Un guardia armado recorre las instalaciones del BitRiver Rus LLC, la granja de bitcoins más grande de Rusia, ubicada en Bratsk. Estas instalaciones albergaron antaño el mayor centro de datos de la URSS. Hoy tiene clientesrn de Japón, China o EE UU, la mayoría de ellos mineros de bitcoin.
Un guardia armado recorre las instalaciones del BitRiver Rus LLC, la granja de bitcoins más grande de Rusia, ubicada en Bratsk. Estas instalaciones albergaron antaño el mayor centro de datos de la URSS. Hoy tiene clientes de Japón, China o EE UU, la mayoría de ellos mineros de bitcoin.
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Los anarco-alternativos: ‘blockchain’ nos hará libres

Fraude, estafa, bluf, burbuja… el bitcoin colecciona ataques de todo tipo, casi tantos como anuncios de su desplome inminente y definitivo.

Fraude, estafa, bluf, burbuja… el bitcoin colecciona ataques de todo tipo, casi tantos como anuncios de su desplome inminente y definitivo. Desde que empezó a circular el 3 de enero de 2009, en plena crisis financiera internacional, ha sido enterrado cada dos por tres, pero lo cierto es que si alguien quiere comprar un bitcoin estos días tiene que dar a cambio unos 8.800 dólares. Hace un año le hubiese sobrado con 4.000 dólares.

Eso no significa que el bitcoin sea dinero, pues apenas se utiliza como herramienta para intercambio de activos. Solo compite con las monedas nacionales en aquellas economías fallidas, como Venezuela. Y los economistas son muy críticos con el invento desarrollado por el desconocido Satoshi Nakamoto. “Es un elemento de especulación, y así ha perdido gran parte de su visión inicial”, dice Santiago Carbó, director del Observatorio de la Digitalización Financiera de Funcas, el think tank ligado a las antiguas cajas de ahorro. “No es dinero. Es un activo financiero, sí, pero como un sello”, considera Ignacio de la Torre, socio de la firma de inversión Arcano y profesor en IE Business School.

No obstante, hay un mérito del bitcoin que nadie niega: ha puesto sobre la mesa una tecnología, blockchain, que permite plantearse todo sobre la emisión del dinero. ¿Por qué tiene que ser centralizada? ¿Y por qué no puede hacerla una empresa, o una comunidad de usuarios? En la Edad Media algunos ya se hicieron esas preguntas, y como recuerda De la Torre, recibieron una respuesta categórica: la emisión de dinero sin autorización se penaba con la castración. Nada que ver con los últimos años, cuando se ha producido una auténtica explosión de creación de criptomonedas, al rebufo del bitcoin y aprovechando la explosión del interés por blockchain.

Actualmente cotizan más de 2.000 criptomonedas, según el portal especializado Coinmarketcap, algo de difícil justificación cuando ni la principal con diferencia, el bitcoin, consigue generalizarse más allá de círculos muy concretos. “La mayoría de estas criptomonedas se han creado para enriquecer a sus promotores o para solucionar problemas del bitcoin. Muchas de estas iniciativas ya no tienen sentido”, afirma Miguel Caballero, autor del libro Bitcoin, blockchain y tokenización para inquietos (Bubok Publishing, 2019).

La fiebre por el lanzamiento de las criptomonedas no es el único síntoma de la efervescencia que ha provocado blockchain. Algunos expertos, como Alberto Gómez Toribio, que lleva trabajando en proyectos con la cadena de bloques desde 2013, advierten de los malentendidos, inocentes o interesados, que se están produciendo: “Blockchain es una tecnología que fue desarrollada para crear criptomonedas. Para eso tenemos un Ferrari. Pero algunos le han quitado el motor y lo están utilizando para otras cosas. Hay quien está friendo huevos sobre el motor de un Ferrari: se puede hacer, pero no tiene mucho sentido”. Entre lo que sí tiene sentido hacer con blockchain está la ejecución de smart contracts, contratos inteligentes, es decir, códigos de software que ejecutan operaciones cuando se cumplen unas condiciones marcadas por un algoritmo.

Esas transacciones pueden ser de criptomonedas —la segunda más importante tras bitcoin, Ethereum, está específicamente diseñada para los contratos inteligentes— o de tokens, o sea, una unidad de valor emitida de forma privada que permite disfrutar de un producto o servicio. “Vamos a ver muchas empresas que centrarán su modelo de negocio en la emisión de tokens”, vaticina Caballero, “y al ser unas fichas que ya están en blockchain, es complicado que se conviertan a moneda convencional. Puede parecer algo de ciencia ficción, pero imagina por ejemplo que Google diese tokens por escribir reseñas de un restaurante. Cuando una gran empresa dé el paso, todo cambiará”.

Para Caballero, la velocidad de la explosión de estas propuestas está fuera del alcance de las posibles respuestas desde las instituciones. “Es inevitable que la iniciativa privada tome el mando. Estamos en 2020, y Europa acaba de presentar su Libro Blanco sobre la Inteligencia Artificial. El mundo cripto no se va a parar ocho o diez años esperando que el BCE lance su propia moneda”.

Nadie sabe quién creó el bitcoin. El autor (o autores) dejó solo un seudónimo: Satoshi Nakamoto. Una de las especulaciones más populares le atribuyen la autoría de la primera criptomoneda al ingeniero Dorian Prentice Satoshi Nakamoto.

Retina

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