Brasil aprende a través de una pantalla
TRIBUNA

Brasil aprende a través de una pantalla

Aprender inglés desde el móvil en el autobús de camino a casa, o estadística mientras se espera en la cola de un banco. Brasil se suma a la revolución digital de la enseñanza a distancia (EAD). En los últimos cinco años, el número de matrículas en EAD ha crecido un 70%, pasando de 2,2 millones de alumnos en 2005 a más de 3,8 millones en 2015, según la Asociación Brasileña de Enseñanza la Distancia (ABED). Este crecimiento exponencial ha generado un nuevo mercado que están aprovechando las startups nacionales.

“El e-learning permite al alumno estudiar como él crea mejor. Y eso no hace el aprendizaje peor, al contrario. El alumno de enseñanza a distancia hasta obtiene mejores resultados en el Examen Nacional de Desempeño de los Estudiantes (ENADE). Creo que eso ocurre porque puede ver el mismo contenido varias veces, estudiar en los horarios en los que está realmente libre y más concentrado”. Quien defiende tan convencido el elearning es Marcelo Mejlachowicz, uno de los socios fundadores de la startup de éxito Veduca. En cuatro años ha conseguido armar una oferta educativa de 300 cursos en 20 instituciones de enseñanza —incluyendo universidades de prestigio como la USP o la Unicamp— con más de 800.000 alumnos matriculados, la mitad por debajo de los 24 años.

La clave del éxito de Veduca son los Cursos Abiertos en Línea (Massive Open Online Courses, MOOCs). Se trata de una tendencia que nació gracias a universidades punteras como el Harvard y el MIT que comenzaron a grabar clases de sus profesores para ofrecerlas como videoaulas gratuitas. Este es el tipo de modelo educativo que ofrece esta empresa. “Las herramientas en línea son más interactivas, tienen infografías, podcasts, chats de discusión para resolver dudas con otros usuarios. El aprendizaje es más dinámico, igual que la nueva generación de alumnos”, justifica Mejlachowicz.

Brasil es además un país aquejado de problemas educativos que fomentan la vía alternativa del elearning. Menos del 20% de alumnos con bachiller llegan a la universidad, el acceso a las aulas en las zonas alejadas de los centros urbanos es difícil y la poca flexibilidad de horarios laborales impide afrontar cursos de especialización.

Startups como Eduk aprovechan este último déficit. Mayoritariamente, ofrece cursos online de formación laboral a un precio mínimo de cinco euros. Son su oferta más exitosa. La razón, la apunta Eduardo Lima, uno de sus fundadores: “En épocas de crisis e incertidumbre, ofrecemos un plan be”. La empresa produce sus propios vídeos (unas 300 horas al mes) en estudios propios en São Paulo. En total, Eduk cuenta con 300 profesores y, para cada uno de los 500 cursos, un tutor —que media entre el profesor y el alumno— y dos o tres exalumnos invitados que ayudan a los estudiantes con dudas.

Hasta las universidades más tradicionales del país están atentas a las demandas de los alumnos brasileños por cursos libres y especializados. La Unesp, universidad pública entre las más prestigiosas de Brasil que ofrece cursos presenciales de grado y posgrado desde 1976, ha empezado a aventurarse en la enseñanza a distancia. Desde 2009, publica en su web cursos abiertos en el formato MOOCs, como forma de democratizar el conocimiento para cualquiera que no pueda ir a la universidad. Hoy cuenta con más de 700 cursos grabados en vídeo y desarrollados por sus profesores, a los que han asistido más de 150.000 usuarios.

“Si las tecnologías se usan bien, un curso virtual puede ser mejor que uno presencial. La escuela necesita adaptarse al nuevo perfil de alumno que demanda conocimiento en diferentes fuentes y ve el mundo de una forma más dinámica. La educación del futuro no existirá sin la tecnología”, dice Klaus Schlünzen Junior, coordinador do Núcleo de Ensino a Distancia de la Unesp. “Cualquier joven hoy tiene un móvil con acceso internet. Y esto hace de los MOOCs una herramienta más democrática de acceso a la educación de calidad”, apostilla.

Cambiar el acceso a la universidad

La idea de que ya no es el alumno el que debe adaptarse al método de enseñanza, pero sí al contrario, la defiende también Claudio Sassaki. Este emprendedor es cofundador de Geekie, una plataforma de aprendizaje para estudiantes que quieren entrar en las universidades públicas de Brasil, la mayoría de las cuales utiliza un examen único, el Enem.

Nacida en 2012, Geekie ofrece una herramienta que permite personalizar el estudio. “El contenido evoluciona con el alumno y se adapta a su necesidad de aprender a medida que absorbe nuevos conocimientos”, explica Sassaki. Más de cinco millones de alumnos están dados de alta en la web. Cualquiera puede seguir una versión gratuita de los módulos en línea.

La fuente de ingresos de la startup es una versión de pago, vendida a más de 5.000 escuelas brasileñas, de las cuales 4.000 son públicas. Además, Geekie suministra contenido para universidades particulares. En ese caso, los cursos se dirigen a estudiantes que no hicieron un buen bachillerato y necesitan apoyo. Este es un problema bastante común en Brasil, ya que la mayor parte de la población no puede costearse educación privada.

Uno de los factores que más ayudan a entender la evolución tan acelerada del EAD en el país es el desarrollo social de Brasil los últimos años. “La incorporación de cerca de 40 millones de personas a la clase media impulsó la demanda por diversos servicios, entre ellos la educación superior”, explica Stavros Xanthopoylos, director de la Asociación Brasileña de Enseñanza la Distancia (ABED). Entre 2010 y 2014, las matrículas en cursos superiores a distancia aumentaron 44,3%. Los cursos a distancia suponen actualmente el 17% de las matrículas de grado y posgrado del país, 1,3 millones de alumnos según datos del ministerio de educación brasileño. “El e-learning es generalmente una alternativa más barata y puede ser más ventajoso principalmente para una parte de la población joven que necesita trabajar además de estudiar”, analiza Xanthopoylos.

El Gobierno reconoce la importancia del desarrollo de la enseñanza a distancia en Brasil, que tiene como una de las metas del Plan Nacional de Educación elevar la tasa de matrícula en la educación superior al 50% (hoy es menos del 20%). “No es posible tener una tasa de alumnos compatible con nuestros compañeros de Latinoamérica sin el EAD”, afirmó el director de Política Reguladora del Ministerio de la Educación, João Paulo Bachur, en la Comisión de Educación de la Cámara de los Diputados el pasado mes de noviembre. La reunión tuvo lugar precisamente para discutir un nuevo marco regulador para la enseñanza a distancia, ya que la primera legislación del sector data de 2005. El nuevo texto aún está en discusión en el Congreso y no hay fecha para implantarlo.

Renata Duran, profesora de la Universidad Estatal de Londinense e investigadora de enseñanza a distancia en Brasil en el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq), defiende mayor colaboración entre instituciones de EAD para que el sector crezca aún más. “La mayor parte de las instituciones de enseñanza produce su propio material, subcontratando una pequeña parte del proceso. El desafío ahora es pensar modelos de estudio que escapen de plataformas restrictivas, fruto de una legislación y de un mercado editorial poco acostumbrados a la colaboración”.