La lucha contra la emergencia climática viaja en tren
Retina para Renfe

La lucha contra la emergencia climática viaja en tren

El Plan Director de Lucha contra el Cambio Climático de Renfe prevé reducir en 10 millones de toneladas los gases de efecto invernadero en la próxima década gracias a las medidas de eficiencia energética

La evolución de cambio climático a emergencia no solo es una cuestión nominal, sino de alerta social para mantener la sostenibilidad del planeta. Todos estamos llamados a contribuir de una manera u otra. El sector ferroviario no ha querido echar la vista a un lado. Renfe, con la aprobación de su Plan Director de Lucha contra el Cambio Climático hasta 2030, ha puesto de su parte para que la Tierra contenga su deterioro. Según sus cálculos, en la próxima década reducirá en 10 millones de toneladas los efectos de gases invernadero y parte del consumo energético. Todo para evitar que el incremento de la temperatura media global supere los dos grados respecto a niveles preindustriales.

Las líneas estratégicas que definen el Plan son la gestión de la energía, la eficiencia energética, la descarbonización y una cultura de sensibilización. Un total de 20 medidas y 76 proyectos que ahorrarán más de 250 millones de euros en concepto de factura medioambiental. “Tenemos objetivos muy ambiciosos. Respecto a la reducción de emisiones, la idea es que, al finalizar el Plan, hayamos bajado las emisiones en una cifra comparable con las emisiones que se hacen en toda la Comunidad de Madrid durante un año”, asegura Isaías Táboas, presidente de Renfe Operadora, a la vez que añade que la compañía calcula atraer un total de seis millones de viajeros al ferrocarril al año procedentes de otros modos, como el transporte por carretera y el avión.

El nuevo Plan no deja de ser la prolongación del compromiso de la organización con la sostenibilidad. De acuerdo con sus propios cálculos, desde 1990 ha reducido la huella de carbón en un 56% debido a los planes de eficiencia previos. Las energías limpias también son una obsesión. Precisamente, la adquisición de electricidad verde es otro de los compromisos adquiridos. El objetivo determinado es llegar a las siete toneladas menos de emisiones de dióxido de carbono en los próximos 10 años. “El ferrocarril es con diferencia el modo menos emisor respecto a la carretera y la aviación, de ahí que el cambio modal hacia los trenes sea uno de los objetivos generales de estas acciones”, argumentan desde Renfe.

La sensibilización no solo la llevará a cabo de puertas para adentro. Desde hace algunos meses, los viajeros de AVE y Avant podrán conocer su huella de carbono en los billetes que compren. Más aún, tendrán la posibilidad de comparar esta cifra con las emisiones para el mismo trayecto en coche y avión. Las emisiones de dióxido de carbono de cada viajero aparecerán en la pantalla final de compra, así como en el correo electrónico de confirmación. Esta información, aseguran desde la compañía, se implantará en el resto de servicios progresivamente, aunque sin aportar una fecha concreta. Por pequeña que sea la distancia recorrida, la ayuda al medio ambiente siempre aparecerá reflejada.  

Cálculo de las emisiones

Los datos utilizados para calcular dicha huella de carbono proceden de la herramienta Ecopassenger de la Unión Internacional del Ferrocarril. Dispone de una sólida metodología que combina información operativa y energética de cada uno de los operadores ferroviarios visados por la Fundación Italiana para el Desarrollo Sostenible, así como datos de emisiones derivadas para todos los modos de transporte calculados por el Instituto Alemán de Medio Ambiente y Energía. Estos simples números son una herramienta útil para que cada usuario sea consciente de cuál está siendo su impacto verde y pueda aprender cuál es el método de transporte más sostenible. Lo que no tenía sentido era dejar al margen del negocio ferroviario un tema de tal calado como la protección del planeta. 

La próxima década determinará si el Plan de Renfe cumple con la ambición demostrada en su estrategia. Los primeros pasos llevan vigentes casi dos años, pero el proceso está llamado a acelerarse. Las claves y las acciones están puestas en blanco sobre negro. La emergencia climática ha decidido subirse al tren antes de pasar de largo por la estación de la sostenibilidad. Como en toda estrategia a largo plazo, las notas llegarán a fin de curso. Aparece en un horizonte tan lejano como 2030, aunque el momento de evaluar el impacto del Plan será poco más que a diario, incluso para aumentar o reconducir la ambición. Solo queda esperar a ver hasta dónde conduce este viaje verde.

Retina

25/10/2020
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