¿Dejarías que un desconocido eche un vistazo a tu teléfono?

¿Dejarías que un desconocido eche un vistazo a tu teléfono?

Un reciente estudio refleja que las personas están más dispuestas de lo que piensan a dar su consentimiento ante este tipo de solicitudes

Dejarías que un desconocido eche un vistazo a tu teléfono? La pregunta que encabeza este artículo es de respuesta rápida para la mayoría: por supuesto que no. Muy pocos son capaces de afirmar que aceptarían dejar su teléfono móvil desbloqueado a una persona con la que no tienen confianza para que eche un vistazo a lo que esconde en él. No obstante, si nos encontráramos en la situación, más de uno acabaría cediendo.

Existe un factor psicológico que hace que rechazar el consentimiento resulte más difícil de lo que puede parecer en un primer momento. En contra de lo que piensa la mayoría, no es necesario que exista una presión importante para que acabemos cediendo. Así lo demuestra un estudio cuyos resultados han sido publicados recientemente en The Yale Law Journal.

En un artículo en The New York Times, Roseanna Sommers y Vanessa K. Bohns, las investigadoras principales del estudio, explicaban que, cuando la justicia trata de averiguar si un acusado ha realizado su declaración de manera voluntaria, tienden a buscar marcadores claros de coerción —la forma en la que fue interrogado, si existen indicios de amenazas que hayan podido influir en su testimonio...—, pero este enfoque malinterpreta la psicología del consentimiento.

“Por lo general, se necesita mucha menos presión de la que parece asegurar el consentimiento de la gente”, señalaban al respecto. “La policía no necesita usar armas para que las personas accedan a sus solicitudes; sólo necesitan preguntar. Nuestra investigación muestra que una solicitud cara a cara simple y educada es más difícil de rechazar de lo que creemos”.

Los investigadores solicitaron de forma educada a un grupo de participantes en el estudio que les dejasen sus teléfonos desbloqueados para comprobar lo que almacenaban en ellos, sin que estos supieran que esta petición formaba parte del experimento. Otro grupo se limitó a responder cómo consideraban que reaccionarían ante una solicitud similar.

Una solicitud simple y educada es más difícil de rechazar de lo que creemos

El 14% de este último grupo contestó que una persona razonable no dejaría su móvil a merced de los investigadores solo por que estos se lo pidieran y el 28% reconoció que podría dejar su teléfono a un desconocido. Los pronósticos de estos participantes no podrían estar más alejados de la realidad: el 97% de los miembros del primer grupo —aquellos a quienes los investigadores pidieron directamente el móvil— terminaron por entregarlo.

Además de la marcada predisposición ante una petición que ataca directamente la privacidad de los usuarios, llama la atención la percepción errónea que tenemos acerca de cuál será nuestra reacción. Para profundizar en este punto, elaboraron una nueva encuesta en la que ofrecieron a los participantes la oportunidad de ganar dinero si predecían con qué frecuencia los conductores detenidos por la policía daban su consentimiento para que esta revise su vehículo. La estimación promedio de los encuestados fue que apenas el 65% de los conductores accedía, una cifra que no se corresponde demasiado con la realidad: son más del 90% los que ponen facilidades cuando las autoridades realizan este tipo de peticiones.

Las investigadoras resaltan esta tendencia a subestimar el potencial de la influencia social, que relacionan con los estudios acerca de la obediencia del psicólogo Stanley Milgram. En ellos, los participantes debían seguir instrucciones para administrar descargas eléctricas a víctimas inocentes. La principal sorpresa que se llevaron los organizadores de estos experimentos fue la extremada buena voluntad de los adultos al aceptar la mayoría de peticiones solicitadas por la autoridad.

Retina

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