¿Fines de semana de tres días? Vigila que no se quede uno al final

¿Fines de semana de tres días? Vigila que no se quede uno al final

Hemos hablado con expertos de todo tipo para ver si sería factible ganar un día de fiesta. Esto es lo que nos han dicho

John Maynard Keynes aseguraba en un ensayo publicado en 1930 que sus descendientes tendrían suficiente con trabajar tres horas al día en una semana laboral de 15 horas. Y punto. En su opinión, las máquinas nos iban a hacer tan eficientes y productivos que no haría falta más.

Unos 87 años después, el ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital de España, Álvaro Nadal, expresó en su discurso ante el foro Retina Futuro, organizado por EL PAÍS RETINA, su esperanza de que las máquinas nos permitiesen disfrutar de fines de semana de tres días. El ministro estaba medio en broma. Aun así, la idea nos ha hecho mucha ilusión en la redacción. Por eso nos hemos preguntado (y hemos trasladado la pregunta también a gente que sabe más que nosotros) tanto si es factible como si podremos llegar a verlo.

El concepto de jornadas laborales más cortas tiene que ver con la irrupción de la automatización en nuestras vidas. Vienen robots (o algoritmos) que son capaces de llevar a cabo muchas tareas de forma más rápida que nosotros. Muchos opinan que este cambio de paradigma conducirá a menos empleos. Otros, a que, como ha sucedido en el pasado, los empleos se sustituirán por otros más creativos. Y que ello nos hará más felices.

A finales del año pasado, un estudio elaborado por Randstad cifró en 1,25 los millones de empleos que generaría la digitalización en un plazo de cinco años. Por otra parte, según el mismo documento, casi la mitad de los españoles consideran que su trabajo es automatizable. Luis Pérez, director de Relaciones Institucionales en la división española del grupo, lo tiene claro: “Es evidente que se va a producir una transformación total de cómo y cuánto trabajamos. Ya lo estamos viendo. Antes había seis personas en un peaje y ahora hay solo una”, argumenta.

Las consecuencias concretas de este impacto son harina de otro costal. ¿Aumentaremos la productividad? “Sí, seguro”. ¿Se generará empleo? “También”. ¿Qué vamos a hacer con el exceso de capacidad productiva? “Habrá que verlo”, regatea. Según Pérez, más que un fin de semana de tres días, podría darse una semana de cuatro días hábiles. “Trabajaríamos menos horas o menos días, distribuidos de tal manera que las empresas estuvieran funcionando de lunes a viernes”, razona.

“Fin de semana de tres días es una frase un poco peligrosa, con tanta gente como hay buscando empleo”, nos advierte Nuria Rius, directora de servicio de Adecco. Ante la sombra de potenciales destrucciones de puestos de trabajo llegadas de la mano de la automatización, Rius defiende la necesidad de seguir trabajando en la productividad sin perder de vista la necesidad de que todos puedan acceder a un empleo.

En los últimos 20 años, la productividad solo ha aumentado en España a golpe de despidos

Manuel Hidalgo, economista y profesor en la Universidad Pablo de Olavide

Porque la clave de todo esto se llama, precisamente, productividad. ¿Logrará la revolución digital que demos un salto en este sentido? Manuel Hidalgo, economista y profesor en la Universidad Pablo de Olavide, calcula que la eficiencia debería ser del 30% si se quiere eliminar por completo un día laborable. Aunque también es cierto que no termina de verlo del todo claro. “Soy escéptico, aunque quizá tengamos que volver a hablar del tema en diez años”. ¿Por qué estas dudas? Porque la historia no muestra que seamos cada vez más productivos. “En los últimos 20 años, este dato no ha subido en España excepto a golpe de despidos”, añade. Así volvemos al principio: las máquinas pueden liberarnos de trabajo, aunque la palabra despido no resulte precisamente del agrado de nadie.

Incluso en el caso de que se lograse ese incremento, quedaría por solucionar otra cuestión: ¿en quién repercutiría ese aumento de la productividad con la sociedad digital? Es algo en lo que está de acuerdo otro economista, el profesor de la Universidad Rey Juan Carlos Guillermo de Haro. “Personalmente creo que estos indicios apuntan a un futuro en el que trabajaremos menos horas, siguiendo la tendencia histórica”, apunta. “No sé si serán tan pocas como decía Keynes ni tengo claro cómo estarán distribuidas, sobre todo porque seguirán existiendo importantes diferencias por países y probablemente por profesiones”. Es decir: puede ser que haya gente que sí se pueda permitir trabajar cuatro días a la semana (o menos). Pero habrá bastantes que no.

