‘0G’ o cómo controlar a las vacas y comunicarte hasta con la Antártida

‘0G’ o cómo controlar a las vacas y comunicarte hasta con la Antártida

La ‘startup’ Sigfox, a través de sus soluciones de Internet de las Cosas de bajo coste, promete una cobertura casi mundial y más sostenible para que los dispositivos puedan comunicarse entre sí

Por si no tuviéramos suficiente con el cambio pregonado por el 5G, la startup francesa Sigfox se ha empeñado en modificar la numeración del cambio tecnológico. Más allá del reclamo de marketing para diferenciarse de la competencia, su autodenominado 0G se resume en algo tan sencillo como un Internet de las Cosas (IoT) de bajo coste, con una cobertura casi planetaria y más concienciado con el medio ambiente. Chips, sensores y dispositivos que lo mismo ayudan a un ganadero a controlar su rebaño de vacas que a investigadores perdidos en medio de la Antártida a comunicar sus hallazgos en tiempo real.

Pero no adelantemos todavía más acontecimientos de hasta dónde llega este 0G. El proyecto que fundó Ludovic Le Moan hace nueve años siempre tuvo una obsesión por los datos y la sencillez. Como explica él mismo, mucha gente habla de IoT, pero nadie se fija en zonas con escasa cobertura de la Red donde la información, directamente, ni puede enviarse. Con unas previsiones de 34.000 millones de dispositivos conectados en 2025, según la consultora IoT Analytics, Sigfox pretende optimizar al máximo los recursos y no dejar a nadie atrás. “El 0G utiliza los canales de comunicación más adecuados. No se trata de que una bicicleta circule por una autopista enorme. Esto es lo mismo”, sostiene Le Moan.

En el afán por subir a todo el mundo al tren de la hiperconectividad, las zonas rurales son de las mayores beneficiadas. En la Sierra de Urbasa, en Navarra, los ganaderos pueden conocer en todo momento por dónde se mueve su ganado y cómo se encuentra gracias a la antena que recibe la señal de los sensores incorporados en los collares de los animales. Antes de que el 0G tuviera presencia en este entorno, las 15.000 hectáreas de la Sierra permanecían incomunicadas. “No todo puede hacerse a través de la llegada del 5G o de un Internet de las Cosas masivo. Para cubrir la conectividad de todo el mundo, necesitamos opciones más baratas y optimizadas a cada sector”, sugiere el fundador de Sigfox.

Según sus propias palabras, transmitir datos acerca de la temperatura del suelo, la humedad o cualquier otro parámetro requiere de muy pocos bytes. Este es uno de los motivos que le ha llevado a diseñar todo este entorno low cost, pero de largo alcance. Capaz de lo mismo localizar un paquete -como ha puesto en práctica con Correos y DHL- que de reubicar contenedores de transporte en función de las necesidades de envío de las empresas. Dentro de todas estas puertas abiertas por el IoT, la startup francesa ofrece algunas soluciones más convencionales. Es el caso del mantenimiento predictivo. Con la cervecera Damn, por ejemplo, su 0G estima cuándo un grifo va a averiarse.

La importancia del medio ambiente

El auge de la conectividad aparta del debate en muchas ocasiones el incremento que supondrá en el consumo eléctrico. Los dispositivos no viven solo del aire. Le Moan asegura que siempre ha estado concienciado con este impacto. Quizás imbuido por el espíritu de Greta Thunberg, se muestra muy crítico con el desarrollado adoptado por el IoT. Claro está que parte de su negocio radica en el escaso impacto medioambiental del 0G como para no mencionarlo. “Esta innovación no puede ser que se resuma simplemente en una cuestión de baterías. Si necesitamos una para cada aparato, habrá un impacto negativo para el planeta. Tenemos que simplificar todo, ya sea en la transmisión de datos o como medio de seguridad para lo que tengamos conectado”, zanja.

El fundador de la startup francesa mantiene su tono crítico. El 5G tampoco iba a salvarse de la quema. No cuestiona la trascendencia y la revolución que pueda suponer, sobre todo para su sector de IoT, sino los límites a los que está llegando con respecto a las frecuencias de emisión. Sin caer en una explicación digna de la Física, lo resume en algo tan cotidiano como las interferencias que puede provocar con algunos electrodomésticos. “El 5G transmite en torno a los 24, 26 gigahercios, muy cercano a la emisión de un microondas. Estamos explorando sus límites, pero esto puede generar graves problemas de comunicación entres dispositivos”, afirma.

El punto de inflexión de la hiperconectividad parece cercano si uno atiende a las palabras de Le Moan. En su opinión, será imparable en el momento en el que no haya una diferencia de precio significativa entre lo analógico y algo conectado a la Red. “El IoT está llamado a ser una revolución mayor que la que ha supuesto internet y los teléfonos inteligentes”, vaticina. Cuesta diferenciar si estas profecías llegarán a cumplirse, más aún cuando ya hemos perdido la cuenta de todas las nuevas eras que están a la vuelta de la esquina, como la de blockchain o la inteligencia artificial. En la Antártida y para las vacas navarras algo ha cambiado con la incorporación del 0G en su día a día. Que juzguen ellos mismos.

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