La metarrealidad de Oculus: probamos la futura realidad virtual de Facebook

Probamos las novedades de realidad virtual de Facebook. El mito de la caverna del siglo XXI difumina de manera inquietante las barreras. ¿Serán el olor y el tacto la siguientes sensaciones a reproducir de manera digital?

Mark Zuckerberg tiene una obsesión. Una adicional, que se suma a su sueño de conectar a todos los humanos en su red social. El fundador de Facebook quiere que mil millones de perfiles se sumen a la realidad virtual.

No constituye esta una tarea fácil. No solo hace falta un gran soporte técnico para la distribución del contenido, lo que hasta ahora ha sido uno de los puntos más complicados. Además, los consumidores necesitan una gran variedad de experiencias y usos. Oculus ha hecho grandes avances pero, sobre todo, una plataforma de juegos en la que las experiencias comienzan a cobrar sentido.

Un ejemplo de esto sería Hapinss, de Marco Antonio Wang-tsu Liu; un mexicano canadiense con orígenes chinos, empeñado en quitar el estrés llevándonos a ver la aurora boreal o sentir las olas del mar. De la mano de psicólogos, ha prestado ayuda con los afectados tantos de los terremotos en México como de los incendios en el norte de California. Su startup ha recibido la inversión de Balero, un fondo mexicano con fuerte presencia en Silicon Valley. Es un ejemplo más de los usos de este formato emergente.

Participantes en el Oculus Connect, en San José, California

Busuu, con sede en Londres, aunque nacidos en España, estaban también entre los elegidos. Ultiman una experiencia para aprender español paseando por una casa. Confiesan que fue Oculus quien se acercó a ellos con la propuesta y financió el desarrollo.

Durante el segundo día de la conferencia Oculus Connect, Facebook nos ofreció dos horas de pruebas. Salimos con la cabeza desordenada. Fue como un viaje a un nuevo lugar. La primera aventura fue una inmersión de 25 minutos, todo un capítulo con Blade Runner 2049. En cuestión de segundos estábamos en el escenario oriental futurista con una misión, borrar de la memoria un asesinato. Pruebas, deducción y un mundo inquietante por lo conseguido del ambiente. Solo faltaba mojarse la ropa para sentir la lluvia.

Nuestra experiencia fue de unos maravillosos 26 minutos en un desierto virtual, en lo más alto de Manhattan y en un parque, todo sin salir del centro de convenciones de San José, la antigua capital de Silicon Valley.

A diferencia de en ocasiones anteriores, ya no se siente mareo. Algo que sí llegó en la segunda toma de contacto. Cuatro jugadores con cuatro cabinas distintas y todo un equipo de robots verdes maléficos para intentar defender una generador postrado en centro de un circo romano. Esa es la propuesta de Marvel Powers United. Una lucha online, más parecida a los eSports, con excelente definición y, ahora sí, algo de mareo. No tiene la profundidad, ni la narrativa de Blade Runner, pero entretiene como lo hacen las consolas de última generación.

La verdadera explosión de lo que Oculus nos depara llegó al probar Facebook Spaces, la telepresencia que pocos días antes del evento Zuckerberg mostró en un polémico viaje virtual a Puerto Rico. El primer paso es sacar el móvil para conectar nuestro perfil de la red social con Oculus Rift a través de un código. Después, analiza nuestras fotos de perfil y nos propone un modelo de alter ego muy cercano a nuestra identidad real. Permite retocarlo para que termine de hacernos sentir bien. Y en pocos segundos comienza la magia. Nuestra experiencia fue de unos maravillosos 26 minutos en un desierto virtual, en lo más alto de Manhattan y en un parque, todo sin salir del centro de convenciones de San José, la antigua capital de Silicon Valley.

Estuvimos con Phil, un empleado de Facebook al que sentíamos cercano pero no estaba ahí. Le dimos abrazos virtuales, haciendo el gesto con casco y mandos, pero él no estaba físicamente. Mantuvimos una conversación con los amigos de nuestro muro, pero podíamos hacer cosas antes no conocidas. Como pintar y poner el garabato en el fondo o tomar los comentarios de los amigos como hacen los presentadores de televisión con las tarjetas del guion. En un despiste se nos apareció Beast, el perro con rastas del fundador de Facebook.

Hasta tomamos un palo selfie y los inmortalizamos para siempre, recuerdo de una visita a un lugar sin coordenadas. Phil nos llevó de pesca. Agarramos el pez que capturó en nuestras manos y le dimos un beso antes de devolverlo al estanque. De manera imperceptible, desarrollamos un rápido vínculo afectivo con momentos y objetos inexistentes.

Fotograma del vídeo promocional de Facebook Spaces

Nos fuimos de viaje de Silicon Valley a Nueva York con solo tomar una burbuja y llevárnosla a la boda. De nuevo, Alicia en el País de las Maravillas, la pastilla de Matrix como metáfora de un viaje a otro lugar inventado.

, recuerda muchísimo a Second Life, pero en esta ocasión no pretende hacer dinero personalizando nuestro otro yo, ni haciéndonos pagar por clases. Spaces comienza como algo lúdico pero tiene un gran potencial para acortar distancias, tanto personales como profesionales. Permitirá a los emigrantes, por poner un ejemplo, sentirse en la cena de Navidad con sus seres queridos, o asistir a una presentación de la empresa sin tener que montar en avión. La sensación de telepresencia está muy conseguida. No solo por los rápidos gestos, sino también por la empatía que genera, por el ser capaz de llevarnos a otro lugar e interactuar con objetos, escenario y personas.

El mito de la caverna del siglo XXI difumina de manera inquietante las barreras. Da risa nerviosa y deja la cabeza descolocada durante un par de días. Ya no hay barreras. ¿Serán el olor y el tacto la siguientes sensaciones a reproducir de manera digital?

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22/11/2017
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