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Experimentos con la renta básica universal

Experimentos con la renta básica universal

Repasamos los pros y contras de esta medida, así como algunos de los ejemplos reales que se han implementado

Entre la deriva y el naufragio utilizando ese lenguaje tallado en piedra que emplean a veces los economistas casi todos admiten que la avalancha tecnológica que vive el mercado laboral dejará “perdedores”. Las heridas profundas las sentirán quienes no sean capaces de adaptar sus conocimientos al mundo digital.

Esperando al robot, por Jaime García Cantero

“La falta de estas habilidades tecnológicas, de esta alfabetización tecnológica va a provocar con toda seguridad un paro estructural en España del 12% o 15%”, augura Emilio Ontiveros, presidente de Analistas Financieros Internacionales (AFI). De ahí no se podrá bajar. “Garantizar aquello que en los años sesenta se llamó el pleno empleo hoy es una entelequia”, asume el economista Jordi Arcarons. Y detrás de esos números y esas palabras habita la existencia, cada vez más difícil, de miles de familias. Hay que hacer algo. “El cuidado de los excluidos es una prioridad”, defiende Ontiveros.

Una de las vías para construir un puente que mitigue la fractura es la renta básica. En su materia más prístina es un pago universal (para todos los miembros de una comunidad), incondicional (sin tener en cuenta riqueza e ingresos) e ilimitado en el tiempo. Pero existen infinidad de modelos que se están probando en Finlandia, Kenia, India, Utrech, Namibia o Barcelona. Su gramática se dicta entre el ensayo y el error.

Para el 80% de la población su renta resultaría más alta y para el 20%, más baja

Los resultados preliminares del experimento finlandés (dar 560 euros al mes sin condiciones a un grupo de parados a lo largo de 2017 y 2018) vierten oscuridad y luz. La empleabilidad no mejoró pero sí la autoestima, la salud y la esperanza. Esa que da saber que entrará seguro dinero en casa. Más cerca, en España, todavía faltan por llegar las conclusiones de la capital catalana, donde unas 1.000 familias de barrios con pobreza crónica reciben una renta media de 568 euros al mes. Sin embargo, Daniel Raventós, doctor en Ciencias Económicas y presidente de la Red de Renta Básica, revela uno de los primeros hallazgos: “Se está constatando una mejora de la salud mental”.

Dentro del batiburrillo en el que, sobre todo los políticos, han convertido el concepto de renta básica “se ha demostrado que solo funciona la universal”, subraya el economista Lluís Torrens. “La renta mínima condicionada [como la del M5S italiano, que al final se ha quedado convertida en un subsidio de paro por un máximo de 780 euros] resulta ineficiente porque tiene problemas de acceso debido a la burocracia y, en nuestro caso, a la descentralización autonómica”.

Sin duda, implantar un ingreso de este tipo trae muchos cambios. La clásica nómina tendría una lectura distinta. Veámosla. Estaría compuesta por el sueldo, la retención de la Seguridad Social, un IRPF (más alto que el actual) y un ingreso que correspondería a la renta básica. Estas sumas y restas generan un importe líquido. “Para el 80% de la población su renta resultaría más alta y para el 20%, más baja”, estima Torrens. El coste total —según los cálculos del economista elaborados con datos de 2010 y sin tener en cuenta el País Vasco y Navarra, porque tiene un régimen fiscal distinto— oscilaría entre 20.000 y 35.000 millones de euros.

La pregunta, ahora, es cómo se financia. Existen varias rutas, en un país cuya tributación está entre siete y ocho puntos por debajo de la media europea. Por ejemplo, un gravamen al carbono, que revertiría su recaudación a esta renta, o una mayor imposición fiscal sobre los más ricos. Medidas que alivian la inexorable desigualdad del mundo y evitan el riesgo de un estallido social. “Va a ser necesaria”, aseguró Elon Musk, fundador de Tesla, durante un encuentro en Dubái hace dos años con otros multimillonarios, incluidos Mark Zuckerberg, de Facebook, y Stewart Butterfield, creador de Slack, quienes apoyan la renta básica universal.

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