Adrián Ballester (Hoyo de Manzanares, 1998), arriba izquierda; y Álvaro Justribó (Madrid, 1995), derecha.
Adrián Ballester (Hoyo de Manzanares, 1998), arriba izquierda; y Álvaro Justribó (Madrid, 1995), derecha.
Talento

La ‘startup’ para crear puentes entre zetas y ‘viejunos’

Adrián Ballester y Álvaro Justribó crearon Mazinn para tender puentes entre las marcas tradicionales y los consumidores de la ‘generación Z’.

Honestas, atrevidas, humanas,que sepan escuchar y “con rollito”. Así deben ser las marcas para conectar con los jóvenes según el Manifiesto Z que sienta las bases de Mazinn, la compañía creada por Adrián Ballester y Álvaro Justribó.

Los servicios de estos veinteañeros son contratados por firmas que nacieron mucho antes que ellos —como Mahou (fundada en 1890), Paradores de Turismo (1928), Grupo Antolín (1950) y Telepizza (1988)— para idear acciones que seduzcan a los consumidores miembros de la generación Z.

“Hacemos de traductores para que comprendan nuestro comportamiento y lenguaje antes de lanzar una campaña. Así evitan errores comunes, como considerarnos un grupo homogéneo”, afirma Ballester. De entrada,existen discrepancias sobre el año que marca el inicio de esta generación: mientras el Pew Research Center habla de 1997, otros expertos lo adelantan a 1994.

“Somos súper heterogéneos, súper contradictorios y muy radicales,así que las marcas deben entender que conectar con todos es imposible y lo ideal es centrarse en cada momento con una tribu concreta de los Z para generar relaciones a largo plazo basadas en las emociones”, señala Justribó.

Ambos reconocen que les cuesta etiquetar su actividad. Sin ser una consultora al uso, asesoran a sus clientes en sesiones de creación de ideas basadas en el concepto de hackathon (donde desarrolladores sacan adelante un proyecto tecnológico de forma conjunta),pero también participan en la definición de nuevos productos y servicios o en la concepción de campañas de comunicación.“Nacimos con la idea feliz de resolver problemas empresariales desde nuestra manera de consumir y de interactuar con las compañías”, según Justribó.

Mazinn es su respuesta al proyecto empresarial que se exige a los alumnos de Leinn. En 2018, facturaron 100.000 euros.

Para ello, proponen transformar marcas “zombis”, aquellas que no entienden a la generación representada por Mazinn, en marcas “zeta”, capaces de construir una relación real con esos veinteañeros. “Todo se resume en tres fases: conocer, cocrear y conectar. Esta última es la más tangible porque se concreta en un evento, un vídeo, un post en Instagram o toda una campaña de comunicación”, concluye Ballester.

Retina

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