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En busca de la cocina inmortal: investigación a favor de la durabilidad
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En busca de la cocina inmortal: investigación a favor de la durabilidad

Sistemas inteligentes de ayuda, conectividad, diseño y facilidad de uso marcan la cima de los electrodomésticos de cocina del siglo XXI. En Miele tienen claro cómo producirlos y cuál es su público.

Gütersloh es una plácida localidad alemana de apenas 100.000 habitantes situada en el Estado de Renania del Norte-Westfalia. Nadie la mencionaría entre las 10 ciudades más conocidas de este país en una encuesta aleatoria. Ni siquiera entre las 20. Pero una vez cada cinco años, Gütersloh sale del anonimato para convertirse en referente universal de la innovación, el diseño y el vanguardismo tecnológico en los electrodomésticos de cocina.

Ese día ha llegado. Y en Gütersloh, el cuartel general de la multinacional alemana Miele es un torrente de agitación. Se exhibe la nueva gama de electrodomésticos empotrables, denominada Generación 7000. El internet de las cosas, los sistemas de ayuda inteligente de cocina, la ergonomía o los sensores que anticipan proximidad humana ante un aparato están aquí omnipresentes en hornos, lavavajillas, frigoríficos o placas de inducción.

“La cocina se ha convertido en un símbolo de estatus social”, proclaman en la empresa. Un área de la vivienda que antes apenas se mostraba por pudor es hoy un distintivo más de relevancia, como lo puedan ser el jardín, la piscina, el coche o los viajes.

El horno con cámara incorporada es un ejemplo de esa innovación aplicada a la práctica. Cuenta con protección térmica para soportar altas temperaturas y envía imágenes en alta definición a la app del teléfono móvil para que el usuario compruebe el estado de cocción a distancia y sin necesidad de abrir el horno y perder temperatura.

“Cada año registramos 300 patentes en Miele. En primer lugar, registramos nuestros sistemas en Alemania para, en un segundo paso, extender esa patente a toda la UE”, explica a EL PAÍS Retina Gernot Trettenbrein, director internacional de Electrodomésticos de Cocina de Miele.

La inteligencia aplicada a los aparatos de cocina planea sobre cada nuevo electrodoméstico de la Generación 7000. El TasteControl, por ejemplo, es un sistema que evita que los alimentos se cocinen en exceso en el horno, enfriando rápidamente el interior al final del programa y eliminando el calor residual sin necesidad de estar físicamente pendientes. RemoteService, por su parte, es una función que actualiza el software en los aparatos por transferencia de datos sin necesidad de que el servicio técnico llame a la puerta.

“Invertimos aproximadamente en I+D+i el 5% de nuestro volumen anual de negocio. Cada una de nuestras fábricas dispone además de un presupuesto anual específico para este capítulo”, añade Trettenbrein. “En comparación con nuestros competidores, somos una compañía pequeña. Para nosotros es vital tener claro el foco y concentrarnos en aquello que creemos. Nuestra visión, en términos de digitalización, es lograr una vida más sencilla buscando la conectividad”, sentencia.

Ciberseguridad doméstica

La mayoría de los nuevos aparatos incorpora, en efecto, un módulo wifi integrado que puede ser manejado vía teléfono móvil o tableta. Una tendencia imparable. “Pero la ciberseguridad es un gran reto. Cuanto más intensa es la conectividad, más peligro”, admite sin evasivas Trettenbrein. “Durante los últimos años hemos contratado a expertos centrados exclusivamente en este campo y trabajamos con grandes institutos alemanes especializados en seguridad de los datos. Somos muy conservadores en este aspecto”.

La durabilidad del producto es otro de los fundamentos industriales de la multinacional alemana. Llega casi al grado de obsesión. Como el logotipo de Miele, que apenas ha variado a lo largo de la historia. O como la lavadora de madera, en producción hasta bien entrados los años sesenta, que se exhibe en el venerable museo de esta compañía.

“Somos la única empresa que somete a test todos sus productos para garantizar una vida útil de 20 años”, dice el responsable de Electrodomésticos. “Creemos en un perfil de clientes que aprecian ante todo la calidad. Nuestros productos son más caros por su mayor calidad y por sus costes de producción más elevados”, explica. En la cercana factoría, en efecto, lavadoras ya ensambladas giran y giran sobre la cinta transportadora del área de pruebas para comprobar que no hay fugas de agua, errores de funcionamiento o sobrecargas eléctricas.

Una lavadora de madera y un coche de 1912 (antes los fabricaba), en el museo Miele. Arriba, presentación de productos y piezas listas para su ensamblaje.

Los tests se efectúan en condiciones operativas reales y cualquier contingencia obliga a desandar el camino emprendido. La sostenibilidad y el medioambiente son otros argumentos de Miele en favor de la durabilidad de sus productos. “Lo mejor que se puede hacer para respetar la naturaleza es que tu electrodoméstico dure mucho y no lo renueves habitualmente”, dice este alto ejecutivo. “Por eso contamos con las mejores clasificaciones en eficiencia energética”, asegura Trettenbrein.

