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Covid-19

El otro gran contagio: así se combaten los bulos sanitarios

La lucha contra la desinformación vive una nueva batalla con la epidemia del coronavirus, una más virulenta si cabe, al tratarse de asuntos sanitarios. El verificador Maldita.es asegura haber desmentido ya 84 bulos en referencia a la crisis sanitaria. "Ahora mismo todo es  la Covid-19, tras la sentencia del procés todo era Cataluña, tras la llegada del Aquarius todo era migración. Estos días principalmente estamos viendo falsos positivos de contagio, recomendaciones de prevención que no funcionan (algunas muy peligrosas como cuando se recomienda beber MMS, esa lejía de lujo), y teorías de la conspiración sobre el origen del virus", precisa Clara Jiménez, jefa de proyecto y cofundadora de Maldita.es. Tanto es así, que la Organización Mundial de la Salud ha optado por entrar en TikTok, la red social de moda para tratar de difundir información veraz sobre Covid-19 a los usuarios de la aplicación. Lo hace con el mensaje ¡Nos unimos a @tiktok para proporcionarte consejos de salud pública fiables y adecuados! Nuestra primera publicación: Cómo protegerse del #coronavirus, reza la descripción del primer vídeo de la cuenta.

“Nos estamos enfrentando a algo que nunca ha existido anteriormente en comunicación”, asegura Carlos Mateos, coordinador de #saludsinbulos. En su opinión, se ha dado el cóctel idóneo de circunstancias, como que se trata de una enfermedad extendida en todo el mundo, con lo que llega la desinformación por todas partes; y que la tecnología permite crear bulos fácilmente a partir de un vídeo y una imagen. Además, está la ayuda imprescindible de las redes sociales.  "WhatsApp es la principal fuente de canalización de bulos, es algo que no se puede controlar y de cuyo contenido se desconoce el origen". 

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We are joining @tiktok to provide you with reliable and timely public health advice! Our first post: How to protect yourself from ##coronavirus ?

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Jimenez también destaca el papel de la mensajería instantánea: "Según el Digital News Report del Reuters Institute el 36% de los españoles consumen información a través de WhatsApp y el 64% en móvil. Esos entornos, incluso consumiendo directamente artículos y no solo vídeos, audios, o contenido tradicional, hacen a las personas aún más vulnerables precisamente porque no ven el contexto de dónde están consumiendo". Mateos, además, incide en el uso del humor para propagar la desinformación. “Los memes es lo que más funciona dado que parecen inofensivos, son fáciles de hacer sin buscar imágenes originales y es difícil rebatir su veracidad”.

En este sentido, Jiménez destaca las condiciones específicas de la app de mensajería, en contraste con otras grandes plataformas como Google, Facebook o Twitter. "Las tecnológicas tienen un plan trazado para combatir la desinformación que no tiene en cuenta a los gobiernos porque además tienen que implementarlo a escala global. El gran problema es que nadie le está prestando a WhatsApp la atención que debería".

Lucha de las fuentes oficiales

Los dos vídeos dedicados al coronavirus (el tercero es un audio para celebrar el Día Mundial de la Audición, que se celebra el 3 de marzo) no son, precisamente, ejemplos de lo que ha hecho famosa a la red social china: Bendetta Alegranzi, coordinadora de la infecciones de la OMS, habla a la cámara sobre lo que es en realidad el Covid-19 y trata de desvelar falsos mitos. Las recomendaciones son de sentido común: “lavarse las manos frecuentemente con un gel desinfectante o con agua y jabón, cubrirse con el codo o con un pañuelo desechable cuando se estornuda o tose y evitar el contacto con personas que tengan fiebre y tos”. Y añade: “Si tienes fiebre, tos y dificultad respiratoria, busca atención médica”. En el segundo vídeo, otra técnico de la OMS se explica cuándo y cómo hay que ponerse una máscara. Esto supone, sin embargo, un paso adelante, en la lucha contra la desinformación entrando en los canales donde la gente pasa más tiempo.

El experto en comunicación digital Gustavo Entrala ayudó al Gobierno de España a gestionar la crisis del ébola en octubre de 2014. "Aquella fue la primera crisis de Salud Pública en la época de las redes sociales en España", explica a EL PAÍS Retina. "Los principios con los que trabajamos durante ese episodio fueron tres: una sola oficina de comunicación, una cuenta de Twitter para recoger, transmitir información y desmentir bulos, y una página web con recursos didácticos aportados y verificados por un Comité Científico", recuerda, a la vez que alaba el papel del equipo de Sanidad que lidera Fernando Simón. Carlos Mateo y Ferrán Lalueza, profesor de Ciencias de Información y Comunicación de la UOC, están de acuerdo con la alabanza hacia las autoridades. "El Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social se está esmerando mucho con las campañas y con las intervenciones de Simón y su presencia en redes, pero es tanta la demanda que es imposible satisfacerla".

