¿Cómo ponemos en marcha la economía circular?
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Transformación

¿Cómo ponemos en marcha la economía circular?

Expertos de distintas disciplinas debaten en un evento organizado por Fjord la forma de poner en práctica esta alternativa a la economía lineal

Las proyecciones de la ONU dicen que la población mundial superará los 8.000 millones de habitantes en 2030. Mantener el actual ritmo de consumo, aunque no mejoren las condiciones de las personas con menos recursos, sería insostenible para el planeta. Al menos si se sigue aplicando el modelo económico lineal: extraer recursos naturales, procesarlos, fabricar productos y generar desperdicios.

Tomar, hacer y desechar ha sido el patrón de actuación sobre el que se ha construido el desarrollo económico mundial de los últimos siglos. Pero si queremos que el planeta no colapse hace falta pensar en modelos alternativos. La economía circular es un modelo del que se habla desde los años setenta y que está volviendo a ganar fuerza. El planteamiento es conceptualmente sencillo: lograr que los productos y recursos mantengan su utilidad. Eso se consigue trabajando con materiales biodegradables, de manera que los productos puedan enriquecer el medio ambiente cuando se prescinda de ellos, y alargando su vida útil a cotas mucho más altas de las actuales.

Uno de los requisitos de la economía circular es instaurar el diseño sin residuos: que los componentes biológicos y químicos de los productos estén pensados de manera que se integren de vuelta al ciclo a través del reciclaje o el compostaje. Por eso, porque tiene que ver con el core de su actividad, le interesa este movimiento a Fjord, la consultora de servicios de diseño e innovación integrada desde hace cuatro años en Accenture Interactive.

Nicola Cerrantola, en la sede de Fjord durante su presentación.

“Todo lo que hacemos, aunque sea a través de pantallas, repercute en la sociedad”, explica Luis Villa, director de diseño de negocio de Fjord España. “Uber es una aplicación, pero ya hemos visto que ha sacado a los taxistas a la calle. A nosotros nos preocupa nuestro entorno, por eso apostamos por el circular design: tratamos de medir la repercusión de los proyectos a largo plazo”, añade Héctor Ibarra, director de la consultora.

La economía circular centró el evento Fjord kitchen, un encuentro abierto a compañías y la comunidad de diseño, incluidos colegas de la competencia, para reunirse en torno a donde las conversaciones suceden (la cocina) para hablar de temas que interesan. “Si tu coche pasa el 98% del tiempo parado, ¿por qué no sacarle rendimiento? La economía digital está en el corazón de la economía circular”, espetó Justin Keeble, director general en Accenture Strategy y responsable de sostenibilidad para Europa, África y Latinoamérica.

Para Nicola Cerrantola, investigador y experto en diseño y emprendimiento sostenible y economía circular, una de las claves de esta revolución está en lograr transformar la mentalidad de la gente. “Deberíamos cambiar el término sostenibilidad por otro más inspirador, como prosperidad”, propuso ante la audiencia que abarrotaba las oficinas de Fjord.

Las ponencias captaron la atención de decenas de invitados en las oficinas de Fjord.

Ese cambio de chip no es sencillo, ni para el consumidor ni para las empresas. CirQlight, la startup de Emma Fromberg, que también es responsable de formación extracurricular de la Fundación Ellen MacArthur, repensó el sistema de alumbrado para bicicletas. El resultado es interesante. “El usuario paga por la luz, no por la bombilla. Cuando necesitas una la coges de un punto de recogida, y cuando acabas el trayecto lo dejas en otro, donde se recarga”, ilustró. ¿Qué principios deben seguir las empresas para ceñirse a la economía circular? Esta experta lo tiene claro. “Usa materiales compatibles, dales forma de manera creativa para dar respuesta a las necesidades, usa la inteligencia digital y ten en cuenta el contexto en el que operas”, resumió.

El director global de sostenibilidad de Brambles, Juan José Freijo, expuso ante el público un caso de éxito. Los palés que produce Chep, una de las marcas de la compañía australiana, son 100% reutilizables. “Nosotros no vendemos palés: los alquilamos”, matizó. “La clave para desarrollar algo reutilizable son las redes de conexión”, añadió. La compañía se encarga de facilitar a sus clientes, que “según hablamos están usando miles de millones de unidades”, lugares donde cambiar sus palés por nuevos cuando se estropean. La firma australiana los repara y los vuelve a poner en circulación. “Recientemente hemos desarrollado un sistema de packaging para huevos que reduce en un 60% el número de los que se rompen. Eso es caro, así que lo hemos hecho reutilizable. Lo que necesitamos son este tipo de ideas, cambiar el chip”, concluyó.

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