Escenarios, juegos de iluminación, chefs y performances se suceden en la presentación de la Generación 7000. Es casi un parque temático en el que el reto de abrir un frigorífico se resuelve pulsando levemente con dos dedos o en el que da igual dónde depositar la sartén en la placa de inducción, puesto que sus sensores la detectarán esté donde esté. La última generación del llamado Dialogue Oven (horno del diálogo) cocina simultáneamente varios alimentos con distintos tiempos de cocción en una única bandeja.

Dos antenas miden la cantidad de energía absorbida por la comida y ajustan la intensidad. No es necesario introducir o extraer alimentos calculando el tiempo de horneado. De la misma forma, es capaz, por ejemplo, de cocinar en su punto un pescado en el interior de un grueso bloque de hielo sin derretirlo.

Un estudio de diseño

Cocinar no solo debe ser una actividad agradable, sino placentera a la vista, sostienen en Miele. De ahí que el diseño industrial sea inherente a su gama de productos, con líneas modulares pulcras, limpias y muy sencillas. Una bendición para cualquier interiorista. “Diseñamos aquí todos nuestros productos”, indica Trettenbrein. La simplicidad de los electrodomésticos empotrados salta a la vista. Se mimetizan con la pared y el entorno físico. Menos es más, parece ser la consigna.

“Nuestro departamento de Diseño cuenta con un equipo de 40 personas encargadas de concebir las formas geométricas, los materiales empleados o los colores en cada producto. Pero la facilidad de uso también forma parte del diseño y en este caso no es un elemento subjetivo. Por eso recurrimos a muchos focus groups que se aseguran del manejo sencillo de todos nuestros productos”. En la interfaz de usuario, las pantallas táctiles con iconos y los displays han ido arrinconando a los viejos botones y ruedas de programación. Los perfiles profesionales que más encajan en esta cultura de la innovación en Miele, según Trettenbrein, “son los de jóvenes expertos en electrónica, tanto en hardware como en software, orientados al desarrollo tecnológico, y profesionales especializados en ecommerce y en digitalización”.

Cerca de la sede corporativa de Miele en Gütersloh, Alemania, se ensamblan las lavadoras y se preparan las nuevas vitrocerámicas de la marca, que detectan los utensilios se dejen donde se dejen.

Pero, ¿quién compra electrodomésticos con tal alto grado de sofisticación? “Nuestro consumidor tiene entre 45 y 50 años de edad, vive en casas grandes junto a su familia y adora cocinar y experimentar con nuevos productos”, apunta Trettenbrein. “Le gusta estar en la cocina pero no por razones utilitarias, sino para disfrutar junto con su familia y amigos. En el futuro desearíamos apuntar a un target de población más joven”, explica. Un cliente, en definitiva, que usa la cocina, la exhibe sin complejos, no escatima en precios y tiene tendencias gourmets.

Hasta aquí el presente. ¿Qué nos deparará el futuro en este sector? “Cada vez más gente no sabe cocinar, especialmente las jóvenes generaciones”, responde el estratega de electrodomésticos. “En el futuro cobrarán una gran importancia los sistemas que ayuden a estos consumidores. La inteligencia artificial en los electrodomésticos se encargará de que no tengas que hacer nada cuando llegue tu suegra a casa. Simplemente poner el plato dentro, sentarte y esperar”.

Control integral del ciclo

El mando interno absoluto en todos los procesos forma parte de la idiosincrasia empresarial de Miele. Nada se deja en manos de terceras partes. A tal extremo que la empresa cuenta con su propia fundición, cercana a la sede corporativa, para troquelar sus piezas metálicas. El diseño y producción de la electrónica son también propios, así como el peculiar esmaltado de las rocosas lavadoras. Ese mismo espíritu de control se observa en la gama de productos, optimizada para su uso con los hallazgos de sus propios laboratorios de investigación. “Creemos firmemente en la venta de sistemas integrales”, admite Gernot Trettenbrein, director internacional de electrodomésticos de cocina. “Desarrollamos detergentes para resultados perfectos en nuestras lavadoras y lavavajillas. Para los hornos tenemos un restaurante online, MChef, que facilita la materia prima para elaborar platos gourmet”. Y Miele ha desarrollado mezclas propias y tuestes para sus máquinas de café que también comercializa como producto. Con ventas superiores a los 4.000 millones de euros, estamos ante una compañía singular; con 20.000 empleados, mantiene su carácter de empresa familiar y no cotiza en Bolsa, lo que la mantiene alejada de operaciones especulativas. La mayoría de los 70 socios de Miele desciende de alguno de los dos fundadores, Carl Miele o Reinhard Zinkann.

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15/07/2019
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