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En la guarida barcelonesa de Amazon

En la guarida barcelonesa de Amazon

Las oficinas barcelonesas del gigante de la distribución incluyen un centro de I+D enfocado al análisis semántico y son una Torre de Babel en la que manda el silencio

Bigotillo o barba de un palmo bien arreglada y tatuajes a la vista en los antebrazos. Ropa de diseño combinada en un estilo casual, en el que caben los pantalones cortos y las sandalias también para ellos. Auriculares bluetooth de marca colgando del cuello, mochila al hombro y a los mandos de una bici plegable o patinete eléctrico. Este look importado (o al menos calcado) de Silicon Valley, es cada vez más común en el barrio barcelonés del 22@. Una parte de quienes encajan en este molde trabajan en las oficinas de Amazon, ubicadas a 300 metros de la Torre Glòries (más conocida como Torre Agbar), donde Facebook ubicará un equipo de 500 personas encargadas de combatir las fake news en la red social.

El cometido de los empleados del gigante estadounidense de las ventas online es bien distinto. Unos 240 trabajadores están destacados en el Seller Support Hub (llegarán a los 500 en los próximos años), un centro de apoyo multilingüe para pymes del sur de Europa. Las oficinas acogen también uno de los tres centros de I+D que tiene la compañía en el Viejo Continente y que alberga al heterodoxo equipo que lidera Hugo Zaragoza, responsable de la parte de investigación del complejo. Su objetivo es alcanzar pronto el centenar de matemáticos, científicos y lingüistas, entre otros perfiles, y no descarta seguir ampliando plantilla.

Algunos empleados de Amazon no trabajan sentados: hay estudios que hablan de una mayor productividad

El centro de I+D de Amazon de Barcelona está enfocado en perfeccionar el análisis semántico de la división de machine learning de la compañía. “Amazon traduce automáticamente millones de comentarios sobre los productos a todas las lenguas a través de sistemas neuronales [redes que permiten relacionar las estructuras sintácticas y gramaticales de dos lenguas]”, explica Zaragoza. “De este modo permitimos que quien venda un juguete de madera pueda poner su anuncio en todos los idiomas del mundo, algo que hasta hace poco estaba solo al alcance de los productos lujo”.

Otro de los cometidos de los científicos que comanda Zaragoza es mejorar el buscador de Amazon. “El vendedor no siempre pone las etiquetas que debería, así que el sistema debe aprender que un destornillador es una herramienta, para que aparezcan correctamente los productos relacionados. Eso lo hacemos a través del machine learning. También hacen falta sistemas inteligentes para entender los contextos de venta. Cuando sale un nuevo libro de Harry Potter no es un bestseller desde el principio, pero la máquina tiene que saber posicionarlo y darle importancia”, ilustra.

Vicky, Cristina, Amazon

Los responsables de la compañía de Jeff Bezos aseguran que no les costó decantarse por la Ciudad Condal como ubicación para su tercer centro de I+D en Europa. “Barcelona es un lugar ideal por la combinación del talento que atrae y el que sale de sus universidades, también por su posición en Europa, su calidad de vida y el espíritu emprendedor”, señaló este pasado verano la vicepresidenta de ventas de Amazon, Katrina Lane, durante la presentación en sociedad de las oficinas.

Tampoco fue difícil apostar por el 22@ como el lugar en el que establecerse. Este antiguo barrio industrial se ha reconvertido en los últimos años en el lugar en el que han de asentarse startups y grandes empresas. Bien comunicada por metro y tranvía, dotada de buenos carriles bici, bastante aliviada de las hordas de turistas que pululan por zonas más céntricas y a solo 20 minutos a pie del paseo marítimo: las firmas extranjeras están encantadas con el tramo de la Diagonal que discurre entre Glòries, concebida a finales del siglo XIX por el urbanista Idelfons Cerdá como el nuevo centro neurálgico de la ciudad, y el Fòrum.

Un informe publicado este verano por Boston Consulting Group y The Network, elaborado a partir de más de 300.000 entrevistas, confirma el atractivo internacional de Barcelona, que se sitúa como la cuarta ciudad del mundo más apetecible para trabajar, solo superada por Londres, Nueva York y Berlín. En el centro de Amazon, las ocho plantas del edificio tienen la misma estructura, diseñada para agradar a los empleados. En total, 10.000 metros cuadrados con muchos puestos desocupados (reservados a la plantilla que todavía hay que contratar) en los que predomina la madera, el verde, el amarillo y el azul en cristales, suelo y paredes. Las mesas son regulables, de manera que quien quiera trabajar de pie (otra moda importada de Silicon Valley) solo tiene que pulsar un botón.

El diseño del espacio sigue la doctrina de la biofilia, que busca replicar a la naturaleza para aumentar el bienestar de los trabajadores. No solo hay plantas aquí y allá para separar espacios, sino que las moquetas y los mismos muebles imitan árboles, hojas en el suelo o cascadas. Las hileras de escritorios se alternan con espacios de reuniones informales y una especie de anfiteatros con pizarras. “Están pensados para fomentar la lluvia de ideas”, ilustra Bernabé Rodríguez, responsable de facilities (instalaciones) para estas nuevas oficinas.

En la azotea, además de buenas vistas, hay un ajedrez gigante, hamacas y una pequeña piscina.

El sonido del silencio

Sorprende la quietud que predomina en las amplias estancias que conforman las oficinas. Y eso que en algunas de las plantas se responden llamadas de clientes. “Desde la compañía temían en un principio que en estas oficinas, al estar en el sur de Europa, se disparasen los decibelios. Al final no ha sido así, y no ha hecho falta hacer nada: la gente es respetuosa y sabe adaptar el umbral de ruido al límite que tolera la mayoría”, explica Rodríguez. Por si acaso, de los techos de los espacios más dados a hablar (en zonas de reuniones, pasillos, etcétera) cuelgan una especie de cilindros diseñados para amortiguar el sonido.

Quien no sepa idiomas no podrá enterarse de los cotilleos de la oficina: el ambiente internacional de Amazon, que contrata a gente de todo el mundo, unido a las peculiaridades del Seller Support Hub, que da servicio a varios países, redunda en que casi cada conversación con la que te cruzas está teniendo lugar en un idioma distinto.

Es muy llamativa la ausencia de logos corporativos, tan comunes en las sedes de otros gigantes tecnológicos estadounidenses. Esa falta de referencia, unida al aspecto cool de los empleados, hasta hace olvidar que estamos en unas oficinas y no en una biblioteca moderna. Semejante ilusión se desvanece cada vez que queremos abrir una puerta: imposible sin la tarjeta identificativa. Una bonita forma de recordar que estás en una de las sedes de una compañía valorada en más de 800.000 millones de euros.

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21/10/2018
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