control remoto
Último prototipo de ChewIt, entre un caramelo y un chicle.

Cómo manejar una silla de ruedas con un ‘chicle’

El ingeniero catalán Pablo Gallego ha creado ChewIt, un dispositivo con apariencia de caramelo que se introduce en la boca para dar órdenes a una máquina sin usar las manos ni la voz

A sus 25 años, el barcelonés Pablo Gallego no pretende hacerse rico con ChewIt, el invento en el que lleva trabajando cerca de dos años. “Lo que quiero es provocar un impacto positivo en la sociedad, que mi esfuerzo se traduzca en un beneficio para la vida de otras personas”, afirma. Para ello, este ingeniero electrónico de telecomunicaciones ha ideado una nueva manera de relacionarnos con los dispositivos.

Y su propuesta es de lo más llamativa: una especie de mando a distancia en forma de chicle o caramelo que se introduce en la boca para controlar distintos aparatos sin usar las manos ni la voz, lo cual facilita “interacciones discretas” en múltiples contextos, tal y como expuso el propio Gallego en la última edición de CHI, la conferencia internacional sobre nuevos interfaces para la relación hombre-máquina.

La aplicación más inmediata de ChewIt tiene como protagonistas a los usuarios de sillas de ruedas con motor, muchos de los cuales ya emplean mecanismos para arrancar, conducir y parar estos vehículos: desde jocksticks hasta los sistemas sip and puff (succión y soplido) pensados para personas con parálisis de cuello para abajo. “Pero las soluciones disponibles hasta ahora requieren mantener ocupada una mano o un esfuerzo muy superior a mi propuesta, que además es invisible cuando no se utiliza, por lo que es una tecnología que pasa inadvertida”, apunta Gallego.

En la práctica, la silla de ruedas obedece a distintas acciones realizadas con ChewIt, en función de lo que resulte más sencillo al usuario. Por ejemplo, es posible programar que el vehículo arranque al morder el “caramelo” y que pare con un segundo mordisco o que gire a derecha e izquierda cuando ChewIt se coloca a cada uno de esos mismos lados de la boca.

De momento, Gallego ha demostrado el funcionamiento de su prototipo y ahora está pendiente de cerrar colaboraciones con instituciones hospitalarias y universitarias de Barcelona para una investigación aplicativa con entre diez y veinte usuarios. La idea es que la experiencia de estas personas ayude a pulir la aplicación de este dispositivo a la movilidad y, a partir de ahí, pasar las regulaciones pertinentes para sacar el producto al mercado. “Si encuentro inversores, en el mejor de los escenarios podría lanzarlo en un plazo de entre seis meses y un año con un precio por debajo de los mil euros”, avanza.

  • La brecha que nos separa de los cíborgs

El proyecto de Gallego se enmarca en las investigaciones que realizó durante su estancia en el Aumented Human Lab fundado por Suranga Nanayakkara, un laboratorio que estudia nuevas interfaces de interacción entre el hombre y las máquinas. Tras una primera etapa en colaboración con el MIT en la Universidad de Tecnología y Diseño de Singapur, en marzo de 2018 Nanayakkara trasladó a su equipo a la Universidad de Auckland de Nueva Zelanda.

Gallego trabajó en ambas ubicaciones, entre febrero de 2017 y febrero de 2019, y a mediados de este año regresó a Barcelona dispuesto a sacar adelante ChewIt y otras nuevas propuestas del ámbito HCI (Interacción entre Humanos y Ordenadores, por sus siglas en inglés). “Algunos piensan que el futuro de la humanidad pasa por los cíborgs, mitad hombres y mitad máquinas.

"En cierto modo, esto ya está pasando, porque hay ejemplos reales, como los trabajadores que se han implantado chips RFID debajo de la piel de los dedos para acceder a sus oficinas, pero aún existe una brecha entre las personas y la tecnología”, señala. En su opinión, esa fisura es la que justifica la labor de los expertos en HCI, que deben seguir investigando para aportar nuevas interfaces que posibiliten todo lo que las máquinas pueden hacer por nosotros.

Más allá del mundo real

Para traducir cada acción a un movimiento concreto de una silla de ruedas, ChewIt combina un botón que detecta la mordida con una IMU, siglas en inglés de unidad de medición inercial. Esta última tecnología analiza la posición y orientación de un objeto mediante una combinación de sensores, como los acelerómetros y giroscopios necesarios para jugar a Pokémon Go, la aplicación que llevó la realidad aumentada hasta el gran público. Por lo tanto, y aunque no es la prioridad de Gallego, ChewIt también es la puerta de entrada a otras muchas interacciones entre el mundo real y el digital. “Puedes estar practicando al aire libre un juego con un espacio físico delimitado. Si sales de esa zona, el dispositivo que llevas en la boca lo detecta y podría enviar un mensaje de audio que solo escucharía el usuario a través de la vibración de los huesos del cráneo”, pone como ejemplo su creador.

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