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El delicado equilibrio entre la empresa tradicional y la economía colaborativa

Los legisladores han de comprender que la economía colaborativa no es un fenómeno puntual ni una moda pasajera. Y que puede ser beneficiosa tanto para las empresas existentes como para los consumidores, asegura el general manager de StubHub

La manera en la que cogemos un taxi, reservamos alojamiento para nuestras vacaciones o encargamos comida ha cambiado radicalmente en los últimos años. La economía colaborativa ha ido facilitando, aún más, gracias a la incorporación de las nuevas tecnologías. Muchos consumidores valoran la facilidad y comodidad que aportan las plataformas de economía colaborativa como Airbnb, Cabify y Blablacar a sus ajetreadas vidas.

Sin embargo, las empresas más tradicionales se sienten a menudo amenazadas por la innovación introducida por los nuevos modelos de negocio y demandan una regulación, llegando incluso a pedir su prohibición. Por otro lado, aquellos que utilizan estas plataformas para dirigir una empresa, así como las plataformas en sí, luchan por mantener un mercado abierto y libre.

Les guste o no a las empresas tradicionales, la economía compartida ha llegado para quedarse. Y continuará creciendo.

Les guste o no a las empresas tradicionales, la economía compartida ha llegado para quedarse. Y continuará creciendo. La consultora PwC estima que en 2025 alcanzará un valor de 355.000 millones de dólares.

Los legisladores no parecen dar con la clave para regular estos nuevos negocios, lo que ha provocado la redacción precipitada y mal orientada de legislación que no contempla las cuestiones a las que se enfrentan los consumidores o la industria en general y que supondría un freno a la innovación, en vez de un impulso a la misma.

Tomemos como ejemplo la reventa de entradas. Las plataformas online han trasladado el viejo modelo de reventa al mundo online facilitando el contacto de los vendedores con un público más amplio y aportando más transparencia a esta industria. Además, también han contribuido a reducir el mercado negro de la reventa en la calle, protegiendo a los compradores de posibles fraudes.

Por lo tanto, no se debería optar por la línea de la prohibición sino establecer un marco regulatorio que permita la coexistencia y el desarrollo del negocio tradicional y la economía colaborativa. Y, lo que es más importante, una regulación que proteja a los consumidores y fomente la libre competencia en el mercado.

Recientemente, el Gobierno Vasco y la Xunta de Galicia han realizado propuestas de legislación potencialmente anticompetitivas y que podrían dañar a una industria que precisamente ha aportado más seguridad a la reventa de entradas. Por ejemplo, analicemos su iniciativa para establecer un precio máximo. Lejos de proteger a los consumidores, hay una considerable evidencia de que esta medida impulsará la venta de entradas en la calle o en sitios no seguros en Internet. De esta manera se acaba con la seguridad de la que los consumidores disfrutan actualmente, y relega de nuevo esta actividad al mercado negro. Esta es la principal razón por la que Reino Unido rechazó esta medida dentro de su regulación y se centró en las cuestiones que realmente afectan a los consumidores.

El gobierno británico, por ejemplo, ha lanzado una campaña para regular el uso de los bots, software que permiten comprar entradas a una velocidad imposible para un ser humano. Precisamente, los bots son uno de los mayores problemas a los que se enfrenta la industria, ya que acaparan las entradas impidiendo que los fans puedan acceder a las mismas.

Los legisladores españoles deberían seguir el ejemplo del Reino Unido y examinar, en primera instancia, las cuestiones relativas al acceso a las entradas y la transparencia del proceso. Debe poder asegurarse que los consumidores saben cuántas entradas salen a la venta general y cuántas son retenidas los actores del mercado primario.

En definitiva, los legisladores deberían comprender que la economía colaborativa no es un fenómeno puntual, ni una burbuja o moda pasajera, y que es un modelo que puede ser enormemente beneficioso tanto para las empresas existentes como para los consumidores. La velocidad con la que ha irrumpido en muchos sectores ha generado temores infundados entre los negocios tradicionales. Una legislación que aborde los verdaderos problemas de esta industria, permitirá que tanto las plataformas de la economía compartida como las empresas tradicionales coexistan y florezcan. Y, sobre todo, beneficiará a los consumidores.

Jon Uriarte es director general de StubHub International.

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22/11/2017
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