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¿Tinder o Instagram? Así es ligar en la era de los móviles y las apps

Muchos han cambiado las discotecas por los medios digitales a la hora de flirtear. En España, en 2017 se hiceron 10.000 millones de ‘swipes’ en Tinder. Solteros de todas las edades usan las apps y webs de relaciones, aunque los más jóvenes prefieren ligar por Instagram

Un grupo de adolescentes hace acrobacias con sus bicicletas BMX en la plaza frente al Palacio Real en Madrid, mientras cae la tarde. El que no está por los aires, toquetea su móvil. “Subo mis vídeos en bici a Instagram”, cuenta Óscar Fernández, de 19 años y estudiante de Comunicación Audiovisual. Explica que mediante esta popular red social está en contacto con otros bikers y, como quien se cubre las espaldas, aclara: “No es para ligar. Para eso, prefiero el cara a cara”. Sus amigos le vacilan: “Anda, que todos decimos lo mismo y todos la usamos para eso”. Todos ríen.

En una boca de metro cercana, Ana Martínez espera con su smartphone en la mano. Tiene 23 años, trabaja en una ONG y no muestra reparos en contar que usa Facebook e Instagram para cortejar. Incluso, comparte algún truco: “Si das un like a un foto antigua de alguien, es una declaración de intenciones: le llegará una notificación y sabrá que has mirado a fondo su perfil, sin que nadie más se entere”.

Ni Óscar ni Ana han utilizado nunca una app de citas y los dos coinciden en que son “demasiado directas”. Para Rosana Casales, en cambio, hacerse un perfil en Tinder —plataforma de referencia para ligar— cambió su vida por completo: “Estaba harta de salir y me la descargué. La segunda persona con la que me escribí resultó ser el amor de mi vida”, cuenta esta jefa en una empresa de logística, de 43 años. De eso, ha pasado casi un lustro y ahora tiene dos hijos con aquel chico que de primeras le sedujo por su foto: “Era en blanco y negro, y parecía que tenía más pelo del que realmente tiene”, comenta riendo sobre este romance tan característico del siglo XXI.

Nuestra forma de ligar ha cambiado por completo en la última década: aplicaciones y redes sociales han comido terreno a discotecas, el trabajo u otros lugares habituales para conocer gente, y lo que antes era paciencia y encontrar el momento se ha convertido en inmediatez y descartes. La clave está en la expansión del smartphone, motor de un negocio nuevo al alza: el de las relaciones.

“Años atrás existían las páginas de contactos en los periódicos, pero no había un mercado formalizado con un espacio y unas herramientas propias. Aplicaciones como Uber o Airbnb compiten con modelos previos, como los taxis o los hoteles, pero las de contactos como Tinder o similares no”, explica Felipe Romero, psicólogo y CEO de The Cocktail Analysis, consultora de investigación social y mercados en Internet, que ha hecho estudios para plataformas de dating (citas, en castellano).

Con la irrupción de Internet en los años noventa surgieron las webs de contactos, que abonaron el terreno para las apps de ligue. Su baza para llegar al gran público ha sido explotar la intimidad y versatilidad del smartphone: el amor, o simplemente sexo, puede surgir en cualquier momento; basta con mover el pulgar.

Ligar online mueve dinero: la publicación The Economist estima que Match Group, grupo estadounidense al que pertenecen las principales plataformas de citas (Tinder, OkCupid, Match.com…), tuvo en 2017 ingresos de 1.100 millones de euros. En un mundo con cada vez menos tiempo —o más ganas de optimizarlo— estos servicios encajan como anillo al dedo en un segmento pudiente: los solteros. Según un estudio de la consultora británica CEBR, en España estos llegan a gastar 3.400 millones de euros al año en servicios o productos relacionados con citas (restaurantes, anticonceptivos…). “Los mercados basados en relaciones y sexo en Internet tienen una disposición de pago alta. Son rentables”, subraya Romero. Tanto, que hasta Facebook, el gran coloso de las redes sociales, ha decidido formar parte de esta liga con el lanzamiento inminente de un servicio de citas propio: Facebook Dating.

  • El líder innovador

A la cabeza de estos cambios está Tinder: “Hemos sido la primera aplicación en romper barreras para conocer a gente nueva”, señala la compañía. Desde que apareció en 2012, está en 40 idiomas en 190 países, pero sobre todo ha establecido una forma de poner en contacto a desconocidos: si dos usuarios se dan el visto bueno, según sus fotos de perfil, hay match y pueden entablar conversación —algo que diariamente sucede 26 millones de veces. Ligar en Tinder se ha convertido en una acción en sí, como comprar en Wallapop o ver vídeos en YouTube. En España, Tinder gusta: el año pasado se hicieron aquí 10.000 millones de swipes; como se llama el deslizar fotos de otros usuarios, para aceptar o rechazarlos. “El mercado español es grande y excitante, ya que el smartphone está muy extendido y su población joven está entre la más puntera usándolo”, explica la compañía. Y precisamente los jóvenes son su principal público objetivo: el 85 % de sus usuarios en todo el mundo tiene entre 18 y 34 años.

