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'Retina papers'

Economista del futuro: 'pon la antena' y escucha

Narrativas que mueven economías, o cómo lo que dice la gente de la calle puede hacer que suba o baje el PIB.

“Uno no puede gastar todo su dinero en alcohol y mujeres y luego pedir ayuda". Este comentario del holandés Jeroen Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo para más señas, no es una simple salida de tono. Es una poderosa versión sobre la crisis que circula por el norte de Europa y que tiene importantes efectos políticos y económicos. Gastar es malo, ahorrar es bueno: una narrativa dominante en muchos países y entre muchos economistas.

Los españoles deberíamos conocer casi mejor que nadie el gran poder de las narrativas en nuestras decisiones de gasto y por lo tanto, en la economía. “El precio de la vivienda nunca cae”. ¿Puede haber alguien en España que no haya oído esa historia? Nuestro país alimentó su particular burbuja inmobiliaria a base de leyendas urbanas como esta. La gente compraba casas porque pensaba que realmente era imposible perder dinero. Esa idea se convirtió en un motor de compras (quizá igual de potente que la bajada de tipos de interés) sin que ningún modelo económico la detectara. Para los economistas las historias no cuentan a la hora de realizar un análisis. Un error que debería empezar a corregirse.

Robert Shiller, premio Nobel de Economía y uno de los padres de la economía del comportamiento, defiende la relevancia de las narrativas para explicar las idas y venidas del PIB. Así se lo hizo saber a todos sus colegas en la reunión anual de la American Economic Association.

Si quieren acertar más en un futuro, los economistas han de tener levantar la vista del papel y escuchar de lo que se habla en la sociedad".

O dicho de manera más informal: Queridos colegas, nos equivocamos cuando pensamos que somos la élite de los investigadores sociales solo porque nuestros modelos están llenos de sofisticadas fórmulas matemáticas. ¡Las cosas de las que habla la gente importan!

La argumentación de Shiller queda resumida en su “Narrative Economics”, un artículo/paper muy interesante y del que habría que empezar destacando un gráfico: el número de veces que la palabra “narrativa” sale mencionada en los artículos de investigación:

Las narrativas, como los virus, evolucionan, se pueden contagiar y generar cambios impredecibles en la economía. Deberían considerarse como un shock externo más, como el impacto de una subida del crudo.

Economía y finanzas no mencionan “narrativa” ni en el 5% de los artículos se que se publican, frente a más del 25% en el caso de historiadores o el 15% de los sociólogos, si tenemos en cuenta el periodo más reciente (2010-2016).

“Cuando como economistas queremos entender los principales acontecimientos económicos de nuestra historia, como la Gran Depresión de los años treinta, o las recesiones siguientes, o las políticas de la salud y la pobreza, raramente nos fijamos en la importancia de las narrativas que las acompañaron. Nos hemos quedado atrás respecto a otras disciplinas en ocuparnos de la importancia de las narrativas”.

Un ejemplo más de andar por casa: si Google detecta múltiples búsquedas de “síntomas de la gripe” en una misma ciudad, es posible que pueda detectar con antelación una epidemia. Esa información es valiosa para un departamento de salud ¿no? Las narrativas, como los virus, evolucionan, se pueden contagiar y generar cambios impredecibles en la economía. Deberían considerarse como un shock externo más, como el impacto de una subida del crudo.

Del homo sapiens al homo narrativus

Hay quien sostiene que lo que realmente nos diferencia del resto de animales son nuestras historias y que por lo tanto deberíamos llamar a nuestra especie Homo Narrativus. Es más, el ser humano reacciona claramente ante las narrativas, tal y como queda reflejado en estudios de marketing, periodismo, educación o filantropía. Nuestras experiencias y vivencias determinan parte de las narrativas. Por ejemplo, si la casa de nuestro vecino se quema, tenderemos a pensar que las probabilidades de que nos pase lo mismo son mayores que antes. Es lo que los psicólogos Kahneman y Tversky denominaron como “el heurístico de la representatividad”. Shiller lo encontró entrevistando a personas con alto nivel de renta. Los encuestados dieron mayor probabilidad a un crash en los mercados si se había registrado un terremoto cerca de su casa en el último mes. Nadie dijo que la economía estuviera a salvo de la irracionalidad…

Shiller explica en su artículo desde un punto de vista más histórico de qué hablaban las personas que vivieron episodios relevantes como la contracción de principios de 1920, la Gran Depresión, la reciente burbuja inmobiliaria y la Gran Recesión, ¿qué historias les preocupaban? ¿De qué tenían miedo? ¿Había alguna experiencia reciente (como el incendio o el terremoto) que marcara sus decisiones de consumo e inversión? 

