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Sensores Waspmote para Internet de las cosas. Miden desde la posible erupción de un volcan a la intensidad de los rayos UVA

Seiscientos treinta y cinco. Esos son los metros a los que se alza Santiago, el cráter del volcán Masaya, en Nicaragua. En sus entrañas arde un lago de lava constantemente, disparando a las nubes dióxido de azufre. Pero saber la cantidad de gas que emana en cada momento es fundamental. En su fluctuación se encuentran las pistas para que los expertos detecten el riesgo de una erupción inminente e incluso puedan elaborar un modelo predictivo a medida del Masaya.

Desde la visión cenital, y sintiéndose muy pequeño, David Gascón observó el Masaya. Oyendo pasar la lava “como una manada de mamuts”, este ingeniero informático estuvo allí instalando los sensores que harían posible monitorizar el volcán. Una aplicación muy concreta de las cientos posibles gracias a lo que inventó once años atrás, antes de que el dios de la jerga digital lo bautizara como IoT, Internet de las cosas. “Hablamos de averiguar, en tiempo real, si el riesgo de erupción es de un 20%, un 30% o un 50%. La población no va a saber que hay sensores en el volcán. Pero sí va a recibir el beneficio, el aviso anticipado de su Gobierno si es necesaria la evacuación”, explica Gascón.

David Gascón Cabrejas. Director de Innovación y Desarrollo y cofundador de Libelium. Ingeniero informático. Zaragoza, 1982.

Gascón es cofundador y CTO de Libelium, una startup zaragozana que es ya actor relevante en el panorama mundial del IoT, trabajando para todo tipo de gobiernos o instituciones como la NASA. Lo llevan siendo, además, desde mucho antes de que el paradigma tecnológico estuviera en boga en consultoras, mercados y medios. “Empezamos hace once años y a mí me gusta recordarles a mis empleados que en el fondo somos parte de la historia. Como las primeras fábricas que iniciaron la revolución industrial. El IoT acabará siendo algo así, una tecnología invisible para los usuarios que les mejora la calidad de vida sin que se den cuenta del proceso tecnológico entre bambalinas”.

La tecnología en sí es, evidentemente, un ordenador dotado de sentidos. ¿Qué sentidos? Los que desee el cliente para su apliaplicación concreta. Gascón cree que una de los factores que favoreció una entrada tan tempranera en el IoT fue el desconocimiento de saber qué iba a imponerse en el mercado. “¿Agricultura digital? ¿Ciudades inteligentes? ¿Industria 4.0? ¿Seguridad? ¿Desastres naturales? No lo sabía, así que planteé una tecnología muy horizontal, un microcontrolador con entradas analógicas y digitales que permitiera conectar cualquier sensor que existiera y que pudiera llegar a existir”.

La capacidad de ser oráculo e integrar tecnología aún por inventar la da la estructura tras los sensores desarrollados por Libelium, la empresa de Gascón. Hay una unidad central como núcleo, Waspmote —del tamaño de una tarjeta de crédito y dos dedos de espesor—, conectada con un módulo electrónico secundario llamado placas de sensores.

“Esto quiere decir que yo mañana puedo añadir un sensor nuevo sin cambiar toda la arquitectura digital y de comunicaciones de mi controlador”.

La analogía sencilla es imaginar una placa base de un ordenador. Mediante los puertos de entrada, aunque la computadora vaya sumando años, el usuario puede conectar nuevos dispositivos que vayan surgiendo mediante protocolos de conexión como el USB. Waspmote funciona con la misma filosofía de plug&play. “La mayoría de las empresas creaban productos muy compactos que lo incluían todo, sensores y controlador en un solo dispositivo. Yo lo hice al revés. Una capa de inteligencia a la que conectas la capa de comunicaciones y encima la capa de sensores. Esto permite que no tengamos que hacer productos ad hoc sino que los clientes eligen su configuración”.

Donde el IoT marca la diferencia, en opinión de Gascón, es en la posibilidad de hacer sus mediciones en tiempo real. Y esta capacidad tiene un impacto directo en la vida diaria de cualquier ciudadano del mundo: “Pongamos un caso tan sencillo como estar en una playa con tus hijos. Ya tenemos desplegados sensores que te pueden decir cuál es la emisión en ese instante de rayos ultravioleta y qué tiempo deberían de estar expuestos según la OMS, o qué tipo de protección solar es la adecuada. Otro caso: podemos habilitar sensores en el asfalto para saber en tiempo real si en una calle puede aparcarse o no. En resumen, hablamos de dotar de sentidos a Internet, de darle la posibilidad a un bosque, un río o un barrio de hablar a la red”.

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