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Miguel Vicente
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Miguel Vicente: “La tecnología nos lleva a una sociedad más meritocrática”

Miguel Vicente es casi un agente doble del emprendimiento. Ha participado en la génesis de éxitos como Wallapop y Glovo, y tiene participación en 20 'startups' de todo tipo de sectores

Turistas y manteros copan el espacio en los alrededores del Puerto de Barcelona, uno de esos mediodías laborables veraniegos en los que la ciudad de verdad se refugia en oficinas con aire acondicionado o, simplemente, ha huido despavorida del asfalto. Miguel Vicente es una excepción en el abigarrado paisaje urbano: tiene su despacho ahí mismo, en el Pier01, un antiguo almacén de más de 10.000 metros cuadrados cedido por la autoridad portuaria en el que hoy conviven casi 200 startups.

Vicente (nacido en Vinaroz, Castellón, en 1972) no está relacionado con todo lo que sucede allí, pero casi: preside Barcelona Tech City, la entidad privada que gestiona las instalaciones y, sobre todo, promueve el atractivo de la ciudad como foco de inversión tecnológica global. Además, en el Pier01 se alojan varias de las empresas en las que participa accionarialmente a través de Antai Venture, el vehículo de inversión que creó junto a Gerard Olivé y Jordi Sanllehi, tras vender, en 2011, la mayoría de Lets Bonus, una plataforma de ofertas y descuentos online. Fue su primera aventura como empresario. Hoy se define como un “emprendedor en serie” y se muestra muy escurridizo para hablar, con una grabadora delante, de los detalles de sus inversiones empresariales.

Lleva ya en esto muchos años. ¿Qué ha cambiado en este tiempo en el mundillo de los emprendedores?

Hace diez años se creaban startups para España y el mercado latinoamericano, y como mucho se pensaba en algún mercado europeo, como Italia. Ahora se piensa en un mercado global, y en España como el mercado de pruebas. Cualquier startup que se funda en Barcelona está compitiendo con otra de Berlín, por ejemplo, por el dinero de un fondo internacional con el que se lanza a conquistar Estados Unidos. Eso es lo más importante: que el emprendedor tiene una visión global.
Y también ha madurado mucho el talento emprendedor. Hace diez años la persona que estaba muy preparada quería irse a la banca de inversión; ahora quiere crear una startup.

Necesitamos más ‘spin off’ del entorno universitario, que salgan de allí más proyectos empresariales. Esa es la pieza que nos falta en España

Solo en este edificio hay 180 startups; según datos de Barcelona Tech City, en la ciudad hay unas 1.500 startups, que emplean a 30.000 personas. ¿Hay cierto riesgo de burbuja?

Barcelona siempre ha sido una ciudad de pymes y de empresarios; lo que ocurre es que ahora con la revolución tecnológica a los empresarios los llamamos emprendedores y a las pymes startups, porque las nuevas fábricas son tecnológicas. ¿Cuántos restaurantes se abren y se cierran en un mes en España? Pues estamos así en Internet; eso es la normalidad. Así que no creo que haya una burbuja, de hecho nos falta camino por recorrer.

Miguel Vicente

¿Y exactamente cuáles son las carencias del emprendimiento en España?

Esto es una competición global entre sistemas de emprendimiento, así es como tenemos que plantearlo. Y en este terreno, aunque tenemos grandes escuelas de negocios, necesitamos más spin off del entorno universitario, que salgan de allí más proyectos empresariales. Ya hay algunos casos, pero necesitamos más. El margen de mejora del ecosistema emprendedor español está en las universidades; esa es la pieza que nos falta. 

Volviendo a Barcelona, ¿cómo les ha afectado la crisis política? Da la impresión de que la ciudad no ha perdido atractivo para el sector tecnológico, frente a lo que ha sucedido en negocios más tradicionales. ¿Tiene más fuerza la marca Barcelona que la marca Cataluña?

No voy a responder a preguntas políticas, entre otras cosas porque en Barcelona Tech City conviven todo tipo de sensibilidades. Solo me gustaría resaltar que en los últimos meses compañías globales como Nestlé o Amazon han apostado por Barcelona debido a la capacidad de la ciudad para atraer talento. Este edificio en el que estamos es una prueba de esa capacidad.

