Historia de los videojuegos: del Pong a la realidad virtual

Te contamos cómo ha sido la pequeña gran evolución de los videojuegos, aprovechando que se celebra el E3 2017

Estamos en plena E3, la gran feria internacional que se celebra en el Convention Center de Los Ángeles. Resulta difícil imaginar qué pensarían buena parte de los asistentes a este evento si vieran aquellos primeros videojuegos construidos con transistores, resistencias y condensadores, y dotados apenas de una pantalla vectorial sin color, sin sonido, y sin memoria para recordar cuántos puntos le llevas ganando (o perdiendo) a tu rival.

Tampoco sabremos de qué habría sido capaz Alan Turing si hubiera tenido la suerte de conocer esos juguetes de principios de los 70, cuando en 1946 este genio de la informática, conocedor del potencial de los ordenadores antes de que existieran máquinas lo suficientemente potentes, diseñó el primer juego de ajedrez por ordenador… sin ordenador.

Efectivamente, durante estos años hemos pasado de un ejercicio de imaginación para convencernos de que esos palitos eran raquetas a tener que desplegar una verdadera fuerza mental para decirle a nuestro cerebro que no se va a caer al abismo mientras atravesamos la pasarela de una nave espacial y somos perseguidos por unos drones de realidad virtual.

La industria del videojuego ha ido incorporando nuevas funciones. Y no solo en lo que respecta a gráficos y realismo. Ya a partir de la séptima generación de videoconsolas, en la primera década del siglo XXI, nos empezaron a decir que levantáramos nuestros traseros del sofá y que usáramos más partes del cuerpo que los ojos y los pulgares.

Los controladores inalámbricos y la detección de movimiento nos han ido liberando de los cables, y gracias a la realidad aumentada basada en la localización pudimos ver el verano pasado sorprendentes grupos de jugadores persiguiendo Pokémons por las calles, cuando a muchos de ellos cuesta engañarlos para salir de casa a pasear.

Máquina "Pong" de Atari

Un ejemplo de cómo ha evolucionado la tecnología la aporta Singularity (de Zero Latency y grupo 7Fun), disponible desde el 7 de junio en Madrid. Consiste en lo siguiente: los jugadores pueden –y deben- desplazarse por diferentes ambientes de un enorme transbordador espacial, que en realidad es una nave industrial de unos 200 metros cuadrados en la que se despliega la zona de juego.

Jugadores ZeroLatency

Un sistema de cámaras sigue los movimientos de los participantes y envía la señal a un servidor, que la procesa y la devuelve a las mochilas que llevan los jugadores. La imagen que se reproduce se renderiza en el casco de realidad virtual en tiempo real y con una latencia cero (desfase que se produce entre lo que hace el jugador y cuándo lo ve).

Imagen del clásico pong.

La realidad virtual, la libertad de movimiento y la interacción con otros jugadores seguirán cobrando protagonismo. Una experiencia no apta para cardíacos (de hecho, los responsables de Zero Latency te avisan de los peligros antes del juego). Aún estamos aprendiendo a sumergirnos en otros mundos virtuales sin marearnos. Ya veremos si dentro de 70 años parecerán tan ingenuos nuestros actuales cascos de realidad virtual como ahora nos lo parece aquel rudimentario Pong.

Retina

21/07/2019
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