Materias básicas: escribir cartas de amor y código
Educación

Materias básicas: escribir cartas de amor y código

La tecnología copa el diálogo. O se aprende alguna enseñanza abrazada por la abreviatura 'tech' o parece no existir esperanza laboral. ¿Por qué no pensamos en titulaciones mixtas que mezclen tecnologías y humanidades?

Quizá sea una de las grandes preguntas de nuestros días. ¿Se pueden escribir cartas de amor utilizando código en vez de palabras? Programar es el verbo que repite, insistente, la narrativa tecnológica del siglo XXI. Un saber que discurre igual de transversal que el latín en las lenguas mediterráneas. David Seidman, ingeniero a cargo de la seguridad de Google, recomienda “escribir mucho código, un código que te fuerce a trabajar con otros”.

Conectarse al mundo a través de una conversación de algoritmos y números. Esa semántica de cifras no resulta tan ajena al ser humano. “Aprender un lenguaje formal, pensemos en Python o Perl, se parece mucho a asimilar una segunda lengua. El programador debe interiorizar habilidades como el pensamiento abstracto, la resolución de problemas o la recursividad”, analiza Pascual Pérez-Paredes, catedrático de Filología Inglesa en la Universidad de Murcia.

La tecnología copa el diálogo. O se aprende alguna enseñanza abrazada por la abreviatura tech o parece no existir esperanza laboral. Incluso suena reaccionario plantear la divergencia. En el mundo ya hay 23 millones de personas que redactan código.

Dentro de cinco años serán 28. Entonces. ¿Quién escribirá las cartas de amor de las nuevas generaciones? ¿Qué espacio queda a las humanidades? “Muy poco, porque la especialización resulta feroz”, se lamenta el filósofo y pedagogo José Antonio Marina. Por eso propone un cambio. Recuperar el Hombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci y calcar sus proporciones en nuestro tiempo. Incorporar en el primer curso de todas las carreras una nueva asignatura obligatoria: Ciencia de la Evolución de las Culturas. ¿Un sueño? Un Aleph.

Este saber integraría la historia del conjunto de las creaciones de la inteligencia humana: arte, filosofía, religión, ciencia, morales, sistemas políticos, técnica. “Es un humanismo de tercera generación, 3G. El humanismo 1G apareció en el Renacimiento y supuso la separación de las letras humanas y de las letras divinas. El humanismo 2G surgió en el siglo XIX y representó la ruptura entre las ciencias de la naturaleza y las ciencias de la cultura y ahora debemos crear ese nuevo humanismo 3G que integre ambas cosas —sin olvidarnos de la técnica— a partir de lo que las une: proceder de la creatividad humana”, relata Marina. Una revolución que ya encabezó hace años el poeta Dámaso Alonso cuando reclamó: “¡Espacios: plaza, plaza al hombre!”.

Aunque por desgracia hoy parece haber lugar solo para los extremos. La tecnología, las matemáticas y las ciencias orillan a los saberes clásicos. La caverna de Platón habita más oscura que nunca. Ricardo Mairal, experto en neurolingüística y rector de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), quiere transmitir claridad a los planes de estudios, a las ingenierías. “¿Por qué no pensamos”, propone, “en titulaciones mixtas que mezclen tecnologías y humanidades? Algo similar a lo que es la biomedicina”. De ahí que rebusque durante la conversación entre la memoria. Y encuentra un término: anomia. El olvido de las palabras cotidianas. Una manifestación temprana del Alzheimer o la demencia. Eso es neurolingüística. Eso son los antiguos morfemas y fonemas. Porque el futuro tecnológico necesita que alguien siga escribiendo y recordando las cartas de amor.

Retina

07/07/2020
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