¿Qué ocurre cuando las narrativas no son ciertas?

Retomemos la narrativa del presidente del Eurogrupo. “Los países del sur de Europa son un poco vagos” ¿es equivocada? Depende de a quién le preguntes. “Los inmigrantes solo traen crimen”, otra narrativa poderosa.

La servilleta de Laffer

La servilleta de Laffer

La teoría de que bajar impuestos aumenta la recaudación (conocida como curva de Laffer) sirve a Shiller de ejemplo para explicar la epidemia de una narrativa. Esta historia acaparó la atención pública a partir del 1978 y alcanzó su nivel máximo de popularidad a principios de los ochenta. “La curva de Laffer le debe gran parte de su contagio al hecho de que se veía como una justificación a las bajadas de impuestos que estaba haciendo la administración Reagan a las personas ricas”.

La teoría sin embargo llevaba circulando desde 1974. ¿Por qué no consiguió entonces el ya reputado Laffer que se hiciera viral? Es posible que tuviera algo que ver un periodista, Jude Wanniski, editor del Wall Street Journal y una buena historia (¡el triunfo de la narrativa!). En 1978 escribió la jugosa anécdota de que Laffer había explicado su teoría a Dick Cheney y Donald Rumsfled valiéndose de una servilla del restaurante en el que cenaban. El relato parece que caló entre el público y la curva de Laffer se lanzó al estrellato a partir de ese momento. Shiller lo tiene claro:

“La genialidad de Laffer estaba en la narrativa, no en la recopilación de datos. La ilustración de la curva de Laffer parece sugerir que una reducción de impuestos produciría un enorme incremento de ingresos públicos. Para la mayoría de las personas poco familiarizadas con la economía, esta explicación de ineficiencia económica era un concepto sorprendente, lo suficientemente contagiosa para convertirse en viral”.

La teoría de la servilleta, (la original se puede ver en el The National Museum of American History), predominó durante unos años, aunque para muchos no fuera correcta.

El autor admite que en el siglo XXI, con toda la tecnología de la información y las redes sociales, parece mucho más sencilla y rápida la diseminación de historias parcialmente ciertas o directamente falsas. No parece casualidad, recuerda, que “post-truth” (postverdad) fuera elegida como la palabra internacional del año por el Diccionario Oxford.

“Es una posibilidad que deberíamos intentar comprender mejor. Aunque sea imposible adivinar con antelación qué narrativas se harán virales e influyentes, sería muy apropiado añadir análisis a los temas de los que habla la gente para buscar el origen de fluctuaciones económicas”.

Llegados a este momento es probable que cuando alguien nos hable de algo viral no sean precisamente servilletas, ni teorías económicas las que nos vengan a la cabeza, sino la mujer en el coche con la careta de Chewaka. (A mí me pasa). Pero quizá también pensemos en Donald Trump y su victoria en Estados Unidos. Su llegada a la Casa Blanca es en parte el resultado del papel de las narrativas, tal y como argumenta Shiller:

Narrative economics, por Robert J. Shiller

“El presidente electo es un maestro de las narrativas. La historia no parece sugerir que incluso los políticos tan habilidosos como Trump puedan controlar realmente la evolución de las narrativas que han creado. La forma en la que estas narrativas se desarrollen jugará un papel muy determinante en cualquier previsión económica”.

La gran cuestión es: ¿cómo afectarán los giros de las narrativas de Trump a la propensión a gastar de los hogares, a las ideas de iniciar nuevos negocios de los emprendedores o a los planes de las compañías a contratar más personal?

La respuesta no será fácil de descifrar y los economistas deberán pedir ayuda a la psicología, la neurociencia y la inteligencia artificial, según Shiller.

“A medida que avances los métodos de investigación y se acumule más datos en las redes sociales, el análisis textual se convertirá en un campo emergente de la economía en los próximos años. Este análisis nos ayudará a entender mejor el tipo de manipulaciones deliberadas y los engaños a los que hemos sido sometidos y a formular unas políticas económicas positivas que tengan en cuenta el origen de las narrativas”.

No me puedo resistir… ¿y esa narrativa que dice que la economía es aburrida?

Retina

25/06/2017
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