Planta de baterias de Tafel en Nankin.
Planta de baterias de Tafel en Nankin.
Coche eléctrico

Visita al frenético mundo de las baterías chinas

El gigante asiático lidera el desarrollo de baterías para dar respuesta a las necesidades de los sectores tecnológico y de automoción.

Quedarse mirando cómo carga un teléfono móvil se antoja como una de las actividades más aburridas del mundo. Pero el asunto cambia radicalmente si el aparato en cuestión está equipado con la batería de 120W desarrollada por la china Vivo. Entonces la experiencia se convierte en algo fascinante. Y muestra de ello son los cientos de personas que, durante el pasado Mobile World Congress de Shanghái, fueron incapaces de resistirse a grabar cómo este componente se carga a toda velocidad. Y no es para menos, porque una batería de 4.000 mAh., como la que montan muchos smartphones actuales, solo tarda 5 minutos en alcanzar la mitad de su capacidad y 13 minutos en cargarse por completo.

No es la primera vez que el conglomerado tecnológico BBK, en el que se engloban Vivo, OPPO, y OnePlus, da la campanada con su tecnología de baterías. De hecho, el año pasado fue pionera en la comercialización de un móvil -el RX17Pro- con una batería de 50W que pasa de cero a cien en 45 minutos. La que más se le acerca es la de otro aparato chino, el Huawei P30 Pro, que se queda en 40W.

En cualquier caso, son solo unos ejemplos de cómo China está revolucionando el sector de las baterías. En parte por su capacidad de producción, que alcanza ya el 60% del total mundial en el caso de las de litio. Es un porcentaje que aumentará sustancialmente en la próxima década, porque Wood Mackenzie estima que la producción en China de todo tipo de baterías multiplicará por 2,5 la actual y alcanzará los 650 GWh en 2026. Los móviles supondrán una pequeña parte de esa cifra, porque el verdadero revulsivo serán los vehículos eléctricos.

Planta de Tafel, en Nankín

El país cuenta ya con el 99% de todas las bicicletas y autobuses eléctricos del mundo, y el año pasado los chinos compraron más coches eléctricos que la suma del resto del planeta. Hay más de 100 marcas diferentes, fruto de una estrategia nacional que ha dado claros frutos. “El Gobierno ha hecho del desarrollo de las energías limpias una prioridad, y ha puesto los medios para que la industria se desarrolle, incluyendo la cesión de terrenos para las fábricas, el acceso a financiación, y ayudas a la formación de talento”, explica Yao Shijing, vicepresidente de Tafel, uno de los principales fabricantes de baterías de China.

Una decidida apuesta por construir la infraestructura de carga y los generosos subsidios a la compra de vehículos eléctricos han convencido a una población que ya estaba acostumbrada a cargar por la noche las bicicletas que llenan las calles. Ahora, poco a poco, Pekín irá retirando las ayudas, pero la mayoría de las empresas confía en que el mercado haya alcanzado la masa crítica necesaria para que continúe desarrollándose de forma orgánica. “Otra de las razones más importantes por las que China ha dado este salto está en las materias primas. La mayoría de los materiales que necesitamos están en el país”, añade Yao. No en vano, China controla entre el 54% y el 77% de los cuatro con los que se producen las baterías: ánodos, cátodos, electrolitos, y separadores.

El cuartel general de Tafel Nankín, al que ha podido acceder EL PAÍS Retina con un inusual permiso para tomar fotografías, es un fortín. Equipado con avanzadas medidas de seguridad para evitar incendios y utilizando la maquinaria más moderna, en su interior una maraña de cintas transportadoras y un generoso número de robots va procesando los materiales y sumando células que luego serán activadas para propulsar todo tipo de aparatos. “Nuestro objetivo es ir más allá. Para desarrollar baterías con mayor capacidad, carga más rápida, y un ciclo de vida más largo, hemos establecido un ambicioso centro de I+D”, detalla Yao.

Planta de Tafel en Nankín

De momento, el vicepresidente asegura que Tafel es ya es la empresa que produce las que más duran. “Al menos 10.000 ciclos. Eso supone que, si se carga una vez al día, la batería durará mucho más que el coche. Por eso, nuestra idea es reutilizarlas: de vehículos que requieren mayor potencia, pasarlas a otros que no necesitan tanta; y, finalmente, utilizarlas para almacenar energía. También las podemos usar en las torres de las nuevas redes 5G. Eso nos permitirá reciclar los materiales y reducir considerablemente el impacto medioambiental”, subraya el directivo.

China también se ha embarcado en una batalla para reducir el precio de las baterías. Y parece que la está ganando. Según un informe cuyos resultados ha publicado el South China Morning Post, un proyecto financiado durante 15 años por la Academia China de la Ciencia ha dado como resultado una nueva técnica para separar el litio del resto de materiales con los que aparece mezclado de forma natural, y eso ha provocado un importante descenso en el costo de su extracción. El informe afirma que el precio ha caído hasta los 15.000 yuanes por tonelada (1.900 euros), en torno a la décima parte de lo que cuesta en el resto del mundo. Teniendo en cuenta que la batería representa hasta el 50% del precio de un vehículo eléctrico, este avance repercutirá directamente en su adopción por parte el público general. “Y luego vendrá la revolución de las baterías sólidas”, avanza Yao con una sonrisa.

El mejor ejemplo

La empresa que mejor ejemplifica lo que sucede en China es BYD. Nació como fabricante de baterías, probó suerte en el sector de la automoción de combustión con resultados discretos, y su éxito ha llegado con la combinación de ambas tecnologías: ya es la segunda marca de vehículos eléctricos más vendida de China y el mayor productor de autobuses movidos con baterías del mundo. No solo los vende dentro de sus fronteras: sus taxis eléctricos están en Barcelona, y sus autobuses en varias ciudades españolas, incluida Madrid, que los incorporará el año que viene.

Sin duda, la nueva era de la automoción se ha convertido en la gran oportunidad de BYD. Pero, para exprimirla al máximo, tiene que invertir ingentes sumas de dinero en la ampliación de su capacidad para producir baterías, otra de las limitaciones a las que se enfrenta el país. “Actualmente, no somos capaces de dar respuesta a la demanda existente”, reconoce Richard Li, responsable de comunicación de la empresa.

Planta de BYD en la provincia occidental de Qinghai

Por eso, BYD inauguró en junio del año pasado una nueva fábrica en la provincia occidental de Qinghai -rica en litio- con capacidad para 24 GWh., y aumentará su tamaño para convertirla en la mayor del mundo a finales de este año, cuando será capaz de producir 60 GWh. En China, todo se hace a lo grande.

Retina

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