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Damià Tormo, cofundador de Columbus Venture Partners.
Damià Tormo, cofundador de Columbus Venture Partners.

Damià Tormo: “España no se toma la ciencia en serio”

Tormo dejó su carrera como investigador y fundó Columbus Venture Partners, que acaba de cerrar la financiación de su segundo fondo, centrado en las ciencias de la vida, con casi 70 millones de euros

Acercar los avances de la ciencia a las personas para mejorar sus vidas. Es el motor que ha movido la vida profesional de Damià Tormo (Valencia, 1981). Dejó su carrera como investigador en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) para trasladar sus descubrimientos en el laboratorio a pacientes reales. Fundó para ello Bioncotech, su primera startup, y no ha parado desde entonces. “No quería que mi proyecto científico se quedase en un artículo en una revista”, asegura.

Damià Tormo posa para EL PAÍS RETINA

Con esa idea en mente, el científico fundó varias empresas en el ámbito de la biotecnología en España y Estados Unidos. Allí conoció a Javier García, entonces vicepresidente de Desarrollo de Negocio de la farmacéutica Lilly. Empezaron a trabajar juntos y fundaron Columbus Venture Partners como vehículo para crear nuevas empresas y conseguir dinero para varias a la vez. En su primer fondo, que lanzaron en 2016, gestionaron 40 millones de euros. Ahora acaban de cerrar el segundo con casi 70.

¿Qué particularidades tiene Columbus?

Una de las principales diferencias con otros fondos es que no solo ponemos dinero sino que somos fundadores de la mayoría de las empresas en las que invertimos. Son empresas que no existían antes. Cuando montamos el fondo, hacemos un trabajo previo, de manera que los inversores que nos apoyan conocen de antemano todas o la gran mayoría de las operaciones que vamos a realizar, incluso algunas desinversiones. Eso les proporciona tranquilidad y permite acelerar el proceso. Tenemos un periodo de inversión de dos a tres años y otros dos a tres de desinversión. Son fondos de unos seis años de vida frente al estándar de diez más dos.

Columbus se centra en el sector de las ciencias de la vida. ¿En qué en concreto?

El 50% va a parar al ámbito bioindustrial, allí donde haya una gran necesidad de mercado y una tecnología innovadora que la resuelva. Son productos que se están demandando y que no existen, pero que gracias a innovaciones tecnológicas pueden desarrollarse. En muchos casos tienen que ver con manufactura de terapias avanzadas, como la génica [introducción de genes específicos en un paciente para tratar los fallos de su ADN]. El otro 50% lo destinamos a tecnología disruptiva. Por ejemplo, a nuevos fármacos que solucionen problemas médicos que no están cubiertos.

Podemos aprender mucho de la política fiscal de Francia para impulsar la inversión en i+D+i

¿Algún ejemplo?

Con el primer fondo invertimos en siete empresas. La gran mayoría estarán vendidas o con una salida ya definida a finales de 2019 y ya hemos desinvertido en todas. Entre ellas está el primer Centro de Protonterapia de España, que estamos poniendo en marcha junto con el grupo Quirónsalud. Se trata de una nueva tecnología de radioterapia con menos efectos secundarios que ya se estaba aplicando en otros países.

También somos impulsores de Viralgen, una de las fábricas más avanzadas del mundo en terapia génica. La estamos construyendo en el Parque Científico y Tecnológico de Guipúzcoa (San Sebastián) junto con la empresa norteamericana Askbio. Como ejemplo de transferencia tecnológica tenemos Vivet Therapeutics, empresa que aplica terapia génica a problemas de hígado. La creamos desde cero. Ahora Pfizer ha adquirido una participación del 15% en la startup y una opción de compra cuando acabe la prueba de concepto. Ambas compañías trabajan juntas para desarrollar un tratamiento para la enfermedad de Wilson, un trastorno hepático raro, crónico y potencialmente mortal.

¿Con qué criterios invierte Columbus?

Invertimos sobre todo en España, aunque también fuera, como en el caso de Aura Biosciences, una empresa ubicada en Boston (EE UU) que desarrolla un tratamiento para un tipo de tumor de ojo que está en esa ciudad. La clave es que sea un producto disruptivo, que tenga un valor importante para el paciente y buenas perspectivas de salida o venta. También cuenta mucho el equipo científico involucrado. Nos da igual si se trata de un proyecto en el laboratorio o de una empresa ya creada.

¿Es mejor que lideren los científicos o ponerles a un CEO?

