de los piñones (Altus Revoshift de 8 velocidades de Shimano). Con la app MyPeugeot, se pueden consultar los kilómetros recorridos o el nivel de batería.

Batería. La batería es extraíble —está bloqueada con una llave— y asiste a un motor eléctrico, del modelo TranzX, que dosifica la energía en fun- ción de la demanda de asisten- cia para ser más eficiente. Se recarga en unas 2,5 horas y a máxima velocidad (casi 30 km/ hora) aguanta 60 kilómetros.

Conclusión. La Peugeot EF02 es una bici plegable, cómoda y sofisticada. Un reflejo del salto que ha dado la gama eléctrica, que ha conseguido aportar a sus modelos ligereza a la vez que potencia. Es muy eficiente por su peso y velocidad a pesar de sus pequeñas ruedas. Usada como vehículo cotidiano de movilidad, en dos años se amortiza la inversión.

Retina

25/10/2020
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El transporte que mola, en la Revista Retina

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