Trabajador textil en Georgia (EE UU)
Trabajador textil en Georgia (EE UU)

¿Deben contarse las horas que pasamos en Internet como trabajadas?

Académicos de Stanford y Microsoft creen que el tiempo que dedicamos a generar datos debería pagarse. Proponen una unión sindical de internautas

Aunque no lo sepas es muy posible que hoy hayas trabajado para tres o cuatro empresas. Si subiste una foto a tu red social ayudaste indirectamente a hacerla más atractiva para que otros entren en ella y consuman publicidad. Si pasaste un control anti-robots para acceder a una página web, esas señales de tráfico que identificaste ahora se le resistirán un poco menos a los coches autónomos. Y si lo que reconociste fueron letras de un texto prácticamente ilegible, has ayudado a descifrar el contenido de un libro que al software de escaneado automático le estaba costando entender.

Tomar conciencia del valor que generamos en nuestro discurrir diario por Internet es, para un grupo de académicos de Microsoft y de las universidades de Stanford y Columbia, solo la primera parte de una próxima revolución digital en la que, a cambio de nuestros datos, los internautas también exigiremos dinero. Como ellos mismos escribieron en Should We Treat Data as Labor?, su paper de diciembre, se acerca una era en la que los “trabajadores del dato podrían agruparse en sindicatos para llevar a cabo las negociaciones colectivas”.

La novedad del enfoque es precisamente esa: entender los datos como frutos del trabajo personal. Hasta ahora son tratados como un subproducto de nuestra vida online que las empresas de Internet aprovechan para mejorar los sistemas de inteligencia artificial. En el mejor de los casos, una inversión en capital por parte de las tecnológicas que, a cambio de darnos servicios online gratuitos, se quedan con toda la información que generamos.

Para Glen Weyl, uno de los autores del paper, el escenario actual se parece más al feudalismo, cuando el señor se quedaba con el trabajo del campesino a cambio de protección y justicia, que a una economía de mercado.

Aunque parezca contraintiuitivo, los autores piensan que crear un mercado global de datos no solo ayudaría a los obreros sino también a las empresas, que se verían obligadas a pagar porque eso mejoraría sus desarrollos de inteligencia artificial.

Evolución

¿Y si un día la inteligencia artificial se desarrolla tanto que puede mejorar sin que le demos más datos? Según Glen Weyl, “aún falta mucho para llegar a eso, si es que llega algún día. Dudo que ocurra, porque sería asumir que la cultura humana no aumenta su complejidad a medida que avanza la inteligencia artificial. Lo esperable es que nuestra cultura también se haga más rica y que la inteligencia artificial tenga que lidiar con eso”.

Como explica el escritor, compositor y artista visual Jaron Lanier, “el ejemplo más fácil para entenderlo es el de las traducciones automáticas por Internet: estos servicios funcionan juntando millones de ejemplos de frases que traductores de la vida real han publicado en la web. Los robots tienen que actualizarlo diariamente porque la lengua cambia todos los días. Pero en vez de robar el trabajo de los traductores sin que se enteren, ¿no harían mejores y más eficientes traducciones si les pagaran para que elijan ellos las equivalencias que mejor se ajustan a cada caso?”.

  • El temido fin del trabajo

El ejemplo explica también el otro beneficio al que apunta el paper: aliviar la angustia con que muchos viven la posible eliminación de su trabajo por el desarrollo de la inteligencia artificial. Hasta ahora, la única solución propuesta ha sido la asignación de una renta básica universal. Según los autores, reconocer el aporte de estos trabajadores es una forma más digna y honesta de incorporarlos a los beneficios generados por la automatización.

¿Pero es posible ganarse la vida sólo generando datos? Weil cree que no. Por ahora. “La inteligencia artificial aún es una parte muy pequeña de la economía, pero si efectivamente los robots vienen a quedarse con los trabajos, queremos asegurarnos de que las personas tengan un futuro en ese escenario”, dijo.

Antes que definir todas las características de un mercado global de datos, el paper apunta a señalar la necesidad de su existencia. Una de las lagunas a rellenar es la de las categorías de datos y su diferente valoración. Imanol Arrieta Ibarra, otro de los autores, dice que es muy difícil hacer esa clasificación pero que hay datos cuyo valor cambia con el estímulo. “Tu fecha de nacimiento es siempre la misma, te paguen o no, pero tus contribuciones a Waze o a Google Maps podrían mejorar mucho si te pagan”, explicó.

  • Nuevos sindicatos 

Lo que sí tienen claro es que un mercado justo será imposible sin una unión de los trabajadores del dato. Si en una empresa de cien personas, la capacidad de negociación de un empleado raso es prácticamente cero, ¿cuál será su poder en un mercado de miles de millones de trabajadores y menos de diez empresas contratando? Por eso proponen la creación de un nuevo tipo de sindicatos.

Según Lanier, el trabajo que hace la sociedad de autores para los músicos sería el ejemplo actual más cercano a esos posibles sindicatos, "aunque sea mucho menos sofisticado". "No sabemos aún qué mecanismos funcionarán mejor, pero sí que valorar la generación de los datos tiene que formar parte de la solución para una sociedad futura sostenible".

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