El modelo de interior es pequeño, del tamaño de un cuadro. Está pensado para colgarse en la pared, pese a que el de la foto está apoyado en la encimera de una cocina.
El modelo de interior es pequeño, del tamaño de un cuadro. Está pensado para colgarse en la pared, pese a que el de la foto está apoyado en la encimera de una cocina.

El jardín vertical para urbanitas que se controla desde el móvil

Optimus Garden ha desarrollado un sistema fácil de instalar y mantener. Para empezar, porque no usa tierra: las plantas solo necesitan agua y unas sales especiales

Si algo falta en las ciudades es contacto con la naturaleza. No se salvan ni quienes viven junto a un parque o cuentan con jardín en la urbanización: incluso ellos pasan la mayor parte del día entre asfalto, paredes de hormigón y pantallas. Necesitamos plantas, cuantas más mejor. Aunque la vida urbanita puede hacer que no dispongamos de todo el espacio que desearíamos para alojarlas en casa.

Una buena solución a este problema son los jardines verticales. Algunos hoteles y centros comerciales ya están optando por decorar con plantas y flores sus paredes. El más conocido de Madrid es el del Caixa Forum, que recubre una de las fachadas del museo.

La versión de exterior del producto es modulable. El ancho mínimo son dos filas de macetas; el máximo lo pone el cliente.

Tú también puedes tener tu propio jardín vertical en casa (en una versión más humilde que la citada, eso sí). La startup española Optimus Garden ha diseñado un sistema de muy fácil instalación cuya mayor virtud es su fácil mantenimiento. El objetivo: que hasta los más manazas dejen de tener excusas para no revestir de verde su vivienda.

  • ¿De quién hablamos?

Manu Cabrera y su socio Damien Crack buscaban la manera de desarrollar un jardín o huerto vertical que no supusiera un quebradero de cabeza para sus dueños. Encontraron la solución en la hidroponía, una técnica de cultivo milenaria (se dice que los aztecas ya la usaban o que hasta los jardines colgantes de Babilonia pudieron recurrir a ella) que consiste en nutrir las plantas con agua enriquecida con sales esenciales.

Algunas de las métricas que muestra la 'app' de Optimus Garden.

La hidroponía ganó peso en la agricultura a finales del siglo XIX, cuando se desarrollaron nutrientes químicos que suplementaban las sales añadidas al circuito cerrado de agua y que permitían obtener buenos cultivos. Todo ello sin usar un gramo de tierra. La mayoría de fresas que comemos han sido cultivadas siguiendo ese proceso.

Los chicos de Optimus Garden han diseñado unos módulos-maceta en los que se alojan las plantas que son configurables en varias disposiciones. Llevan incorporada la manguera de goteo y se fijan en la pared sobre unas estructuras metálicas, de forma que nunca se moja la superficie en contacto.

  • ¿Cómo funciona?

El modelo para exterior consta de un depósito de agua de 45 litros, debidamente camuflado en una caja de madera; de una bomba con filtro para hacer circular el agua y de 1 litro de nutrientes 100% naturales a mezclar con el agua, además de las mangueras. Los kits disponibles constan de 12, 18 o 24 macetas.

Basta con enchufar la bomba a la corriente, llenar el depósito de agua, disolver las sales y plantar las primeras semillas (la propia startup qué tipos de cultivo aguantan mejor ese entorno).

La versión de interior, más pequeña, cuenta con un depósito de agua de menor capacidad pero integrado en la estructura. Dispone además de sensores que envían información (nivel de agua y nutrición, entre otras) a la app que el usuario debe descargarse en el móvil. Con esos datos, Optimus Garden recomendará a cada cliente qué variedades de plantas se pueden adaptar mejor a las condiciones de la pared en la que estarán colgadas.

  • ¿Por qué nos interesa?

Todas las iniciativas dirigidas a fomentar la presencia de vegetación en nuestras vidas son loables. Si además se lo ponen fácil a los usuarios, tanto mejor. La idea de Optimus Garden no está tan enfocada al cultivo de flores como al de plantas aromáticas o incluso pequeñas hortalizas que puedan acabar en el plato de la cena. La producción nunca será suficiente como para autoabastecerse, pero seguro que al dueño sus fresas silvestres le saben mejor que las que pueda comprar en cualquier tienda gourmet.

Retina

18/11/2018
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