Ana Núñez (Madrid, 1967)
Ana Núñez (Madrid, 1967)
'Startups'

Ana Núñez: “El sistema filantrópico español está en pañales”

A los mandos de Inuit Fundación, Ana Núñez aplica a la inversión filantrópica de impacto lo que ha aprendido tras una carrera profesional dedicada a las finanzas y al tercer sector.

Ana Núñez (Madrid, 1967) ha dedicado el grueso de su vida profesional a las ventas institucionales y la gestión de fondos. Hasta hace poco lo hacía en el sector financiero (en AB Asesores, Morgan Stanley o Bank of America Merrill Lynch). En 2011 decidió cambiar de rumbo y apostar por el sector social. Se pasó a la filantropía con su propio proyecto, Inuit Fundación, que en 2017 lanzó un fondo desde el que han invertido en ocho proyectos sociales.

Núñez defiende la importancia de la filantropía de riesgo, que persigue la rentabilidad social, no financiera. “Queremos fomentar una cultura de donación responsable y de gestión empresarial. Es esta combinación la que genera valor”, asegura durante un descanso del II Foro de Inversión de Impacto organizado por Social Nest. 

¿Cómo nace Inuit Fundación?

Los fondos sociales en España los financiaba el sector público, un sistema que con la crisis se fue al traste. Esto obligó a reinventarse a las iniciativas de acción social directa. Son normalmente fundaciones dedicadas a una causa, nacidas por ejemplo de familias con hijos afectados por una enfermedad, o para ayudar a un colectivo determinado en riesgo de exclusión.

El objetivo de Inuit Fundación es ayudarlas a que se profesionalicen, a que sean sostenibles a largo plazo y puedan dar respuesta a un número mayor de personas necesitadas. No podemos permitirnos el lujo de que estas organizaciones desaparezcan porque no se saben gestionar, por falta de fondos, o porque no saben contar bien su misión.

¿A qué tipo de inversores se dirige?

Ofrecemos a particulares y empresas la posibilidad de canalizar sus donaciones a través de nuestro fondo filantrópico, que selecciona proyectos que generen alto impacto, entendido como mejora de la calidad de vida de las personas a las que se dirige o atiende. Pensamos que el sector privado tiene que dar un paso al frente, tomar cartas en el asunto. La acción social es responsabilidad de toda la sociedad.

¿Cómo se mide el impacto?

No hay un modelo único, nosotros estamos desarrollando una metodología propia. Hay que definir muy bien los indicadores de seguimiento, los objetivos de cada programa y hacer una medición y evaluación continua. Hay que personalizarlo en cada vertical. No es lo mismo medir el impacto de un programa de educación a jóvenes tutelados que uno con personas sin hogar.

En este último caso, un indicador clarísimo sería cuántas personas se ha conseguido que salgan de la calle definitivamente en un plazo determinado. La medición del impacto ayuda a las organizaciones sociales a darse cuenta de si están haciendo cosas mal y cambiarlo.

No basta con soltar dinero e ir un día a pintar las paredes de un colegio. Los inversores deben involucrarse más en los proyectos".

¿Cuáles son sus criterios de financiación de los proyectos?

Que generen alto impacto es lo primero. Que demuestren un cambio positivo en la vida de las personas a las que se dirigen: su propósito y su valor, más allá del alcance en cifras. Que sean innovadores, que no tiene por qué ser inventar la rueda todo el tiempo sino hacer las cosas de otra manera. Y también que quieran ser escalables y sostenibles. No sirven unas clases de piano para personas con discapacidad intelectual en un colegio, pero sí podríamos financiar un modelo de enseñanza de música a personas con discapacidad intelectual con buenos resultados que pueda trasladarse a todos los colegios de España. En cuanto a áreas, nos enfocamos en formación, en empleo, en inclusión y en desarrollo sostenible.

¿Qué proceso siguen?

Una vez preseleccionamos los proyectos tenemos un Comité de Inversiones experto en cada una de las áreas que nos ayuda a realizar la selección final. A los que entran en el fondo les damos apoyo financiero y un seguimiento para fortalecer sus capacidades de gestión. Después de ver en qué situación están, les decimos lo que en nuestra opinión serían las acciones a acometer y, si están de acuerdo, elaboramos y consensuamos una hoja de ruta. Es un trabajo a medida.

¿Puede poner un ejemplo?

Uno de los proyectos que financiamos es Deseos emprendedores, de Fundación Junior Achievement. Es un programa de emprendimiento aplicado a personas en riesgo de exclusión social. Trabajan con jóvenes de Centros de Acogida y Centros de Día de Madrid y Barcelona. Estos programas ya han demostrado que consiguen cambiar el chip a los jóvenes a los que se dirigen. Fortalecen la seguridad en sí mismos y adoptan una actitud emprendedora. Muchos han arrancado sus propios proyectos de emprendimiento y han sido incluso premiados. El impacto es brutal. Les han ofrecido otra perspectiva con la cual pueden funcionar en el mundo profesional de hoy.

¿Cuánto dinero invierte cada donante?

A las empresas les pedimos un mínimo importe y un compromiso de al menos dos años. Eso sumado al acompañamiento y mentorías, que tienen un valor incalculable. Nos comprometemos con todos los proyectos en torno a dos años, en los que nosotros o los propios inversores trabajamos con ellos haciendo planes de negocio, estratégicos, comerciales, de márketing... Así logramos que se involucren. No basta con soltar dinero e irte un día a pintar las paredes de un colegio.

¿Cómo está el ecosistema filantrópico en España?

Estamos en pañales. El donante particular se mueve mucho por impulso, guiado por campañas concretas. El problema es que hay muchas organizaciones que necesitan subsistir en el día a día y la gente no entiende que hay que comprometerse con las causas a largo plazo. Hay que implicarse.

¿Qué podemos aprender de fuera?

Todo. Lo que hacemos nosotros no nos lo hemos inventado, estamos recogiendo y aplicando buenas prácticas que ya se han implementado en otros países. Lo bueno es que cada vez hay más conciencia social y medioambiental en España. Es una tendencia global. Hay muchas ganas de hacer cosas, y en nuestro país hay mucho talento.

Las 'startups' a seguir, según Núñez

It-willbe. Organización sin ánimo de lucro centrada en cooperación internacional al desarrollo. Han desarrollado una app para registrar e identificar mediante tecnología biométrica a personas que no suelen estarlo por otros medios, que han usado ya con miles de niños en India. Es una de las invertidas por el fondo de Inuit.

Koiki. Empresa social de reparto de paquetería de última milla bajo concepto de sostenibilidad social y medioambiental. Busca crear empleo entre colectivos vulnerables y reducir la contaminación en los barrios. “Confío en que veamos crecer mucho esta empresa”.

Auara. Vende botellas de agua mineral fabricadas con material reciclado y reciclable. El 100% de sus beneficios se destina a construir pozos de agua potable en países en vías de desarrollo. “Han dado en el clavo con el producto, alineado de forma muy sencilla de entender con el problema que pretenden resolver”.

Fundación Exit. Esta organización lucha por reducir el abandono escolar temprano de jóvenes en riesgo de exclusión a través de programas formativos dirigidos a conseguir su inserción laboral. “Son un ejemplo no solo por lo innovador de sus programas, sino por su foco en el trabajo en red y en la mejora continua”.

Fundación Créate. Trabaja con centros educativos para dotarles de herramientas y metodologías que faciliten la innovación. “Utilizan metodologías de emprendimiento, más efectivas para aprender las materias de toda la vida en el colegio, con una búsqueda continua de innovación y de mejora de sus programas”.

Retina

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