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Dando la vuelta al sector energético: el autoconsumo como primer paso hacia el cambio

España debe facilitar que las empresas de nuestro país se incorporen como actores principales de la transición energética a escala global, afirma el director comercial de Norvento.

Los comienzos de año siempre son una buena ocasión para echar un vistazo a las tendencias que comienzan a despuntar y prometen traernos novedades durante los próximos meses. En el sector energético se respiran tiempos de cambio, tanto por la reaparición de las renovables como por la llegada del autoconsumo como un modelo de inversión económicamente viable e independiente de cualquier tipo de subsidio, algo que no siempre ha sido así. Basta con echar un vistazo a las tecnologías que vienen para comprender que lo que hoy entendemos por autoconsumo es sólo el tímido comienzo de un enorme cambio en el sector. Podríamos hablar incluso de una “revolución energética”, pero la connotación de brusquedad que otorga la palabra “revolución” no se ajusta del todo al cambio que se avecina, que aunque inevitable, probablemente será paulatino.

Todo cambio conlleva una resistencia, que en este caso sólo servirá para enlentecerlo, no para detenerlo. Esta realidad es ya imparable, y en los próximos meses y años veremos cómo entran nuevos actores al terreno de juego de la energía mientras que entre los ya presentes algunos lo abandonarán y sólo los más hábiles serán capaces de transformarse.

Los elementos que fundamentan estas transformaciones en el sistema vienen anunciándose desde hace tiempo, y en el futuro no harán más que acrecentarse. Por ejemplo, los datos apuntan a que continuará reduciéndose la relevancia de las economías de escala existentes en la generación de electricidad y en el control de los sistemas eléctricos. De forma paralela, las tecnologías de almacenamiento viven una continua y radical reducción de costes y aumento de prestaciones. Tampoco hay ya limitaciones técnicas a las comunicaciones entre objetos, ni entre las empresas y sus clientes.

Todo esto facilita la creación de un entorno en el que tanto energía como datos fluyen de forma mucho más horizontal y donde el usuario final tiene un papel más activo e informado, tanto en la demanda como en el control de la generación de la energía. En dicho entorno caben nuevos modelos de negocio hasta ahora no desarrollados (y quizás no imaginados aún) que serán los que rompan con el esquema actual de la industria, y que no sólo se constituirán alrededor de la energía sino también de los datos asociados a su uso.

Nos dirigimos hacia un mix energético con un componente descentralizado relevante, que dejará fuera de juego a una parte de los activos de generación ya existentes en el sistema. En este ecosistema, tanto la energía como otros servicios auxiliares requeridos por la red (como los asociados a la estabilidad de frecuencia y de tensiones) serán suministrados en parte o en su totalidad por una infinidad de consumidores. Esto obligará a que las redes tengan que operar multidireccionalmente en sus tramos más cercanos al consumidor, y porqué no, lleguen a albergar mercados de intercambio de energía dentro de la zona cubierta por cada red de distribución.

Por supuesto, deberemos seguir pagando de alguna forma una infraestructura de transporte de energía que seguirá siendo necesaria -de distinta manera- y de la que algunos consumidores y empresas tendrán la tentación de desconectarse para evitar contribuir a su sostenibilidad económica, apoyándose en sistemas de generación distribuida combinados con almacenamiento, y llevando así el concepto actual de autoconsumo al límite. Y siempre hablando de una energía más renovable y menos fósil, lo que exigirá que desaparezcan conceptos actuales, tales como el de “vertido cero” ya que no podremos renunciar a ninguna cantidad de energía limpia en un sistema eléctrico con más y más relevancia en una economía en creciente electrificación. Un sistema que además deberá mantener los parámetros de calidad que ya ha conseguido. 

La clave está en saber si las tecnologías que soportarán los nuevos modelos de negocio serán desarrolladas en España o nos veremos obligados a importarlas, tal y como hacemos hoy con los combustibles fósiles. Si queremos situarnos a la vanguardia del cambio, es imperativo que contemos con un marco regulatorio favorable que nos permita experimentar con modelos de negocio que actualmente están sometidos a trabas y gravámenes, incluyendo - pero sin limitarse a ello - todo lo relativo al autoconsumo, para que luego podamos exportar la tecnología que los soporta. En este contexto, el desarrollo de una futura Ley de Cambio Climático y Transición Energética que mire sin complejos al futuro será vital para modernizar el modelo energético de España, y debe facilitar que las empresas de nuestro país se incorporen como actores principales de la transición energética a escala global.

Manuel Pinilla es director comercial de Norvento y Doctor en Ingeniería Eléctrica

 

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