Define Antai Venture como una “fábrica de startups”, y por aquí han pasado, o están, todo tipo de empresas: Wallapop, Cornerjob, JustBell, Prontopiso, Carnovo, Deliberry, Marmota… ¿Cuál es el factor fundamental al decidir si se invierte o no en un proyecto?

El equipo, lo importante es tener el mejor equipo. Muchas veces una startup no tiene nada que ver con lo que será dentro de cinco años; son los buenos equipos los que son capaces de dar la vuelta a un proyecto. Y también es fundamental la dedicación, la ambición de los promotores. A veces alguien me habla informalmente de alguna startup en la que se ha implicado, para ver si invertimos. Y luego me dice que le dedica solo algunas horas “porque dejar su trabajo sería muy arriesgado”. ¿Así que le pides al inversor que arriesgue dinero pero tú no estás dispuesto a arriesgar?

Antai participó en la génesis de Glovo, cuando en 2015 se fusionó con una de las empresas que ustedes crearon, JustBell. Glovo es un símbolo de éxito —en julio cerró una ronda de financiación de 115 millones—, pero también se la percibe como ejemplo de los desajustes en las relaciones laborales que provoca la tecnología. ¿Qué opina?

Yo no soy portavoz de la compañía, así que le daría la palabra a Oscar Pierre, el CEO y un caso paradigmático de emprendedor que reúne juventud, brillantez, madurez y capacidad de trabajo. Me quedo con la enorme parte positiva de empresas como Glovo, si bien hay que ir puliendo aquellos aspectos en los que la tecnología pueda generar incomodidad en los colectivos más débiles. 

¿Puede llegar la tecnología a deshumanizar las relaciones laborales? 

Emprender constituye una experiencia vital única, equivalente a 18 másteres y tres carreras condensados en una especie de pastilla roja

La tecnología nos lleva a una sociedad más meritocrática, con más igualdad de oportunidades. En estos negocios a nadie le va a interesar quién es tu padre y ningún fondo de capital riesgo se va a fijar en tu apellido. Lo que te preguntan es qué has hecho y por qué vas a triunfar. Será tu talento, tu lucha, tu espíritu de sacrificio… lo que te llevará a los sitios.

Así que supongo que usted será de los que da el último empujón a los que están pensando en emprender. 

Es una experiencia vital única, equivalente a 18 másteres y tres carreras condensados en una especie de pastilla roja, como en la famosa escena de Matrix. Pero hay que tener siempre presente que emprender lleva implícita una alta posibilidad de fracaso. Tenemos que aceptar la cultura del error, desmitificar el fracaso.

Las 'startups' que debemos seguir, según Miguel Vicente

01. Typeform

Nacida en Barcelona con el objetivo de facilitar la elaboración de encuestas y formularios online. Ya tiene más de 150 empleados.

02. Red Points

Identifica falsificaciones online y contenidos pirata mediante machine learning, además de automatizar los procesos para su eliminación. Recientemente ha cerrado una ronda de inversión de 12 millones de dólares y prevé expandirse en Estados Unidos con una oficina en Nueva York

03. 21 Buttons

Startup catalana fundada por dos exejecutivos de McKinsey. Es una red social de moda, con cierto parecido a Instagram pero centrada en el mundo de los influencers, en la que se puede comprar ropa. Además de en España, ya operan en Italia y Reino Unido.

04. Scytl

Nacida en 2001, Scytl está especializada en sistemas de voto electrónico, tanto para procesos públicos como privados. En 2017 cerró una ronda de financiación por 12 millones de euros y está presente en 47 países, con unos 500 empleados.

05. Peptomyc 

Fundada por la bioquímica Marie-Eve Beaulieu y la bióloga Laura Soucek, la biotech Peptomyc es un spin off del Vall d’Hebron Instituto de Oncología de Barcelona y de la Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats. Su objetivo es desarrollar un nuevo fármaco antitumoral, que prevén que podría ser realidad en 2022.

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21/11/2018
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