Hidalgo retoma este hilo. “Si el trabajo no se distribuye de forma homogénea, el ocio tampoco. Los que cambian una rueda no han mejorado demasiado en términos de productividad en los últimos años, mientras que en otros sectores ha habido incrementos sustanciales”, señala. La sombra de la desigualdad acecha también en el reparto del descanso. “Debemos plantearnos escenarios nuevos en los que una parte de la población trabaja y otra no”, explica por su parte Fernando Broncano, catedrático de filosofía especializado en tecnología y sociedad. “Lo cual no es necesariamente malo. Todo depende de cómo se organice la sociedad”.

Organización. Gran palabra. Aquí hay un caso que resulta relevante y que aporta Francisco Puertas, director general de Accenture Strategy, Talent & Organization de España: la semana de cuatro días se aplicó en Utah, Estados Unidos, en 2007. El Gobierno tuvo que abandonar la iniciativa cuatro años después por las quejas de los ciudadanos y residentes por no tener acceso a los servicios públicos los viernes. “No estoy seguro de que nuestra sociedad necesite un fin de semana de tres días”, concluye.

Hay, incluso, quien se pregunta si en realidad queremos o necesitamos trabajar menos días a la semana. “Pasar de una semana laboral de cinco a cuatro días no viene determinado por el avance de la tecnología, sino por la decisión consciente de reducir el ritmo de creación de valor”, explica Silviano Andreu, director global de Minsait, la unidad de transformación digital de Indra. “Y también por la valoración que queramos hacer del equilibrio justo entre trabajo y descanso, asumiendo que una parte esencial de la satisfacción del ser humano reside en sentirse útil y contribuir al desarrollo de la sociedad”, opina. “Mirado en perspectiva y con un horizonte temporal lo suficientemente amplio, de alrededor de 50 años, podremos seguir trabajando los cinco días a la semana, pero en nuevas actividades, de mayor sofisticación y, sin duda, mucho más gratificantes para todos y generadores de mayor riqueza”.

Fuentes de IBM se posicionan en el mismo sentido, basándose en la irrupción de la inteligencia artificial: “Habrá tareas que se tarde mucho menos en hacerlas, lo cual también abrirá la posibilidad de que el profesional se centre en otras nuevas de mayor valor”.

El reparto de horas tiene poco futuro. No tendremos fines de semana de tres días

Fernando Broncano, catedrático de filosofía especializado en tecnología y sociedad

La cuestión es que parece demostrado que trabajar cuatro días a la semana en vez de cinco solucionaría muchos de nuestros grandes problemas, según explica Manuel Hidalgo. “Bajaría la tasa de paro y mejoraría la situación de las pensiones”, si bien matiza que lo más probable es que la revolución digital, en vez de lograr ese deseado aumento del 30% en la productividad, traiga cambios de hábitos que afecten, por ejemplo, a la rigidez de los horarios.

Porque, ¿qué pasa si no logramos trabajar cuatro días a la semana pero, a cambio, trabajamos menos horas al día?

Medir las horas por día o por semana también tiene su influencia al pensar en un posible cambio o generalización. “Si tenemos en cuenta las horas trabajadas por año vemos que se pueden repartir de diversas maneras”, asegura Guillermo de Haro. “Basta pensar en industrias muy estacionales donde en unos pocos meses de temporada alta intensa se gana lo suficiente para vivir el resto del año”. O en aquellas industrias dónde ya se dan casos parecidos de semanas sostenidas de menos días por semana; o en profesionales liberales que consiguen automatizar fuentes de ingresos o una base de clientes recurrentes sólida y que de esta manera se pueden permitir este tipo de jornada al crear alto valor añadido. En Suecia, un experimento llevado a cabo en 2016 demostró que si las personas solo trabajan seis horas al día enferman menos. Los economistas David Rosnick y Mark Weisbrot apuntaban en una investigación que si los estadounidenses redujeran sus horas semanales al nivel europeo, reducirían en un 20% el uso de energía. Aquí tenemos el caso francés: pasó de semanas con 39 horas a semanas de 35 horas, que bien podrían concentrarse en cuatro días o incluso reducirse todavía más.

Vale. No está nada claro que podamos terminar trabajando solo cuatro días gracias a la revolución digital. Pero al menos no trabajemos más a cambio, ¿no? Pues aquí también encontramos opiniones para todos los gustos. La más contundente es la de Fernando Broncano, quien estima que el reparto de horas “tiene poco futuro” porque el problema va a ser la escasez de trabajos. “No vamos a tener tres días de descanso”. Por el contrario, quienes sigan teniendo trabajo, como ya va ocurriendo, van a tener un escenario de 50 horas semanales de trabajo. “Porque lo que van a hacer no se puede repartir”.

Retina

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