Todos los rostros de la disrupción

Retina LTD, el evento del líderes de la transformación digital de EL PAÍS, reunió a ejecutivos de Google, Santander, Tesla o Telefónica para descifrar el futuro de la economía

Poliédrica. Parece que no hay otro epíteto que se adapte mejor a la realidad presente y futura. Poliédrica porque presenta muchas caras y, por lo tanto, es diversa. Poliédrica también porque la base de esas caras es la misma en todos los casos, geometrías de aristas vivas. Esta alegoría se plasmó a lo largo de Retina LTD, el foro para líderes de la transformación digital organizado por EL PAÍS e impulsado por Telefónica y Santander con la colaboración de Google, y que cuenta con Abertis, Accenture, Endesa, Mastercard y Renfe como socios anuales. Predicción, personalización, individualización, automatización, sostenibilidad, circularidad, colaboración, innovación...

Son algunos de los conceptos con los que trabajan Google, Tesla, Car2go, Telefónica y el Grupo Santander. Sin embargo, esas palabras se tejen en patrones totalmente genuinos en cada empre-sa. Cada una es sastre de su futuro, por más que todas compren en la misma mercería. La jornada comenzó con un ritmo trepidante y ya en su primer acto ofreció una detallada fotografía de la transformación en empresas punteras. “Todos somos startups. Todos somos compañías en busca de un nuevo modelo de negocio”, señaló Carme Artigas, cofundadora y consejera delegada de Synergic Partners, una compañía de Telefónica. “La pregunta clave es: ¿Cómo puedo utilizar la potencia del dato para sorprender a clientes y usuarios con nuevas tecnologías?”, planteaba Fuencisla Clemares, directora general de Google para España y Portugal. “Ahora mismo, lo que motiva a la gente es hacer proyectos que cambien cómo trabajamos y cómo vivimos”, apuntó José Luis Sancho, director ge-neral de Accenture Digital. Hubo incluso tiempo para predecir el futuro. “En 2030, el coche compartido será eléctrico y autónomo”, aseguró Thomas Beermann, consejero delegado de Car2go.

Los poliedros fueron los protagonistas del escenario de Retina LTD durante la jornada de la mañana. El año pasado, en la primera gran puesta de largo de Retina, se emuló la pendiente de una rotativa con la capa digital de una gran pantalla, en un guiño al nuevo y el viejo periodismo. En esta ocasión, fueron cubos de madera sobre los que se proyectaron sueños de presente y futuro ante una audiencia de 500 asistentes en el Auditorio Nouvel del Museo Reina Sofía. Se trató, como subrayó la primera ponencia, de ofrecer un collage de visiones, de encontrar los rostros y narrativas que dibujan la gran disrupción, ese tsunami de unos y ceros nombrado por muchos ponentes que aparenta ser un goteo, pero que pronto ahogará el viejo mundo.

Entre esas voces, con una mirada irónica y a la vez esperanzada sobre este nuevo panorama, destacó el publicista Toni Segarra, que ahora va por libre con su aventura empresarial Alegre Ro-ca. El padre de anuncios inolvidables —ese “Te gusta conducir” de BMW que redujo a una mano balanceándose sobre el paisaje— ironizó sobre ese manoseo a las palabras como innovación, cultura líquida o lo superficial, dejando frases para el recuerdo: “Hay que profundizar para nuestra superficialidad”; “Hemos creído que el mundo era fijo y se ha desmoronado”; “Los mercados son conver-saciones y no están conversando”; “Las empresas tienen que transformarse en medios”. Y una reflexión de fondo, a tenor de la omnipresencia de la realidad líquida de Zygmunt Bauman, de calado nada epidérmico: “¡Cuánto dependemos de las metáforas!”. Dejó también la puerta abierta de la esperanza para el periodismo, al que depara un pa­pel crucial en estas nuevas em­presas necesitadas de ser cauda­les de los mensajes que buscan los ciudadanos.

La gran descripción de la eco­nomía actual dependió —no po­día ser de otra manera— de una metáfora. La del minuto 28, que tomó prestada el economista Ja­vier Rodríguez Zapatero, cofun­dador y presidente ejecutivo de la universidad digital ISDI, de un colega que se la cedió: “Ponga­mos que aquí comienza a caer, de manera exponencial, una go­ta de agua. Al minuto, cuatro. Al minuto, dieciséis. En poco más de media hora estaríamos todos muertos. Pero a cuatro minutos del final, en el minuto 28, solo habría caído en esta sala un seis y pico por ciento del volumen y nos estaríamos riendo cuando apenas quedarían instantes pa­ra morir”. Zapatero se atrevió in­cluso a ponerle minutos a los dis­tintos sectores de la vieja econo­mía, que vive mayormente aje­na, en su opinión y en la de sus contertulios, al desastre que se avecina. Un par de ejemplos: sec­tor financiero, minuto 28; sector energético, minuto 25.

Sin embargo, existe espacio para el optimismo: “Hay un cam­bio radical que no se ha comen­tado mucho en la prensa hablan­do de la economía mundial. Por primera vez en una década, des­de que arrancó la crisis, el creci­miento del comercio mundial su­pera al crecimiento del PIB. Esto es un síntoma buenísimo, por­que volvemos a tener al comer­cio como motor de la econo­mía”, apuntó el economista Juan Ignacio Crespo.

Retina LTD fue, más que na­da, la forja de tres palancas que, en otra alegoría, recordaron a la cita célebre de Arquímedes: “Dad­me un punto de apoyo y moveré el mundo”. El dónde, el qué y el cómo de la transformación digi­tal se plasmó en los bloques de Estrategia, Organización y Tecno­logía. En el segundo tramo, el de Organización, se pudo ver una clara sintonía en el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad de la innovación en España por par­te de dos exministros: Jordi Sevi­lla y Josep Piqué. Su receta coinci­dió en un mismo mensaje clave reducible a un tuit: “La clave de la innovación es que el Gobierno se la crea”.

