Itziar de Lecuona, doctora en derecho.
Itziar de Lecuona, doctora en derecho.
Observatorio Retina - La crisis del coronavirus

Itziar de Lecuona: “El factor humano es más importante que nunca”

Esta doctora en Derecho sostiene que "lo primero que deberían hacer los actores que forman parte del ecosistema digital es demostrar que merecen nuestros datos, principal materia prima para nutrir a los algoritmos que articulan la sociedad digital"

El Observatorio Retina de EL PAÍS es un foro que reúne a 50 grandes expertos en tecnología en España: directivos, emprendedores, académicos, responsables públicos e investigadores que nos ayudan a identificar las grandes tendencias y entender su impacto en nuestras vidas. Hemos preguntado a 18 de ellos qué puede aportar la innovación en la lucha contra el coronavirus. Estas son las respuestas de Itziar de Lecuona, subdirectora del Observatorio de Bioetica y Derecho- Catedra UNESCO de Bioetica de la Universidad de Barcelona.

¿Qué pueden hacer la tecnología y el ecosistema digital en este momento para combatir la crisis?

La tecnología es una herramienta valiosa para tomar decisiones en tiempos de pandemia. La aplicación de la inteligencia artificial, el big data, la biometría, entre otros ejemplos, deben ayudarnos a mejorar nuestras condiciones de vida y salud y el medio en el que vivimos. Pero como el desarrollo de una vacuna ante la aparición de un nuevo miembro de la familia del coronavirus, se necesita tiempo para generar conocimiento y aplicarlo para desarrollar tratamientos e intervenciones que puedan ser eficaces. La digitalización no acaba con el coronavirus, es el factor humano el que lo conseguirá con el apoyo de la tecnología y las herramientas digitales.

Lo primero que deberían hacer los actores que forman parte del ecosistema digital es demostrar que merecen nuestros datos, principal materia prima para nutrir a los algoritmos que articulan la sociedad digital. Que se ganen la confianza ciudadana y la de los decisores políticos. Es el momento de comprobar quién tiene buena reputación digital para ayudar a la toma de decisiones. Porque las decisiones deben poder ser explicadas de forma inteligible con palabras y frases, no con números y gráficos. La opacidad y la sociedad de la caja negra, parafraseando a Pasquale, no serían entonces aceptables, y menos en tiempos de pandemia.

En este escenario, el ecosistema digital debe ser socialmente responsable, no sobrevalorar la propia tecnología y reivindicar el factor humano. No podemos ser ajenos a los males que afectan a nuestros vecinos, cercanos o lejanos, porque la globalización nos expone a todos a sufrir las mismas consecuencias. Sin embargo, no todos disfrutan por igual de los beneficios. La solidaridad y la justicia social deberían ser los lemas del ecosistema digital si quiere ser verdaderamente innovador. Y los beneficios pueden ser exponenciales. La transparencia y la rendición de cuentas son los principios sobre los que debe asentarse la digitalización en la vida post Covid-19.

¿Qué iniciativas podrían adoptarse a medio plazo para mitigar esta o nuevas epidemias?

La aplicación de la tecnología para mejorar la toma de decisiones debe efectuarse de forma proporcionada, con objetivos claros y fines específicos, y si se deben tomar medidas que restrinjan nuestros derechos y libertades, deben ser temporales y siempre justificadas por el interés social. Nuestra situación no cambiará de un día al otro por más dispositivos conectados que haya, si no hay tiempo para interpretar los datos que se manejan, los resultados, ni hay margen para corregir los errores y extraer conclusiones válidas. Tiempo y método también hacen falta. La prisa no va con la tecnología.

Los sistemas de inteligencia artificial están sobrevalorados porque la inteligencia artificial hoy no es tan inteligente como nos gustaría, pero debemos esforzarnos en perfeccionarla. Establecer correlaciones entre bases de datos que contienen datos personales nos va a permitir hacer predicciones más acertadas para mejorar la toma de decisiones, pero hay que evitar usos secundarios no deseados que podrían provocar discriminaciones encubiertas.

El bien común y el interés social ahora deben marcar el rumbo. La tecnología no tiene una entidad propia, son las decisiones de política científica y económica las que marcan nuestras agendas vitales y gubernamentales. El mercado único digital y la sociedad guiada por el dato tienen como materia prima los datos personales y debemos tomar decisiones sobre qué uso dar y en qué condiciones, ponderando los derechos y los intereses potencialmente en conflicto. Conviene más que nunca evitar intereses espurios en este momento tan delicado y excepcional.

En situaciones de pandemia está permitido tratar datos personales pero con las debidas cautelas y que nuestros derechos más fundamentales no se vean minados cuando todo esto haya pasado. El criterio de temporalidad es importante en un mundo en el que los datos permanecen y se acumulan. La prisa y la excepcionalidad no pueden alimentar mercados de datos disfrazados de sistemas de predicción de síntomas o directos al consumidor que más que solucionar, acumulan información nuestra.

Es una gran oportunidad para revisar nuestras prioridades, no las personales, sino aquellas que nos interesan como sociedad. La pandemia tiene mucho que ver con el modo en el que vivimos, con el capitalismo salvaje y con el ajetreo digital.

¿Cómo cree que será nuestro mundo después de esta crisis?

Creo que la respuesta a la pregunta no está en la tecnología ni en la digitalización, sino en las decisiones políticas que se tomen al respecto. Y, por supuesto, en la responsabilidad social compartida que debemos ejercitar todos. Invertir más presupuesto en ciencia y tecnología y evitar decisiones aisladas para solucionar problemas complejos. Los virus, por ejemplo, no conocen fronteras y el conocimiento que adquirimos sobre ellos nos permitirá tratarlo. La Covid-19 no es el único problema de nuestro tiempo, hay peores, aunque no lo parezca ahora, la lista es larga. Y la tecnología bien aplicada puede cambiar radicalmente la vida de personas y colectivos.

Por el momento, es un mundo con menos tráfico aéreo, menos emisiones de carbono y con una Venecia con canales casi transparentes, dicen, solo espero que no sea una situación transitoria.

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