Cómo convertirte en ‘influencer’ sin seguidores

Cómo convertirte en ‘influencer’ sin seguidores

Lo nuevo es recomendar productos a cambio de un porcentaje de las ventas. En España marcas como Amazon, Atrápalo, El Tenedor, Fnac o Viajes el Corte Inglés se unen a este sistema con la aparición de aplicaciones como Wakkea

La aplicación Wakkea asegura que te da la posibilidad de obtener ingresos recomendando productos y experiencias. El usuario solo tiene que descargarse la aplicación y escribir post con recomendaciones. Cuando otro usuario hace clic en la publicación, es redirigido a la página de venta del producto y si lo compra, el usuario que se lo ha recomendado recibe dinero. “Más de 110 marcas como Amazon, Atrápalo, El Tenedor, Fnac o Viajes el Corte Inglés se han asociado a la red social y pagan al usuario hasta un 5% de las ventas conseguidas a través de su post”, asegura Javier Bercial, cofundador. Aunque dependiendo de la empresa, a veces se paga el 2%, 3% o 4% del coste del producto. “Después el usuario obtiene el ingreso a través de su cuenta de Paypal”, añade Bercial. La app permite poner comentarios, valorar las opiniones de los usuarios, mandar mensajes tipo chat y mandar mensajes que se leen como post privado.

Los expertos creen que, como sociedad, vivimos un momento de aprendizaje con estas tecnologías asociadas a las ventas. “Igual que nos enseñaron a leer, escribir y multiplicar, somos la primera generación que estamos aprendiendo a manejar este tipo de recomendaciones y, por ello, tenemos que volver a escribir los libros en los que expliquemos si hemos de hacer caso o no a los consejos de la web”, explica José Antonio Ruiz, experto en opinión pública y cultura de masas y miembro del departamento de sociología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Este sistema de recomendación-compra-ingresos se consigue porque la app trackea todos los post. “Es un seguimiento de las compras. Se basa en u red de contactos de adhesión donde la base legal para el tratamiento de datos es el consentimiento de cada usuario. Además, hay que tener en cuenta que los datos están siendo enviados de una empresa a otra”, señala Sergio Maldonado, CEO de PrivacyCloud.

Además, nada más entrar la aplicación pide al usuario un acceso a la localización. “Aunque se pierda privacidad, se entiende que lo hacen para dar servicios adicionales. Sin embargo, te avisan de que los datos de navegación los van a usar para mejorar el servicio, es decir, hay riesgo de seguimiento de cada usuario”, explica Eusebio Nieva, director técnico de Check Point en España y Portugal. Nada más incluir datos personales como nombre, edad o población, se requiere que el usuario seleccione sus aficiones para poder recomendarle productos y que a su vez pueda recomendarlos. “Hay que tener en cuenta que estas preferencias se podrían usar a posteriori para enviar publicidad dirigida”, señala Nieva.

Fenómeno

Esta aplicación da un paso más en la evolución del fenómeno influencer. Los primeros creadores de contenidos emergieron a finales de los 2000. Un recorrido de más de 10 años en los que esta nueva profesión se ha diversificado y ha llegado a casi todos los rangos de edad. “Al principio los influencers tenían millones de seguidores. Eran principalmente deportistas, músicos y actores. Después surgieron los que tienen varios millones y después los microinfluencers que tienen unos 10.000 seguidores o los nanoinfluencers de alrededor de 1.000 seguidores”, señala Silvia Sivera, experta en el fenómeno influencer y profesora de ciencias de información y comunicación en la Universidad Oberta de Catalunya (UOC).

Además, crece año a año el porcentaje de niños y jóvenes que quieren dedicarse a crear contenidos en Youtube, Instagram o Facebook según las estadísticas. “Aunque antes queríamos ser astronautas o cantantes. A los niños les atrae el elemento de notoriedad, no entienden el concepto más sociológico que los adultos tenemos en ventas o tecnología y privacidad”, afirma José Antonio Ruiz, experto en opinión pública y cultura de masas y miembro del departamento de sociología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Al principio los creadores de contenidos más conocidos eran los que hablaban de moda y tendencias pero ahora encontramos profesores de matemáticas con canal de YouTube donde sus vídeos alcanzan millones de visitas y además de dar clases, recomiendan libros, personas que enseñan a optimizar el tiempo para limpiar la casa, kidinfluencer (niños contándonos su día a día y recomendando productos) o incluso un nuevo segmento surgido en los últimos años, los influencers de la llamada cuarta edad o viejennials. Parece que las marcas se han dado cuenta de que no pueden descuidar ningún segmento de la población. Sin embargo, los sociólogos creen que pese a llegar una parte de la población, hay un segmento que desconfía. “La recomendación es un clásico en el mundo comercial, aunque para muchos sectores de la población la mediación tecnológica produce que la confianza en el producto disminuya”, añade José Antonio Ruiz.

Nombre nuevo, práctica vieja

El término influencer es relativamente nuevo, pero la misión no lo es. “Hay artículos académicos de los años 30 en los que se habla de campañas susurrantes llevadas a cabo por personas que cuentan rumores”, explica Silvia Sivera, experta en el fenómeno influencer y profesora de ciencias de información y comunicación en la Universidad Oberta de Catalunya (UOC). En aquellos años las marcas contrataban personas para recomendar experiencias o productos boca-oreja. Así que, el cambio no es qué se recomienda sino cómo se emite el mensaje. El auge de las redes sociales ha permitido que el boca-oreja se haya convertido de pantalla-a pantalla.

Este fenómeno de recomendaciones se da por la teoría de los tres grados de influencia. “Una amiga de una amiga ha probado tal cosa y es estupenda. Está probado que las decisiones de compra funcionan hasta tres grados, a partir del cuarto se pierde la capacidad de influencia”. Explica Sivera. No obstante, hemos crecido. Al principio creíamos las recomendaciones a pies juntillas y ahora sabemos que todo forma parte de una estrategia comercial. “Por eso las marcas han empezado a dar importancia a los microinfluencer y nanoinfluencer, porque tienen más poder dentro de su comunidad que cualquier personaje conocido por la mayoría de la sociedad”, añade la experta.

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