Pero no todos los jóvenes optan por Tinder o apps similares para ligar online. En España, muchos —como Óscar con sus vídeos en bicicleta o Ana con sus trucos para seducir con likes— prefieren las redes sociales para ello. Un estudio de Uptodown, portal internacional de descargas para Android, señala que las plataformas preferidas para flirtear aquí son Instagram y Facebook: la primera entre los 18 y 34 años, y la segunda de 35 a 44.

Nelson de Benito, editor de contenidos de Uptodown, comenta estos datos: “Estas redes sociales cuentan con un tráfico muy potente en España, pero también es verdad que apps como Tinder tienen muchas descargas. Es posible que a los españoles les dé reparo contar en encuestas que las utilizan, si comparamos con otros lugares, como EE UU, donde son más abiertos con su uso”, señala sobre este estudio para el que han participado miles de encuestados de varios países.

  • Apariencias

¿Preocupan las apariencias a la juventud española al ligar? Mucho, asegura Amparo Lasén, profesora de sociología en la Universidad Complutense de Madrid y experta en redes sociales. “En investigaciones veo que los jóvenes consideran Tinder de perdedor, que si vas ahí es porque ligar no te sale natural”, explica. Y compara con redes sociales: “Facebook ha crecido con sus usuarios; es un lugar adulto, como la plaza del pueblo: con padres, gente del trabajo… Y si algo quieren los jóvenes es un espacio suyo, como Instagram. Es para el postureo y explorar entre conocidos; más como la discoteca”.

Facebook e Instagram —ambos bajo el paraguas de Mark Zuckerberg— declinan participar en este reportaje, a pesar de su poderoso rol en la comunicación online: solo en España la primera cuenta con 24 millones de usuarios activos mensualmente, y la segunda con otros 12. Los dos gigantes han establecido nuevas formas de comunicar, que también entran en juego a la hora de ligar: “En estas redes hay una remediación de algo tan típico como mostrarle interés a alguien. Se hace con likes, siguiendo… Permite ser más sutil que una app de citas”, apunta Lasén. Es el viejo juego de la seducción, solo que detrás de nuestras pantallas.

Pero en algo coinciden redes sociales y aplicaciones de dating: la importancia de la imagen. La foto de perfil se ha convertido en más que mostrar un físico: es nuestra carta de presentación. “Hemos tenido que aprender a contar una historia con una sola fotografía”, señala la socióloga. Esta capacidad de insinuación y síntesis es igualmente valiosa para leer entre líneas, manejar silencios o sorprender a un desconocido; entre otras herramientas útiles en el competitivo cortejo digital.

Los tiempos, efectivamente, han cambiado. Pero no solo para los milenials: “Los jóvenes suelen ser valientes para explorar nuevas tecnologías, que una vez asentadas son utilizadas por gente mayor. En estudios hemos visto que esto sucede con los servicios de citas”, explica Romero, de The Cocktail Analysis. La gente en sus cuarenta se atreve con Tinder (y encuentra al padre de sus hijos, como Rosana); pero también surgen nuevas opciones para edades más avanzadas.

“La web de citas para jóvenes mayores de cincuenta años”, dice el eslogan de Ourtime.es, nueva plataforma surgida como ramificación de Meetic, portal de contactos pionero, con dos décadas de vida. Su portavoz local, María Capilla, explica por qué encaja en España esta propuesta: “Aquí hay seis millones de solteros mayores de 50; entre viudos, separados o gente que no ha encontrado pareja, y sabemos por la pirámide poblacional que este segmento seguirá creciendo”.

Nuevas plataformas buscan nuevos públicos y este mercado se ramifica: no basta con diferenciarse por preferencias sexuales o el tipo de relación buscada. Proliferan apps en torno a gustos más especializados: música, cine, amor a los perros, preferencia por las barbas… O incluso para el fin contrario: juntarse con quienes detesten las mismas cosas (interesados, apunten: Hater). No son necesariamente para ligar, pero dibujan una tendencia creciente: “Las aplicaciones han descubierto que los gustos son cada vez más variados y no tenemos reparo en juntarnos con desconocidos para compartirlos”, explica Nelson de Benito, de Uptodown.

  • Preferencias

Y cuanto más buscamos según nuestras preferencias, más información damos de nosotros. Las plataformas conocen bien a sus usuarios: Tinder, por ejemplo, revela que los lunes por la tarde es cuando más actividad tiene en España, que las gafas de sol en la foto de perfil reducen las probabilidades de éxito un 12 % o que enviar un gif para romper el hielo con un desconocido las aumenta un 30 %.

Aquí surge un asunto espinoso: el uso de la información que proporcionamos online. “Las redes sociales y las aplicaciones para ligar permiten escapar de las miradas de nuestro entorno directo, pero aparecen nuevos sistemas de vigilancia: todo lo que hacemos queda grabado y se comercializa con datos, sin que sepamos cómo”, dice Amparo Lasén.

