Imagen de la experiencia de realidad virtual 'Singularity' de Relaja el coco.
Imagen de la experiencia de realidad virtual 'Singularity' de Relaja el coco.

Profetas del futuro inmersivo

El evento 'La oportunidad digital en las industrias creativas' de EL PAÍS Retina pasó revista a las realidades híbridas y sus usos poéticos y narrativos presentes y futuros

¿Qué tienen que ver una cuna que emula el runrún de un coche, la vuelta al mundo sin moverse del sofá y el Boing 747? La respuesta se resume en una palabra: hibridación. Esto es, evolución, nuevas maneras de empatizar, narrar, en definitiva, comunicar, valiéndose del trampolín tecnológico. Ayer, en la Casa del Lector del Espacio Matadero, diez profetas de esta hibridación pasaron revista a las tecnologías inmersivas, la narrativa transmedia y el uso poético de lo digital en el evento Visión de EL PAÍS Retina La oportunidad digital de las industrias creativas. Google como patrocinador y Telefónica y Grupo Santander como impulsores apoyaron el evento.

Fueron dos horas dedicadas a caminar dos caras de la misma moneda: el cómo, las nuevas maneras de contar y el quién, los nuevos narradores que las usan. "Estamos viviendo una democratización de los medios para contar historias. Todos los que estáis aquí sois, potencialmente, narradores de experiencias inmersivas", apuntó Jaime García Cantero, director de contenidos de EL PAÍS Retina. Melanie Parejo, coordinadora de talento creativo en Youtube, abundó sobre este punto. "Una plataforma como Youtube nunca será una televisión, es una comunidad de espectadores y creadores. Una de las tendencias que estamos viendo es el contenido que se genera a partir del contenido". Parejo puso como ejemplo una espectacular recreación con LEGO del último videoclip de Taylor Swift.

La pregunta en el candelero de toda la tarde fue esta: "¿Adónde va la VR?". La respuesta más repetida, sobre el escenario y también en las entrevistas frente a la cámara, fue unánime: "No tenemos ni idea". Es cierto que la realidad virtual, aumentada, mixta o "borrosa", como la definió Alessandro Ghetti, jefe de diseño de negocio de Fjord, ha perdido fuelle. Este verano, el reputado portal de tecnología Techcrunch publicaba un largo reportaje bajo un titular contundente: Este ciclo de VR está muerto. En su interior, actores de la industria e inversores resumían el sentir general hacia la tecnología con un descreimiento que se resumía en "pregúntame dentro de cinco años". La consultora Gartner aseveró también que la VR se encuentra en ese momento de desengaño del hype que vive toda nueva tecnología que consume una enorme inversión y no devuelve los resultados esperados. Se calcula que en 2016, el año que se esperaba como el despegue definitivo de la realidad virtual, se vendieron menos de 10 millones de visores de alta gama, según datos de la consultora IDC.

Pero hay otra cara de la moneda. Numerosas consultoras, como IDC, siguen prediciendo 100 millones de cascos (lo equivalente al parque de la consola líder de cada generación) para una fecha tan próxima como 2021. Y compañías como Magic Leap, de la que se habló mucho durante todo el evento, siguen absorbiendo una gigantesca financiación (rondan los 2.000 millones de euros ya) para una tecnología ultrasecreta que promete revolucionar el panorama mezclando capas de elementos virtuales al mundo real con unas gafas ultraligeras. Para Edgar Martín Blas, CEO de Virtual Voyagers, este runrún del gran cambio se escucha ya como un rugido para el futuro inmediato: "Cuando se inventó el avión, fueron necesarios esos pioneros que estrellaron innumerables aeroplanos. La fase de estrellarnos ya la hemos superado y ese Boing 747 que nos llevará a las nubes llegará en un par de años".

La conversación en el medio inmersivo está cambiando claramente de todo lo que pueden hacer los cascos a todo lo que de facto hacen. En el AfterWork tras el evento, el estudio de Relaja el Coco mostró una experiencia de VR de cuatro minutos y pico llamada Singularity. Un viaje alucinante por la mente de una inteligencia artificial que hacía honor al breve texto introductorio que abre la experiencia: "Hay una posibilidad. Si alguien creara una inteligencia artificial capaz de mejorarse a sí misma podría no pasar nada. Su crecimiento sería tan exponencial que en poco tiempo se esfumaría, un segundo nuestro serían miles de años para ella y su forma de ver la realidad sería incomprensible para los seres humanos". Ese "incomprensible" se plasma en un zambullido en un espacio en blanco sobre el que se dibujan líneas y curvas de colores primarios, mensajes en capitulares, túneles psicodélicos, formas geométricas en explosión y una aceleración terminal estética que abruma y emociona.

Emoción fue otra de las palabras clave de la tarde. Pablo Galeano, cofundador de Relaja El Coco, abundó en este aspecto. "Estamos en esto por una cosa muy simple. Toda la vida nos ha molado dibujar. Siendo así, si tu dibujas un dragón lo que quieres es que todo el mundo vea y le mole tu dragón. En la realidad virtual puedes hacer que ese dragón esté al lado de tu público como si existiera realmente", explicó al micrófono de EL PAÍS Retina. Uno de los triunfadores de la tarde, Juan Santacruz, CEO y director creativo de Espadaysantacruz Studio, fascinó al público con proyectos tan absurdos como evocadores. Una cuna que imita al detalle las relajantes inercias de un viaje en coche, un sofá que se sostiene en equilibrio imposible sobre una de sus patas, un bonsái cuya vida depende de que los trabajadores de una empresa cumplan con una tarea. El resumen, en el lema del estudio: Usar la tecnología para crear experiencias que no sirven para nada. "Pero hay muchas cosas que amamos que no sirven para nada y nos hacen más felices", apostilló Santacruz en su intervención. Una frase que probablemente haría sonreír al replicante Roy Batty.

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