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El ‘big data’ revoluciona la agricultura

Drones, satélites, wearables y evalucación entran en escena.

La siguiente revolución para la agricultura no sucede en el mundo físico, sino en el universo digital del big data, la ingente cantidad de información que manejan, interpretan y visualizan los sistemas informáticos del presente. La interrelación con drones y satélites para realizar mapas que deduzcan con exactitud el rendimiento agrario de un terreno, las wearables para monitorizar el ganado a distancia y la evaluación de esta información en tiempo real son algunos de los ejemplos de cómo este sector afronta su transformación digital.

Iberoamerica está en el centro de esta revolución. En el último informe de la OCDE de este sector (Agricultural Outlook 2014), se señalaba a Brasil como la segunda potencia a nivel mundial como suministrador de comida y productos agrarios y a Chile y México como dos de las naciones desarrolladas que mayor ratio de crecimiento tendrán en este sector durante la próxima década (2015-2024). Para aprovechar este panorama, los corazones tecnológicos a un lado y al otro del Atlántico están apostando por crear empresas y programas gubernamentales que mejoren la gestión agraria con todas las tendencias tecnológicas del big data.

  • México, a la vanguardia en soluciones geoespaciales

Hace relativamente poco que la llamada “agricultura de precisión”, es decir, el empleo de tecnología avanzada para monitorear cultivos y obtener mejores rendimientos, aterrizó en México. Sin embargo, los avances en este campo son significativos. Desde 2012, el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), organismo de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), incrementó el uso de drones, sistemas satelitales (satélite SPOT 6) y GPS para apoyar las labores del campo.

En el marco de la conferencia Soluciones Geoespaciales para el Sector Agroalimentario celebrada el pasado 5 de agosto en la ciudad de Aguascalientes, Patricia Ornelas Ruiz, directora en jefe del SIAP, destacó que con la tecnología disponible es posible realizar un análisis más preciso del sector agropecuario y pesquero. “No hay parcela, corral, camino o presa que no podamos monitorear, somos el Big Brother del sector agroalimentario”, dijo. En respuesta a EL PAÍS RETINA, Ornelas añadió: “Aunque no existe un ranking mundial o iberoamericano, nos encontramos entre los primeros diez países con mayor desarrollo y aplicación de tecnología geoespacial”, destaca la directora del SIAP.

Empresas mexicanas como Quetzal Aeroespacial contribuyen a que esto sea posible. Esta firma queretana fundada en 2010 y especializada en la fabricación de drones está a punto de lanzar, tras varios años de investigación, nuevos servicios para optimizar los cultivos mexicanos. “Los próximos modelos estarán dotados de cámaras multiespectrales capaces de captar a través de fotografías la radiación que emiten las plantas y determinar si existen plagas o si el riego y los niveles de fertilizantes son los adecuados con el fin de llevar a cabo acciones correctivas o preventivas”, explica el ingeniero aeronáutico Jorge Alberto Ortega Sánchez, fundador y director general de la empresa. “Un agricultor pierde de media entre un 30% y un 40% de su cultivo por enfermedades en la plantación, inundaciones u otras eventualidades climáticas como sequías. Con esta tecnología se pueden reducir las pérdidas a menos del 15%”, afirma Ortega.

México ocupa el tercer lugar en producción de alimentos de Latinoamérica y el duodécimo en el mundo y su meta es alcanzar una producción de 280 millones de toneladas de alimentos este año, según la SAGARPA. Mediante estas nuevas técnicas esperan optimizar los recursos y aumentar la productividad por hectárea para alcanzar su objetivo.

  • Big data para un queso más sabroso

Son un rebaño de 400 ovejas que pacen en Fundão, una ciudad a unos 300 kilómetros al este de Lisboa. Al cuello, el ganado lanar ciñe un collar de 125 gramos con un GPS, una tarjeta SIM y células solares para evitar la dependencia de pilas o baterías. El objetivo de esta wearable ovina, conseguir un mejor queso. Es el ejemplo de innovación agraria que encarna Sensefinity, una startup que ha arrancado esta experiencia piloto combinando el Internet de las cosas (IoT) con la mejora de un producto agrícola.

La clave se encuentra en la vigilancia constante del comportamiento del rebaño que permite este dispositivo. Tanto de cómo se alimentan, como si sus patrones de movimiento son extraños e indican enfermedad e incluso evitar su robo o salida de una zona geográfica determinada. Esta experiencia piloto fue orquestada por la startup con la Quesería da Quinta da Ribeira de Alpreade, una empresa de carácter familiar que lleva tres generaciones produciendo queso y carne de ganado ovino. La elección no fue casual: “Nuestro objetivo es reducir los costes y dificultades del IoT en las pymes”, explica Orlando Remedios, CEO de Sensefinity. “Ofreceremos a los negocios familiares una solución integral de hardware, software y comunicaciones para mejorar la rentabilidad y previsión de su negocio”.

La próxima meta de esta startup, fundada en 2013 con un capital inicial de 150.000 euros, es su expansión a España y el uso de esta wearable en otro tipo de ganados, como el vacuno. E incluso su salto a otros sectores agrarios, como la producción vinícola. Sensefinity aspira a ofrecer una solución de sensores que permitan una lectura óptica y continúa de la maduración y composición química del vino en las barricas.

  • Sobrevolar los baches legislativos

Que los drones ofrecen un nuevo paradigma para la recogida de datos en explotaciones agrarias es evidente. Pero lo efectivos que sean in situ ya no depende de la tecnología, sino de la legislación. Catuav es una empresa catalana y centro tecnológico dedicada por entero a los drones. Acumulan 15 años de experiencia trabajando en el sector privado y colaborando con instutuciones como la Agencia Espacial Europea en campañas para la eliminación de minas en Bosnia. Jordi Salvador (Sabadell, 1987), ingeniero de desarrollo de Catuav, afirma que con la actual legislación española, aprobada durante el 4 de julio de 2014 en su primera versión en un real decreto ley, es insuficiente: “Tenemos ya soluciones que pueden operar en un radio de 5 kilómetros o más. Sin embargo, la ley solo permite vuelos en un radio de 500 metros alrededor del operador. Esto limita y encarece mucho la aplicación de los drones, porque tecnológicamente podríamos cubrir muchas más hectáreas de las que el marco legal permite. Además, la captura de las imágenes sería mucho mejor, porque mantendríamos las condiciones de luz y atmósfera”.

Salvador no es optimista a corto plazo para que se abra la mano desde las instituciones: “Hay un marco europeo en marcha que debería de estar listo antes de 2017. Pero será muy parecido a este. Hay mucho recelo hacia esta tecnología por temor a que se vaya de las manos.  A partir de que vaya demostrando sus posibilidades debería ampliarse el marco legal o muchas aplicaciones quedarán obsoletas”. Salvador pone un ejemplo claro: “Si quiero seguir un incendio, y tengo que estar físicamente a 500 metros de las llamas, pues tenemos un problema [ríe]”.

Sin embargo, la agenda política de países como México es consciente de estas posibilidades: “Las principales ventajas de los drones son: la oportunidad de contar con imágenes en alta definición de lugares específicos en un corto período de tiempo, aun cuando la nubosidad prevalece sobre el territorio y no permite su visualización mediante los satélites, así como la posibilidad de realizar los vuelos desde prácticamente cualquier lugar del país”, puntualiza Patricia Ornelas, directora del SIAP.