Una imagen recurrente en los periodos estivales: largas colas de turistas esperando entrar en edificios históricos. Podrían ser lugares donde instalar los sensores predictivos de visitantes.
Una imagen recurrente en los periodos estivales: largas colas de turistas esperando entrar en edificios históricos. Podrían ser lugares donde instalar los sensores predictivos de visitantes.
Turismo

¿Y si ya conozco cuántos turistas me visitarán?

Las nuevas tecnologías, en especial el internet de las cosas y el 'big data', son de gran ayuda para que las localidades se sumerjan en un turismo predictivo capaz de anticipar y personalizar las experiencias de los viajeros

A lo de sol y playa conviene añadirle también tecnología. No es que el turismo en España haya cambiado tanto como para que se haya convertido de repente en Silicon Valley. Más bien es una variable que añadir a los chiringuitos, las tumbonas y las calas. Una ayuda, sobre todo centrada en internet de las cosas (IoT en sus siglas en inglés) y big data, con la que predecir la afluencia de turistas, sus rutas, dónde van a hospedarse y hasta qué monumentos visitarán si es un miércoles de marzo o un sábado de julio. Gracias a esta anticipación, no exenta de cierto margen de error, cualquier localidad puede tomar las medidas necesarias para que los visitantes cuenten con experiencias personalizadas.

La isla de Lanzarote es un buen ejemplo de lo que las nuevas tecnologías han habilitado. Pese a ser un proyecto incipiente, comenzado a principios de año, y con un futuro incierto debido a la revisión de la adjudicación, el camino hacia al turismo predictivo ha dado sus primeros pasos. Como explica Javier Paniagua, responsable de desarrollo de negocio de smart cities de Telefónica –encargada de desplegar la tecnología–, el objetivo es unir IoT con una buena analítica de datos para formular un futuro predecible. “Podrá verse la evolución de los viajeros, vaticinar su comportamiento y saber cuánta gente acudirá a la isla en un mes determinado. Así, todos los implicados, desde hoteles hasta atracciones turísticas, tomarán unas medidas determinadas”, sostiene.

La punta de lanza de la predicción son los sensores. Instalarlos en lugares turísticos clave, como el Mirador del Río, los Jameos del Agua y el Parque Nacional del Timanfaya, habilitará, en palabras de Paniagua, contar automáticamente a los visitantes, aprender su comportamiento y, con la ayuda de la información metereológica, prever su asistencia. Con más de 38 millones de turistas que han visitado España hasta junio y un gasto de 40.380 millones de euros, según datos del Instituto Nacional de Estadística, las nuevas tecnologías suponen una herramienta para mejorar estas cifras. “No se trata simplemente de aumentar los números, sino de perfilar el turista que queremos y ofrecerle las mejores condiciones en función de lo que ya podemos estimar”, recalca.

Para comprender todo lo que queda bajo la supervisión de este oráculo digital, Paniagua asegura que pueden dotar de sensores hasta las boyas marinas. “Nos serviría para sensorizar el tráfico marítimo y parte de la ocupación de una playa. Con el estudio adecuado, la predicción sería bastante sencilla”, razona. El turismo inteligente no conoce límites; pero no solo por su capacidad de prospección, sino también por el apoyo que dé a mejorar la sostenibilidad. En Lanzarote, por ejemplo, el Cabildo está comprometido con respetar aún más el medio ambiente de la isla con el inestimable apoyo de las soluciones digitales. Algo de lo que se benefician también los vecinos porque, con cierta anticipación, resulta más sencillo reducir la gentrificación de la ecuación.

  •  El Camino de Santiago a golpe de número

Adentrados en la Península, el pequeño pueblo leonés de Molinaseca, con 872 habitantes, se ha sumado a la aventura del turismo predictivo. La idea de fondo es mejorar sus servicios a los visitantes, particularmente para quienes paran por sus calles en medio del Camino de Santiago. Gracias al big data, los 70.000 peregrinos que acogen anualmente cuentan con una oferta a medida. Los alojamientos, la restauración o cualquier elemento necesario durante el recorrido se adapta a la época del año y al volumen previsto de caminantes. “Conocemos las fechas con mayor concentración, como el mes de agosto y las fiestas de San Isidro, y hacemos una cierta previsión turística. Piensa que llegamos a triplicar nuestra población”, afirma Silvia de Caso, responsable de la oficina de turismo de Molinaseca.

El cambio en este municipio ha sido casi vertiginoso. Solo llevan dos años con servicios de 24 horas 365 días al año y sus pocos habitantes han comenzado a notar cambios. Pese a que De Caso comenta que están empezando con la analítica de datos, el Ayuntamiento, con la colaboración de la Diputación de León, se ha involucrado por completo con las nuevas tecnologías. Para el turismo inteligente que pregonan, ya han conseguido trazar desde perfiles sociodemográficos hasta adelantarse a los comportamientos de los turistas. “Es fundamental captar toda la información posible, sea de hoteles o restaurantes, para elaborar un big data de valor añadido”, zanja De Caso.

Sea en una isla o en un pueblecito de interior, el turista no descansa. Lo que sí cambia es su comportamiento y preferencias. Para que la sensación de huida sea satisfactoria, la digitalización en un sector como el turismo, trascendental para España, ha apostado por predecir el futuro. Ciudades como Santander y Benidorm son otros dos nombres propios de esta quiromancia tecnológica. Salvo problemas de comunicación entre dispositivos de IoT y de falta de conectividad –sin transmisión de datos esto cojea–, solo queda comprobar si las previsiones que dibujen ayudan verdaderamente al sector. Que la bola de cristal decida.

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