Valentina Villagómez, boliviana de 26 años (izquierda), y Andrea Cerdán, malagueña de 25 años. Villagómez es diseñadora de productos y Cerdán es graduada en ciencias ambientales.
Valentina Villagómez, boliviana de 26 años (izquierda), y Andrea Cerdán, malagueña de 25 años. Villagómez es diseñadora de productos y Cerdán es graduada en ciencias ambientales.
Emprendedores

Trim (o cómo encontrarle más utilidades a la basura)

Estas dos emprendedoras aspiran a revolucionar el concepto de reciclaje con su creación: Trim, el contenedor que convierte los desechos en abono.

La basura no tiene por qué ser el problema, puede ser la solución”. Esta fue la conclusión a la que llegó Andrea Cerdán al ver la montaña de desechos que genera el modelo de consumo de “usar y tirar”. Las oportunidades pueden encontrarse, literalmente, en la basura. Imagine que los residuos orgánicos que genera cada día se convirtieran en abono dentro del propio contenedor al que van a parar. La idea está cerca de ser una realidad gracias a estas dos emprendedoras, las creadoras de Trim.

Aparentemente, es un contenedor con un diseño peculiar. Pero en su interior la basura se convierte en compost. “El proceso es como una digestión. Nos hemos inspirado en la propia naturaleza”, explica Cerdán. Está dividido en tres compartimentos. En el primero, “se hace una trituración del material y se agita”, es decir, se convierte en una masa homogénea. Después, “se inoculan microorganismos para acelerar el proceso de descomposición. Y hay un tercer compartimento de maduración y estabilización del material”. Al natural, este proceso dura seis meses. “Con las condiciones específicas que queremos dar, podemos reducir ese tiempo”.

Cerdán no sabía cómo dar forma al mecanismo que había ideado. Entonces llegó Valentina Villagómez (“¡menos mal que apareció!”, exclama su socia), la encargada de diseñar el ensamblaje de Trim.

De momento, la idea solo se ha materializado en una maqueta del tamaño de un botijo. El grande –será algo mayor que un contenedor corriente– llegará cuando aparezca la inversión. “El coste de fabricación por unidad estaría entre 4.000 y 7.000 euros”, explica Villagómez. Puede parecer inasumible por cualquier institución, pero cabe recordar que dentro de este aparato se genera un producto. “Cada uno generaría unos 50.000 kilos de abono y ese kilo se paga a un euro y medio. Sí compensa. Con que se venda la mitad ya se cubrirían los costes. En dos años se podría recuperar la inversión”, según las previsiones de sus creadoras

¿Solo el principio?

Los residuos orgánicos son un problema, pero los hay peores. Un ejemplo: los plásticos que empiezan a invadir los océanos. Por eso, Cerdán y Villagómez no quieren quedarse aquí y aspiran a seguir creando máquinas que reciclen: “En un futuro queremos hacerlo con plástico y con cartón. Es totalmente factible”.

Retina

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