De izquierda a derecha, José Luis Piñar (Universidad CEU San Pablo), Rita Balogh (Google), David Alandete (EL PAÍS), Cecilia Álvarez (APEP) y Cristina Maroto (Asgeco).
De izquierda a derecha, José Luis Piñar (Universidad CEU San Pablo), Rita Balogh (Google), David Alandete (EL PAÍS), Cecilia Álvarez (APEP) y Cristina Maroto (Asgeco).
#RetinaFuturo

Transparencia y privacidad, la base de la revolución digital

Varios expertos reflexionan sobre los retos que plantea la revolución digital en términos de protección de datos

El principal reto que plantea la revolución digital es garantizar la privacidad”. José Luis Piñar, catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad CEU San Pablo, ha lanzado esta proclama en su primera intervención en la mesa sobre Privacidad, sociedad e innovación, la primera de las programadas para el Foro Retina Futuro, organizado por EL PAÍS RETINA. “Debe buscarse el equilibrio entre la seguridad de los datos y la privacidad. Sin olvidar otro elemento fundamental para toda sociedad democrática avanzada: la transparencia”, asegura.

El problema de la privacidad es que a menudo no se tiene presente. “Cuando mi generación empezó a acercarse a las redes sociales se pasó rápidamente del celo a la intimidad a contar hasta cuando te tomas una tostada”, ilustra Cecilia Álvarez, presidenta de la Asociación Profesional Española de Privacidad (APEP). “No es lo mismo compartir tu información en un muro público que en una red en la que tú decides quiénes ven la información. El usuario debe tomar consciencia de hasta qué punto se expone en internet. Hace falta educar en responsabilidad de las decisiones que tomamos”, añadió esta experta.

La educación del usuario en los derechos y deberes que tiene cuando navega por internet es, en opinión de todos los expertos, fundamental en la transición digital. “Muchas personas contratan servicios sin leerse los términos y condiciones. Hay gente que ni siquiera es consciente de qué es la protección de datos, o de qué hace falta protegerlos”, afirma Cristina Maroto, secretaria general técnica en Asgeco. La aproximación a este asunto, además, varía en función de la edad. “Los más jóvenes asumen que se están poniendo las medidas adecuadas para que la privacidad sea respetada. Los más mayores, en cambio, son mucho más reticentes a facilitar datos personales en la red, aunque el comercio online va aumentando, y por tanto esas reservas parece que se van superando”, ha añadido Maroto.

  • Protección y legislación

¿Cómo lo está haciendo España? “Somos uno de los países mejor preparados para la gestión de datos”, opina Maroto. “Y es muy difícil estarlo, porque la ley va siempre por detrás de la realidad. A menudo, cuando se saca una nueva normativa, ya está apareciendo otra tecnología que la deja atrás”, reflexiona. Tratar de legislar un ciberespacio que no tiene barreras es muy complicado. Aunque, tal y como aseguró el ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital, Álvaro Nadal en la presentación de las jornadas, la revolución digital probablemente obligará a modificar todas las leyes, incluida la Constitución.

La brecha entre la Administración y la tecnología debería ser lo más escueta posible. “Debemos tener una innovación responsable. No solo necesitamos matemáticos e ingenieros para llevar a cabo esta revolución: también hacen falta juristas y filósofos”, ha espetado Álvarez.

  • El papel de las empresas

Las empresas que canalizan el enorme flujo de datos que transitan por las redes son las primeras responsables de la seguridad de esa información. Así lo cree al menos Rita Balogh, responsable de políticas públicas de Google en Bruselas. “Ahora mismo estamos teniendo fuertes discusiones sobre cómo regular los flujos de datos en Europa”, ha dicho en referencia a la General Data Regulation, la normativa que ahora mismo se está cocinando en Bruselas. “Lo que intentamos es poner al usuario en el centro. Hace dos años pusimos en marcha un sistema, Mi Cuenta, en el que cualquiera puede entrar y ver qué sabe él Google. También es cierto que mucha gente no entiende del todo qué servicios son o no gratuitos. Es importante no abrumar al usuario con cierta información: resumir los términos y condiciones, pero de forma que se entiendan. Aunque luego nadie lo lea”, subraya Balogh.

Retina

22/07/2017
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