No creo que sea cierto que solo se pueda invertir en proyectos fundados por el investigador o investigadora. Si quieren seguir investigando, no tenemos ningún problema en buscar a un equipo de dirección. Lo que importa es que la ciencia que haya detrás sea de calidad.

Hay muchísimos grandes proyectos científicos y queda espacio para más inversores.

¿Se hace ciencia de calidad en España?

Hay muchísimos grandes proyectos, tanto de científicos como de empresas. El hecho de que nosotros hayamos cerrado dos fondos en solo tres años es un muy buen indicativo. Nos llegan ideas buenas pero no podemos invertir en todas. Hay espacio para más inversores.

¿Ha cambiado el ecosistema emprendedor de la ciencia desde su etapa como científico?

Sin duda. Cuando yo empecé a emprender no era tan habitual que los investigadores creásemos empresas. Ahora se entiende la importancia de que la ciencia llegue a la sociedad no solo en forma de conocimiento sino de producto; que la ciencia aplicada a las personas es tan importante como la ciencia básica. En eso hemos evolucionado mucho.

¿Y ha habido alguna involución?

Sí, y clave. El presupuesto de I+D+i no solo sigue bajando, sino que un gran porcentaje de él no se utiliza. Se acaba de dar a conocer una cifra alarmante: de los 7.003 millones de euros destinados a proyectos científicos en 2018 solo se usaron 3.278. Para tener una economía avanzada necesitamos cambiar eso. Está claro que algo no está funcionando cuando además tenemos muy buenos investigadores en España.

¿Cuáles serán las consecuencias?

Estamos aún viviendo de años pasados, cuando la ciencia se tomaba más en serio. Las empresas que hoy están realizando ensayos clínicos asentaron su ciencia base hace una década. Esto ha llevado a una explosión de proyectos en los últimos seis a siete años que no va a mantenerse. Si España quiere ser algo más que un país de servicios y mantener el Estado de Bienestar va a tener que creérselo y apostar por la I+D+i.

¿Se puede aprender de otros países?

Podemos aprender mucho de las políticas fiscales de vecinos como Francia. Allí las empresas que invierten en I+D+i pueden monetizar el 30% de la suma dedicada a ello para invirtir más. El resultado es que una empresa francesa que hace I+D+i tiene más capital que una española que se dedica a lo mismo. Por otra parte, la Ley de Mecenazgo no está tan avanzada en España como en otros países.

De capital riesgo a filantropía, ¿por qué la Fundación Columbus?

Creamos la fundación porque hay muchos proyectos con los que creemos que podemos aportar algo a la sociedad pero que no tienen sentido como empresa y, por tanto, no podemos invertir en ellos como fondo. Si sabemos que existe una solución para una enfermedad, no podemos mirar hacia otro lado. Por eso, una parte significativa del dinero que recibe la gestora lo destinamos a la fundación y usamos nuestra red de contactos para que apoyen esta causa.

Las startups a seguir, según Tormo

Abac Therapeutics. Escisión de la farmacéutica Ferrer que desarrolla un antibiótico contra el Acinetobacter baumannii, una superbacteria mortal resistente a antibióticos que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), actualmente es la principal amenaza patógena para la que no existe tratamiento.

Sanifit. Empresa derivada de la Universidad de les Illes Balears que está desarrollando un fármaco contra las calcificaciones producidas por el exceso de calcio. El medicamento está cerca de llegar a la fase III clínica, la última antes de la comercialización del producto. “Tiene potencial para resolver un grave problema médico”, asegura .

Algenex. Startup científica que ha desarrollado un proceso para obtener el principio activo de las vacunas de manera más rápida, barata y sencilla que la actual, mediante la utilización de crisálidas (larvas de oruga). “Acelera la producción de vacunas a la vez que reduce su coste para hacerla más asequible a la población”, destaca Tormo.

Viralgen Vector Core. Esta empresa — invertida por Columbus— produce virus modificados con una tecnología que permite el escalado de virus a gran volumen y unos rendimientos de producción para uso humano superiores a otros en el mercado. “Viralgen está contribuyendo a paliar algunas de las peores enfermedades raras”.

Vivet Therapeutics. Empresa fundada por la Universidad de Navarra y por Columbus. Está centrada en el desarrollo de nuevos tratamientos basados en terapia génica para enfermedades raras hereditarias, como la enfermedad de Wilson. Acaba de cerrar un acuerdo con Pfizer.

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25/08/2019
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