En este sentido Jiménez apela a una serie de "mecanismos básicos" que cualquiera puede emplear para juzgar la credibilidad de la información: "¿Quién lo publica? ¿Conoces al medio? ¿Está alguien más contando esta historia? ¿Hay una fuente fiable? ¿A quién beneficia eso que me están contando? Lee más allá del titular y haz una búsqueda rápida en Internet a ver qué más información hay al respecto", prescribe.

Desinformación Inevitable

"Hoy por hoy es inevitable que se provoquen estas situaciones de desinformación", opina Lalueza. "Por un lado, tenemos a personas y colectivos que se dedican a poner en circulación información falsa por distintos motivos; y por el otro, tenemos a los gestores de las redes sociales, que se ven incapaces de controlar al monstruo que han creado".

Y sentencia: "Aunque las grandes plataformas tecnológicas son muy conscientes del daño irreparable que puede ocasionar en muchos sectores de la población la desinformación en materia de salud (las campañas antivacuna, por ejemplo, así lo han evidenciado), las estrategias que emplean para combatir este fenómeno indeseable aún distan mucho de ser efectivas".

La organización de las Naciones Unidas ha tratado de abordar el problema asociándose, precisamente, con estas mismas plataformas: Twitter, Facebook, Tencent y TikTok. Recientemente lanzó una alerta SOS de Google, por ejemplo, para que la información de la OMS figure en los primeros puestos de los resultados de las búsquedas de personas relacionadas con el coronavirus. También ha estado trabajando con Facebook para dirigirse a poblaciones y demografías específicas con anuncios que proporcionan información importante sobre la salud. Incluso ha llegado a contactar a personas influyentes de Asia para tratar de mantener a raya la desinformación.

El pasado 2 de febrero, la institución sanitaria ya calificó al nuevo coronavirus como “una infodemia masiva”. Con este calificativo se refería a la “sobreabundancia de información que hace difícil que la gente encuentre fuentes confiables y orientación fiable cuando la necesita”. Así, trata de distinguir lo que está pasando con el coronavirus de anteriores brotes virales. Mientras que el SARS, el MERS y el Zika causaron pánico global, los temores en torno al coronavirus han sido especialmente amplificados por los medios sociales. Esto ha permitido que la desinformación se extienda y florezca a velocidades sin precedentes, creando un ambiente de mayor incertidumbre que ha alimentado la ansiedad y el racismo en persona y en línea, según aseguraba la organización. Por aquel entonces, la OMS ya estaba presente en distintas redes sociales, como Weibo, Twitter, Facebook, Instagram, LinkedIn, Pinterest y su propia página web.

Las principales plataformas, por su parte, también aseguran que se han tomado la cuestión en serio. A finales de enero, Facebook aseguró que estaba borrando posts de usuarios que estaban propagando desinformación acerca del coronavirus, especialmente aquellos que difunden información errónea y peligrosa sobre el tratamiento y consejos incorrectos sobre los recursos de salud disponibles.

Teorías conspiratorias

Todo esto puede conducir a que la población se haga inmune a las recomendaciones oficiales por culpa de esta desinformación y la continua difusión de teorías conspiratorias que ponen en tela de juicio las indicaciones de las autoridades sanitarias y culpan a los gobiernos de la creación del coronavirus. Como aseguraba recientemente el diario The New York Times, la desconfianza en la ciencia y las instituciones puede ser un grave problema si el brote empeora: “Otro problema importante es la falta de confianza pública: las medidas de control solo funcionan si las personas las cumplen. Y es mucho menos probable que las personas sigan las órdenes cuando no confían en las autoridades”, sentencia. 

"Los bulos no nacieron con las redes sociales y no morirán pese a los remedios que se pongan", asegura Entrala. "Esta misma mañana, por ejemplo, he preguntado a una persona de mi entorno por el asunto del Coronavirus, y me ha asegurado que es un invento de Donald Trump para dañar a China. Está convencido porque es lo que ha escuchado hablando con sus amigos. Eso no tiene nada que ver con las redes sociales". 

Maarten Schenk de Lead Stories, una organización de verificación de que trabaja con Facebook, aseguró recientemente a la CNN que su equipo ha observado el intercambio de teorías de conspiración en múltiples plataformas sociales sobre los orígenes del virus. “Hay mucha gente que no confía en la narrativa sobre el número de muertes e infecciones”, asegura, y señala que hay personas que citan “fuentes militares secretas”, que casi con seguridad no existen, afirmando que decenas de miles de personas han muerto como resultado del virus, muy por encima de las estimaciones actuales de las fuentes oficiales.

Autocrítica de los medios

Los medios de comunicación han de llevar a cabo una seria autocrítica, asegura Carlos Mateos, coordinador de #saludsinbulos, en una época en el que la búsqueda del clic favorece el sensacionalismo. "Los medios de comunicación y las iniciativas de fact checking también pueden contribuir a contrarrestar la difusión de fake news, pero tienen que hacer una apuesta muy decidida en este sentido, orillando prácticas ambiguas como la del clickbait", sentencia por su parte Ferrán Lalueza, de la UOC.

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Retina

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