La propiedad intelectual, clave en el éxito de un proyecto tecnológico
Getty Images
FIRMA INVITADA

La propiedad intelectual, clave en el éxito de un proyecto tecnológico

Evaluar el potencial innovador de una idea puede ser determinante en un negocio. Conviene afinar las técnicas para que el análisis sea acertado

Los proyectos empresariales con un alto componente innovador y tecnológico generan muchas dudas entre potenciales inversores. Un momento especialmente crítico e incierto se da en su fase inicial, precisamente cuando la necesidad de financiación es mayor y el proyecto se basa en el capital intelectual, o lo que es lo mismo, en el conjunto de activos intangibles que se apoyan en el conocimiento para generar valor.

En algunos casos, un proyecto se asienta en una estrategia de propiedad intelectual e industrial (PII) definida, por ejemplo, a través de una patente. En otros casos, solo cuenta con el know how técnico y la experiencia en I+D asociado al equipo promotor.

En estos primeros compases de la vida de una iniciativa rompedora que busca dar el gran salto, la pregunta del millón, tanto para inversores como para financiados, es: ¿se puede predecir la rentabilidad futura de una solución o proyecto tecnológico?

Muchos inversores no disponen de las herramientas adecuadas para evaluar con exactitud la viabilidad de una tecnología”

En fases tempranas, donde el volumen de iniciativas prometedoras es muy alto, no existen soluciones que evalúen de una manera rápida y eficiente la(s) tecnología(s) detrás de estos proyectos y que permitan una primera criba. A día de hoy detectamos que hay un claro déficit en el mercado, que aún no está habituado a medir el alcance, la eficacia y el uso de activos intangibles.

El problema, por lo tanto, no es que los inversores no estén deseosos de apoyar el desarrollo de proyectos ganadores basados en tecnologías, sino que no disponen de las herramientas adecuadas para evaluar con exactitud la viabilidad de una tecnología todavía no testada.

De hecho, el apetito de los inversores por compañías con un alto potencial de crecimiento goza de muy buena salud en España. Si analizamos el mercado local, la inversión de entidades de venture capital –aquellas que apuestan por empresas en una fase inicial de desarrollo– fue de 494 millones de euros en 2017, un 15% más que en 2016, según datos de la Asociación Española de Capital, Crecimiento e Inversión (Ascri). En este contexto, los fondos nacionales invirtieron 185 millones de euros en 345 proyectos, máximo histórico en ambas magnitudes.

Cabe destacar, una vez más, que una gran parte de estas iniciativas en fase embrionaria tiene como principal activo el capital intelectual, la clave de su dominio futuro del mercado y de su rentabilidad continua. No obstante, la incertidumbre de su potencial tecnológico es enorme, lo que deja un gran reto: ¿cómo evaluar de manera eficiente la rentabilidad de los proyectos basados en la propiedad industrial e intelectual?

Existen diferentes métodos de evaluación disponibles en el mercado que pueden utilizarse individualmente o en combinación, teniendo siempre en cuenta que los valores cualitativos y cuantitativos obtenidos son estimaciones que reúnen un cierto grado de subjetividad.

No hay una respuesta objetiva y totalmente segura que los financiadores puedan presentar a la hora de la toma de decisión”

En una fase temprana, tienden a ser métodos de pre-evaluación rápida, basados en el cumplimiento de una lista de control y la producción de breves informes sobre el potencial de mercado. En una fase posterior, la evaluación tiende a ser más minuciosa, recurriendo a otros métodos más complejos como la identificación de acuerdos comparables –regalías practicadas en la industria, acuerdos de licenciamiento, ventas, entre otros– y la proyección de flujos de caja descontados generados por la posible explotación.

Estos métodos, a pesar de proporcionar indicadores y orientaciones para determinar si se trata de un proyecto con potencial high tech, high growth, se basan casi exclusivamente en el potencial económico y no tienen en cuenta variables como, por ejemplo, la viabilidad técnica de la propia tecnología, aplicaciones que originan productos dirigidos a distintos segmentos de mercado o el time to market de cada uno de los productos.

No hay una respuesta objetiva y totalmente segura que los financiadores puedan presentar a la hora de la toma de decisión. El éxito de estas futuras empresas depende de una multiplicidad de factores, entre ellos la tecnología, el acceso a la financiación adecuada, la novedad del producto en el mercado, el equipo directivo y sus capacidades.

Sin embargo, una adecuada protección y un análisis de su viabilidad tecnológica en el mercado basándose en los derechos de PII nos permiten reducir la incertidumbre para las fases iniciales de inversión y establecer una relación adecuada entre diferentes variables que constituyen un grado cuantitativo de posicionamiento en el mercado de la tecnología.

Dina Chaves es directora corporativa de Consultoría en Clarke, Modet & Co.

Retina

20/08/2018
Pucho (Vestusta Morla): “Uso la cámara como un diario”
01

Pucho (Vestusta Morla): “Uso la cámara como un diario”

El cantante de Vetusta Morla, uno de los grupos que más se ha aprovechado del complejo sistema de autogestión que facilita Internet, jamás se separa de su cámara de fotos instantánea. Ya sea en sus giras maratonianas o en el día a día.

02

El botón de hacer coches

La tecnología 3D permite a los fabricantes aligerar pesos, acortar plazos y abaratar costes. En 2019 podrá comprar el primer vehículo salido íntegramente de la impresora.

El botón de hacer coches
03
Tres aplicaciones para leer con los oídos

Tres aplicaciones para leer con los oídos

Los audiolibros en CD o casete nunca arrancaron en España. Pero algo está cambiando gracias a las propuestas de una serie de 'apps' a las que merece la pena poner la oreja

04

Berto Romero, entre el Mac y la minipimer

Da igual que se trate de un portátil, una batidora o un reloj de cuerda, el cómico se encariña con ellos y solo les pide una cosa: “Que no me toquen las narices”.

Berto Romero, entre el Mac y la minipimer
Normas