En un mundo escandalizado por la filtración de datos y con el nuevo Reglamento Europeo de Protección de Datos en vigor este año, las plataformas miden mucho más sus palabras al tocar este tema. El CEO de Tinder, Elie Seidman, es tajante: “No vendemos datos”. Esto, explica el directivo en una entrevista para Yahoo, se debe a que la compañía no vive de anunciantes, sino del dinero que viene de sus usuarios (actualmente tiene 2,5 millones de suscriptores de pago).

AdoptaUnTío, aplicación de citas centrada en mujeres que buscan hombres, tiene una política similar. Su responsable en España, Laura Solé, detalla: “Nuestros ingresos vienen 100 % de los abonos premium, lo que permite guardar los datos para nosotros y no venderlos. Nos da libertad en nuestra línea editorial porque no intervienen terceros”. En Meetic son más concisos que claros: “Nuestro servicio está considerado uno de los más seguros”, resumen.

¿Preocupan las apariencias a la juventud española al ligar? Mucho, asegura Amparo Lasén, profesora de sociología en la  Complutense y experta en redes sociales

La seguridad es clave en una plataforma de citas. Si falla, las consecuencias pueden ser nefastas: que se lo pregunten a los 36 millones de usuarios del portal Ashley Madison, especializado en relaciones extramatrimoniales, cuyos datos fueron difundidos por un grupo de hackers tres años atrás. Hubo extorsiones e incluso suicidios vinculados. “No pongo la mano en el fuego por ninguna app, pero con las últimas reformas la privacidad no debería ser problema. Aunque, deberían mimar al usuario, poniendo más claro cómo se usa nuestra información. Con el tiempo tendremos más control sobre qué damos y qué no”, vaticina Nelson de Benito, de Uptodown.

Ligar online se normaliza, las opciones se multiplican y surgen nuevos interrogantes: ¿Es esto tan solo el inicio de una nueva forma de relacionarnos? ¿Llegará un momento en el que flirtear con un desconocido en un bar, sin el móvil mediando, esté mal visto? ¿Cómo ligaremos en el futuro?

“Es una necesidad humana básica, por lo que siempre habrá una demanda. Y más, teniendo en cuenta que las relaciones tienden a acortarse en las sociedades occidentales maduras. Estos servicios ayudan a explorar”, apunta Felipe Romero, de The Cocktail Analysis. La visión de Tinder es pragmática: “La tecnología simplemente facilita contactar con otros, pero esto no significa que las relaciones sean más superficiales”, subraya. “Saldrán nuevas herramientas para encontrar a gente, pero el piel con piel nunca desaparecerá. O eso espero”, señala Laura Solé, de AdoptaUnTío.

Para Rosana, los hechos hablan por sí solos. Mientras sus dos hijos corretean por detrás y reclaman insistentes la merienda, responde. “No me da reparo decir que conocí a mi pareja en una aplicación. Toda mi familia y amigos lo saben”, recalca. Y bromea, riendo: “Quizás deberíamos poner un cartel de Tinder en el salón de casa”. De momento, tiene guardadas las primeras conversaciones que tuvo en Tinder con aquel chico que le llamó la atención por su foto de perfil en blanco y negro.

Facebook Dating: ¿Un filón por explotar?

La compañía de Mark Zuckerberg hizo la pasada primavera un movimiento atrevido en un momento delicado: anunciar el lanzamiento de Facebook Dating, un servicio de citas. El objetivo, explicaba, era “ayudar a construir relaciones de largo plazo y que refleje cómo las personas se conocen en el mundo real”. Avanzaba que funcionará con perfiles diferentes a los de Facebook, sus movimientos no se verán entre no inscritos o que se basará en gustos personales para buscar compatibilidades.

Facebook no quiere hacer declaraciones sobre este producto para este reportaje, pero su relevancia es innegable: si el Goliat de las redes entra en el mundo de las citas es porque ve negocio. La pregunta es: ¿sabrá sacarle partido?

Match Group, principal jugador en el terreno del dating (propietaria de Tinder, OkCupid…), no parece asustada: “Los solteros no quieren mezclar sus citas en una red ideada para estar en contacto con amigos y familia”, ha dicho su CEO, Mandy Ginsberg. Tinder muestra diplomacia: “Facebook tiene muchas cosas en las que pensar, nosotros solo en una. Y nos pasamos el día haciéndolo”, expone su máximo cargo, Elie Seidman. Y en AdoptaUnTío son más explícitos: “No me atrae ligar en un sitio donde está mi abuela”, dice su portavoz Laura Solé.

Expertos que siguen el negocio, sin ser parte de él directamente, ven luces y sombras. “A poco que emigren usuarios de Facebook a este servicio ya tienen una gran fuerza. Pero se trata de una red acogedora, como muestra su azul clarito; lo que puede chocar con la picardía de un lugar para ligar”, explica Felipe Romero, de The Cocktail Analysis, consultora de mercados en Internet. “Las principales aplicaciones están muy establecidas. Veo más fácil encontrar hueco haciendo algo especializado”, dice Nelson de Benito, de la plataforma de descargas de apps UpToDown. El tiempo dirá sobre el éxito o no de Facebook Dating. Porque la tecnología es como una relación: altamente imprevisible.

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