Articular ese tuit era una rece­ta más concreta. Para Sevilla, una muy española: “Es como si todos los Gobiernos que han ido pasando estuvieran haciendo la misma paella, pero sin acertar nunca con la dosificación de los ingredientes”. Esa receta apunta, en su opinión, a la buena gestión de tres ingredientes esenciales: pactos de Estado sobre innova­ción a 10 años, un régimen espe­cial en lo fiscal y regulatorio pa­ra la juventud de las startups (los primeros cinco años) y una gran masa crítica de inversión pública y privada para que “el motor arranque”. Piqué coincidió en ese análisis y añadió una pincelada de ac­tualidad a tenor de la crisis del procés secesionista y la gestión de su comunicación por parte del Gobierno: “Lamentablemen­te, ha sido más analógica que di­gital. Lo que nos falta es pensar en grande y adaptar la velocidad de digitalización de los poderes públicos a la misma velocidad que la sociedad”.

Hablar de velocidad es hablar de masas en movimiento. Pocas resultan tan formidables como el tranquilo caminar de un elefan­te. Sin embargo, Telefónica ha imaginado un nuevo tipo de ele­fante que habría hecho sonreír a Dalí para revolucionar su organi­zación interna. “Le llamamos a nuestra nueva filosofía Lean Ele­phants, elefantes esbeltos: la idea es asumir que eres un elefante si te comparas con una startup, pe­ro saber que te puedes mover con mayor gracilidad”, declaró David del Val, presidente y conse­jero delegado de Telefónica I+D.

La idea tras esta nueva ges­tión interna de la multinacional española es una adaptación estra­tégica de la filosofía startup a una empresa de gran envergadura. Uno de los puntales para hacerla funcionar es examinar el talento que se muere por emprender pro­yectos de puertas para dentro de la empresa. “En todos los hubs hay mucha masa crítica y eso los hace tan exitosos. Los emprendedores han de estar en contacto con el resto del mundo, tanto con otros emprendedores como con inver­sores”, aseguró Manuel Silva, res­ponsable de inversiones de San­tander Innoventures.

Si algo distingue al hombre de los animales, sean elefantes o la­gartijas, es su tecnología, es de­cir, las herramientas de las que se vale para vencer su indefen­sión y moldear el entorno natu­ral a sus deseos. Tecnología fue, pues, la tercera palanca que com­pletó la descripción de la trans­formación digital. Una muy con­creta: el machine learning, los al­goritmos que aprenden las má­quinas por sí mismas y que han supuesto el resurgimiento de la inteligencia artificial. Su análisis, desde perspectivas económicas, éticas y sociales, centró un buen tramo de la jornada mañanera.

La gran pregunta que plan­tean disrupciones como ese aprendizaje de las máquinas es qué pasará con los humanos. ¿Se cumplirá la profecía, tantas veces citada en la ciencia ficción, de que las máquinas precipitarán el de­sastre de sus creadores? Esta opi­nión fue puesta en tela de juicio por los expertos en Retina LTD.

Pero la respuesta más rotun­da para que a la humanidad le vaya bien se resume en una pala­bra: educación. La educación fue el hilo conductor de toda la jorna­da, especialmente en las sesiones de tarde, a cargo de la IE Busi­ness School y la universidad digi­tal ISDI. En ellas, los profesiona­les de la transformación digital disfrutaron de dos horas de aprendizaje sobre lo último en sus áreas de especialización. Ro­dolfo Carpintier, presidente de Di­gital Assets Deployment (DAD), resumió esta gran idea, la verda­dera palanca que moverá el futu­ro, en una frase: “Deberás conti­nuar aprendiendo desde que na­ces hasta el final de tu vida”.

Los límites del 'machine learning'

Al principio, es terrible haciéndolo. Pero después de un mes viendo millones de fotos, comienza a aprender”, explicó el directivo.

El machine learning es un material tan mutable como la disrupción en sí. Pero solo puede ser dirigido a una meta en concreto. Esta puede ser tan fútil, pero tan evocadora, como vencer al mejor jugador del mundo en Go o tan titánica como la misión que Google define como central de todo su modelo de negocio: cómo organizar toda la información mundial y hacerla accesible y útil. La empresa se plantea tareas como la traducción automática (de voz a texto e idioma a idioma), reconocimien-

to de imágenes (y etiquetado de lo que contienen) y análisis de texto para fines tan mundanos (y necesarios) como el de qué co­rreos hay que mandar a la pape­lera y cuáles hay que conservar.

Pero la gran explosión de la tecnología dependerá de que cualquiera, y especialmente las pymes, puedan usar este poder. Google afirma estar trabajando duramente en simplificar las he­rramientas para que un usuario que no conozca nada del funcio­namiento del machine learning pueda usarlo para la tarea que se imagine. Mogenet puso como ejemplo de esas tareas la de au­tomatizar la detección de cala­bacines en buen o mal estado. A la vez, expertos como Ramón López de Mantaras, director del Instituto de Investigación en In­teligencia Artificial del CSIC y voz reconocida internacional­mente en inteligencia artificial con 40 años de experiencia en el sector, cree que tampoco hay que exagerar el impacto. “Lo más probable es que no veamos esa enorme destrucción del em­pleo que se pronostica por la sustitución de las máquinas”.

Mantaras insistió en despejar la idea romántica que ha legado la ciencia ficción y centrarse en una provechosa colaboración humano-máquina en la que el primero aprovecha a la segunda para potenciar sus capacidades, no para ser desechado como una antigualla.

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