Agro 4.0: tractores autónomos en Sevilla
Agricultura

Agro 4.0: tractores autónomos en Sevilla

Robots, sensores, fotografía espectral, telemática, monitoreo satelital, IA, IoT... La revolución digital agrícola tal vez sea la más discreta de todas. Aqui van tres casos en España que tratan de aumentar la producción con menos recursos y situar al agricultor en el centro del huerto

Junto a la carretera avanza campo a través una flota de máquinas sin conductor. Se trata de tractores autónomos con tecnología Trimble montada por la empresa española Agrosap. Un tractor como cualquier otro en apariencia pero equipado con un sistema de autoguiado GPS. A partir de un mapa digital de la parcela, el vehículo siega o abona a la carta, ajustando las dosis. El tractorista se limita a supervisar la programación en pantalla y a silbar tranquilo.

Comodidad, precisión y ahorro, tan solo es un ejemplo de esta agricultura dotada cada vez más de aperos del siglo XXI para facilitar la toma de decisiones. Agrosap tiene su sede en el polígono Pisa de Sevilla. Distribuidora oficial de la multinacional de sistemas GPS Trimble, lleva diez años en la agricultura de precisión apoyando la investigación y el I+D+i, con vehículos y sistemas mecánicos de control de malas hierbas, sensores y software.

Su radio de acción es la parte occidental de la península Ibérica y uno de sus centros operativos está en el campus de la Universidad Pública de Sevilla. Allí nos reciben varios de sus técnicos, así como los fundadores: el gerente Salvador Correa y el profesor Manuel Pérez, auténtico artífice de esta spin-off universitaria que es Agrosap, activa desde 2007.

Pérez imparte además el primer máster de Agricultura Digital e Innovación Agroalimentaria “porque había una demanda por parte de las empresas de un perfil de agrónomos con dominio de las TIC que no existía”, argumenta. “Las empresas se acercan al máster buscando cantera”. Sin haberse cumplido el primer ciclo, ya solicitan una primera selección de candidatos.

Formación innovadora

Este programa es el germen de la Future Farm, un proyecto inédito que junta materia docente y una parte práctica que nos muestran en el campus, entre olivos y naranjos. Allí nos enseñan sus drones S-1000 y Phantom, el sensor Nodo de monitorización del suelo y una plataforma de genotyping con sensores espectrales e infrarrojos para testar la salud del cultivo y su estrés hídrico. Y un tractor autónomo preparado para aplicación variable con capacidad de conectividad inteligente en red, para que desde uno se controle el resto. El primero de ellos se montó hace ya más de una década y hoy es capaz de ahorrar hasta un 20% en fertilizantes y de alcanzar una precisión de 2,5 cm.

Miguel Ángel Polo, portavoz de Agrosap, sostiene que por flexibilidad y normativa, el ámbito donde más se ha desarrollado la tecnología de drones y vehículos autónomos es la agricultura. Las imágenes y la sensorización son la parte fácil, “falta lo de en medio: el software que conecta todo, la clave de los próximos años”, dice. El proceso implica construir un histórico. “Primero mides, luego analizas y finalmente actúas”, continúa Polo. “Se trata de convertir los datos en una especie de receta de lo que le falta a la parcela y cargarlo en un dispositivo como una abonadora”.

Agrosap desarrolla otros proyectos como Dronfruit, conteo preciso de unidades (naranjas) mediante drones y visión artificial, o RHEA, una flota de pequeños tractores para las malas hierbas y las plagas, además de distribuir Agroplanning, una plataforma en nube para la gestión de la flota remota que permite a las grandes empresas del aceite controlar desde España el trabajo que sus máquinas realizan en Portugal, Marruecos o Chile. “Hemos pasado de sistemas más rudimentarios a implementar guiado automático y control de pulverización”, avanza Salvador Correa. “Que todos trabajen con los mismos protocolos de comunicación ha facilitado la transferencia de datos de la oficina al campo. Hemos conseguido cerrar el círculo”. La Future Farm constará de trabajo de campo y de una nave en donde se monitorizará cada proceso y se impartirán cursos de robótica y 3D. “La robótica se ha caracterizado por hacer artefactos pequeños. Aquí no vale”, advierte el profesor Manuel Pérez. “Hay que convertir un tractor en un robot”. La nave será centro de adaptación de máquinas convencionales en inteligentes. “Queremos crear una hectárea libre de personas, que todo lo que aquí trabaje sea autónomo”.

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