Andrew Mcafee, en Munich en enero de 2018.
Andrew Mcafee, en Munich en enero de 2018.
Inteligencia artificial

McAfee: “No podemos basar nuestro modelo en la industrialización y el combustible”

La innovación es el camino para que todo el mundo tenga esa mejor vida y prosperidad que quiere”, asegura Andrew McAfee, codirector de la iniciativa MIT sobre economía digital.

La búsqueda de respuestas a los grandes interrogantes sobre la tecnología. Este era uno de los anhelos de los directores ejecutivos que coparon el foro CEO Digital Business Summit, organizado por la escuela de negocios ESIC. Mucha corbata y mucho traje de altos cargos, pero casi ninguna mujer, para hallar alguna certeza al cambio empresarial que ha supuesto la digitalización. Uno de esos oráculos a los que mirar durante la intervención fue Andrew McAfee, codirector de la iniciativa MIT sobre economía digital. Pocos rodeos dio a la hora de lanzar su mensaje más recurrente en los 15 minutos que tomó la palabra: “La inteligencia artificial es de esas tecnologías que cambian la historia de la humanidad, al igual que sucedió en los siglos pasados con la máquina de vapor y la electricidad”.

Puesta la primera piedra del debate, tocaba el momento de convencer a los asistentes de que la senda por recorrer para sus empresas tenía que ser esta. McAfee explicó que, si bien es cierto que la inteligencia artificial se había revestido de grandes promesas, muchas incumplidas, ahora el machine learning mostraba su crecimiento gradual y exponencial. “Mejora los procesos más rápido que cualquier otra tecnología, sirve para la creación y aplicación de múltiples tareas y cambia el modelo económico”, argumentó. Su defensa férrea dejó escasos peros por el camino. El más reseñable, aparte de recordar a la audiencia que subestimamos su capacidad de transformación, tiene nombre de país y es China. “Llevan la ventaja y este puede ser su siglo. No sé si será verdad, aunque espero que no”, deseó.

En medio del monopolio discursivo sobre el aprendizaje automático, César Cernuda, presidente de Microsoft Latinoamérica, intentó aportar algunas claves del porqué ante tanto hype. En su opinión, el boom de la inteligencia artificial tiene relación directa con el boom de los datos y de los algoritmos. Causa y efecto, básicamente. “Antes era costoso obtenerlos, almacenarlos, y procesarlos. Esto ha cambiado por completo gracias a internet, la computación en la nube y este tipo de innovaciones”, añadió. Cernuda apeló a que todas las organizaciones se deshagan de cualquier miedo ante esta transformación. Tal y como precisó, la inteligencia artificial la utilizamos a diario, ya sea con simples búsquedas en Google o llamando a Alexa, y solo hay que ahondar en naturalizarla lo máximo posible.

McAfee volvió a la carga con todo lo que, a priori, nos jugamos como sociedad en el siglo XXI si damos la espalda a la inteligencia artificial y otras nuevas tecnologías. “No podemos basar el modelo de riqueza en la industrialización y el combustible. La innovación es el camino para que todo el mundo tenga esa mejor vida y prosperidad que quiere”, aseguró. Sin llegar al catastrofismo, planteó que el futuro de miles de millones de habitantes poco más que dependerá de la adaptación a esta nueva realidad. “Unos sobrevivirán y avanzarán y otro, no; pero lo que no podemos permitirnos es que la gran mayoría se quede atrás”, zanjó. Provocación o no mediante, y con un toque darwinista, McAfee no escatimó palabra alguna en su predicción de futuro. 

Dosis de humanismo ante tanta tecnología

Entre tanta tecnología, Eduardo Gómez Martín, director general de ESIC, incorporó cierta dosis de humanismo al debate. A la par que aseguró que las compañías están tambaleándose por el cambio de paradigma económico y empresarial propiciado por la digitalización, sus palabras pusieron en valor al ser humano. “¿Queremos dejar todo en manos de algoritmos? ¿No sería mejor conocernos mejor en vez de que lo haga una máquina por nosotros?”, se preguntó. No fueron meras preguntas retóricas. Las contestó con una firme defensa del humanismo. “Hay que sacar lo genuino del hombre, como los sentimientos, la belleza y la creatividad, y mezclarlos con la tecnología. ¡Que no nos engañen! Innovación no es contraria a humanidad”, exclamó.

Con la inteligencia artificial en un segundo plano, Gómez también centró parte de su alegato humanista en los cambios producidos en el liderazgo. Desechó los tiempos de los grandes motivadores por otros en los que ha de imperar la humildad. Aquellos que cuentan con corazón, hábito y armonía. “El éxito está sobrevalorado. Esto es lo que se está imponiendo en las organizaciones. Los jóvenes deben buscar un nuevo rol como este”, apuntó. Pequeños retazos en los que la transformación juega un papel trascendental. No solo de técnica viven las empresas, aunque el director general de ESIC es consciente de que los grandes retos que afrontarán las compañías guardan una relación directa con las disrupciones tecnológicas, independientemente del área a la que afecten.

Los mensajes fueron lo suficientemente claros como para no albergar muchas dudas del presente y futuro que le aguardan a las organizaciones. Cernuda pidió evitar el conformismo y caer en un vicio tan humano como la aversión al cambio. “El gran problema sería decirnos a nosotros mismos que esto no va a pasar cuando ya es más que un hecho”, advirtió.

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