Microsoft quiere ser ‘cool’
Silicon Valley, por dentro

Microsoft quiere ser ‘cool’

El CEO de la compañía, Satya Nadella, apuesta por la nube y la inteligencia artificial como motor de crecimiento

Satya Nadella llegó a la cima de Microsoft hace poco más de tres años, en febrero de 2014. Lo hizo con un halo de inquietud dentro y fuera del cuartel general. El tercer CEO del gigante de Redmond no había nacido en EE UU, sino en India, y ya no era ni fundador, como Bill Gates, ni amigo de la infancia como Paul Allen, el escudero inicial de Gates en los primeros tiempos. Tampoco un compañero de la universidad, como el enérgico y, en ocasiones demasiado visceral, Steve Ballmer. Nadella era el análisis y la escucha, pero también el señor de la nube. Los responsables de las divisiones de hardware se echaron a temblar. ¿Terminarían con los aparatos propios? ¿Cerrarían la lúdica división de Xbox, plataforma de videojuegos preferida en EE UU hasta la llegada de la cuarta PlayStation de Sony?

Ha pasado el tiempo y Nadella no ha matado nada, ni a nadie. Solo ha tomado el timón y realizado un viraje que deja atrás etiquetas, que da libertad y visión de futuro a los creadores del sistema operativo más usado del mundo.

Durante Build, la conferencia de Microsoft pensada para los desarrolladores, Nadella ha desplegado sus armas de futuro, para seguir conquistando espacios. Su llegada ha quitado complejos y terminado con dogmas. El evento sienta las líneas maestras de una empresa que tiene como prioridad la nube, la inteligencia artificial y, sobre todo, una palabra clave: la plataforma.

Satia Nadella

Que Nadella sea extranjero es también una ventaja. “Hagamos que más gente pueda entrar en la nube y crecer, hacer negocios. Tenemos que ser inclusivos. Uno no puede montar una tienda, no dar nada a cambio, hay que crear oportunidades locales”, proclamó, para a continuación atreverse con quien pocos lo hacen en el mundo tecnológico. Tuvo una clara referencia al presidente Trump: “A todos los dirigentes que solo les importa una cosa, que su país sea el primero, no les va bien, porque estamos conectados. Me da igual si en EE UU dicen America First y en Reino Unido, primero Gran Bretaña”. Una reflexión valiente en tiempos de freno a la globalización.

Windows 10 ya está en 500 millones de aparatos. Ningún sistema operativo para ordenador puede superar esa cifra. Cortana, su asistente virtual, ya tiene 140 millones de usuarios activos, pero ya no les interesa seguir vendiendo Windows. Sí su uso, por supuesto. Sucede que ya no necesitan el dinero de las licencias, porque lo cobran en otros servicios cuyo uso es más constante, y le dan un valor añadido. Azure, su nube, es el nuevo granero. Compiten con AWS, de Amazon –la tienda online que comenzó a vender el excedente de almacenamiento virtual y ha terminado por competir en todos los campos–, y el Cloud de Google. DocuSign, una empresa de certificación de documentos online, creada en gran parte con fondos del buscador, se ha pasado a Azure. Esa es solo una anécdota, el 90% de las compañías de Fortune 500 ya han firmado con ellos.

Microsoft es tan agnóstica, tan abierta a entrar en aparatos que hasta ahora rechazaba por puro corporativismo, por ver cómo los ingresos dependían de la vaca Windows, que ofrece Xamarin, la última idea de Miguel de Icaza, el hacker mexicano que entró en los servidores de la UNAM, para realizar aplicaciones de iOS, ¡sin necesidad de usar un Mac! ¿Hay un ejemplo mejor de apertura? Sí, lo hay: Apple Music y la tienda iTunes llegan a sus gadgets la semana que viene. Ya no hay tabú alguno por cooperar con la manzana cuando lo que importa es que el usuario tenga acceso a lo que quiera.

  • Cambio de estrategia

En Microsoft han asumido una misión, hacer que el puesto de trabajo sea agradable. Repiten una palabra como un credo, productividad. Por este término entienden hacer más con menos, pero también hacerlo mejor en menos tiempo. Quitar lo superfluo y generar simplicidad. El cambio de cara es notable, aunque no es lo único. La filosofía que subyace se centra en la experiencia de usuario. A Microsoft le interesan los grandes, sus clientes fijos, pero también los pequeños, más proclives a tener una amalgama de servicios de nuevo cuño. Si Slack se ha puesto de moda, ellos responden con Teams. La ventaja es clara: las empresas que ya tienen Office, que suelen ser grandes y establecidas, ¿pagarían por la versión profesional de Slack? Seguramente no. En Teams ya tienen integrado Skype, la mensajería de Yammer, así como el directorio de contactos y el calendario de Outlook.

Este halo cool, como les encanta decir a sus nuevos defensores, muchos conversos del universo de la manzana, se refleja en la última línea de productos Surface. Tabletas táctiles con un catálogo de programas que sirven para el diseño industrial, gráfico y producción de contenido sin sacrificar el peso.

Mientras que Google y Facebook proponen versiones relativamente lúdicas de la realidad virtual, o comienzan a explorar la aumentada, Microsoft lo llama realidad mixta, y lo que hace es proyectar sobre la realidad para poder hacer operaciones en quirófano con un asistente virtual o un experto en una llamada de Skype, con un tipo que avisa si el empleado en la fila de montaje se corre un riesgo absurdo y le enseña en el mismo casco cómo corregir la postura. Realidad virtual, sí, también, pero para reuniones virtuales, para crear, para funcionar mejor… En Build los ejemplos eran todos orientados a hacer mejor la tarea.

  • Y llegó la IA...

Tanto las gafas como los portátiles no son una fuente directa de ingresos para Microsoft, aunque sí son divisiones rentables. Su intención es crear dispositivos modelo para que otros fabricantes sigan la estela y extiendan el mercado, con otros precios, colores o modificaciones. Por eso las próximas gafas de realidad mixta las fabrican HP y Acer. Abrir el tablero, democratizar una tecnología, es lo que creen que sí será beneficioso.

Ante los temores que despierta la inteligencia artificial, Nadella fue al corazón del miedo colectivo, a la referencia obligada en tiempo de análisis de datos, a Orwell y su 1984: “Ese no es el futuro que queremos. Y vamos a demostrar que sabemos pensar en hacer el bien”.

¿Quién va a rechazar la inteligencia artificial cuando, como se demostró en el escenario, se podía crear una película con efectos especiales en minutos? ¿Quién lo va a rechazar cuando ofrecen traducción con Skype en tiempo real, integrado en Power Point? Suena a filigrana, a retórica del marketing... Una demostración dejó claro su valor. En tiempo real se reflejó el potencial. Un presentación hecha en español se traducía al chino en la pantalla del interlocutor y hasta podían hablar cada uno en su idioma sin demora, sin esperas, todo a través del móvil.

Satya venía sin pedigrí y ha quitado complejos, propios y de sus empleados. No hace ruido, solo mueve los hilos de un elefante que ya no aplasta flores y arrasa praderas: ahora aprende a escalar bosques cual ardilla.

Retina

18/11/2017
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